La balada del soldado

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Por Luis Morales Blanco | 20 octubre, 2015 |
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FOTO / Rafael Martínez Arias
FOTO / Rafael Martínez Arias

La balada del soldado, del realizador soviético Grigory Chujrái,  es una historia de amor, con la guerra de fondo,  relata los avatares de un militar que corre a casa por un permiso de varias horas pero debe anteponer las necesidades de los demás a las suyas propias en repetidos gestos de altruismo.

Como en aquella, aunque  más sencilla,    es la de este humilde soldado que sueña, vive y se esfuerza  en las cumbres y valles  de la Sierra Maestra;  además es capaz de brindar su mano solidaria a quien lo precise, ahí se entroncan ambos argumentos.

Como el resto de sus camaradas de la granja integral Arroyón, del Ejército Juvenil del Trabajo  en Buey Arriba, Dariel Gerardo Benítez tiene muchas motivaciones, la primera es terminar su Servicio Militar general con el mayor aporte posible a la institución y a la economía local y de Granma.

También, ser muy productivo porque además de ser distinguido por sus méritos, ello le permite ganar más dinero para ayudar a su familia, muy cerca del llano granmense.

Con esa alegría natural que distingue a las almas sanas, contenidas en  cuerpos sanos, este muchacho, oriundo de las orillas de la presa Pedregales  no distingue este el trabajo como obrero agrícola que implican chapear, desherbar, recoger café, plantarlo y después cuidarlo, de su obligación principal como responsable de la nave avícola: “Hace poco vendimos casi todas las gallinas, también patos y otras aves,” dice orgulloso de estas producciones que fueron directamente a  mercados de Bayamo, especialmente al de El Chapuzón.

Formado como técnico veterinario  en el Instituto Politécnico Agrícola Carmelo Noa Gil, ubicado en la Comunidad William Soler, cercana a Peralejo (donde el patriota Antonio Maceo   derrotó a las huestes españolas en el siglo XIX) este joven considera una bendición que lo aprendido  en las aulas le sirva tan bien allá en esa zona tan intrincada de Buey Arriba y lo prepare mejor en esa  fusión de la teoría y la práctica que le servirá mucho en su vida futura cuando transcurran “esos siete meses que me faltan para cumplir mi compromiso con la Patria”, como afirma jovialmente.

Cooperativo, como  suele ser el comportamiento campesino,  fue el mejor guía para indicarnos el camino más corto (a pie) a la despulpadora ecológica adonde se había dirigido la otra parte del equipo de La Demajagua para completar una serie de compromisos de trabajo; también auxilió a nuestro fotorreportero Rafael  en la ardua tarea de encontrar entre la maleza unos espejuelos perdidos, en el trayecto de ida.

“De aquí saldré como un técnico mejor preparado y podré integrarme a mi especialidad con la integralidad que solo  da el haber compartido con mis compañeros y oficiales, la dura tarea del trabajador de la montaña y de haber recibido la preparación política tan necesaria es estos días.”

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