La casa de Celia

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Por Diana Iglesias Aguilar | 9 mayo, 2020 |
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Museo Casa natal de Celia FOTO/ Rafael Martínez Arias

El inmueble es el mismo desde hace más de un siglo. Elegante, de discreta belleza, se erige guardián de recuerdos y anécdotas, de dichas y suspiros, cual fragua candente, allí se moldeó buena parte del carácter de Celia.
A cien años del nacimiento de ” La fibra más íntima y querida de la Revolución”, como la llamara Armando Hart, es preciso recorrer los pasillos y habitaciones de aquel chalet verde que en la actualidad lleva el número 111 en la Avenida Raúl Podio, en Media Luna, cabecera municipal del costero y oriental municipio de Granma.

Todavía se siente allí la algarabía de los muchachos, que juegan en el patio pródigo en árboles frutales bañados por el cauce del río Vicana, travieso accidente fluvial que de vez en vez crece con las lluvias y cruza sin invitación el perímetro doméstico de los Sánchez Silveira.

Nueve son en total los gritos de neonatos hijos del Doctor Manuel Sánchez y Acacia Manduley, llegados al mundo por la mano de su padre desde abril de 1914 con Silvia, la primogénita hasta Acacia la benjamina en noviembre de 1926. Secuencia en la que Celia, es la quinta entre siete niñas y dos varones.

La casa quizá también guarda el dolor de la muerte súbita de la segunda hija con 14 meses de nacida, cuando apenas restan tres  días para que nazca la tercera, a  quién nombrarán como a su hermana difunta.

Allí fue amada junto a sus hermanos, cultivó la semilla de la familia unida y cariñosa que luego haría con el pueblo y la gente humilde, porque ningún dolor humano le fue ajeno.

Aunque vivió en otras casas, en Pilón, Manzanillo y La Habana, la de Media Luna, donde aprendió a curar con sonrisas, a mirar con mansedumbre y caminar por la senda Martiana y justiciera de su padre, guarda un halo misterioso de la presencia de Celia.

La casa es museo municipal desde 1983, y en 1990 abre sus puertas como Museo Memorial y es declarada Monumento Nacional, conteniendo una de las colecciones más completas de la isla, en la que se registran más de dos centenares de artículos variados entre muebles, fotos, pertenencias, obras de arte, armas,  documentos, lo que constituye sin dudas un patrimonio de primerísimo valor.

Un museo es un ente vivo que dialoga, conserva, promueve y difunde ideas, legado, valores, historia. Allí está parte de la esencia de esa mujer que es fuerza y ternura, sonrisa y lágrima, empuje y esperanza.

La encuentran los niños y jóvenes, en la profundidad de las investigaciones sobre Celia que el colectivo desarrolla y devuelve en información, en cultura a la sociedad, en las múltiples actividades artísticas que se desarrollan, en el intercambio con los miles de visitantes que acuden para saber de Celia.

Allí la encontrarán juguetona, curiosa, gentil y dispuesta a partir en dos lo que tiene para darse, a multiplicarse en muchas mujeres e historias, justo como cuenta su casa, la que la viera nacer hace un siglo atrás en el batey del central Isabel.

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