La cerca de Juventino

Share Button
Por Luis Carlos Frómeta Agüero | 17 mayo, 2020 |
0
Caricatura de Puchichi

Uno de los relevantes e influyentes personajes que engrosó la cuentística popular y la picaresca criolla en Río Nuevo, pequeña comunidad niquereña, en Granma, fue Juventino Arista, un hombre extremadamente ocurrente.

No existe allí tertulia que olvide a este “Juan Candela”. Su nombre cabalga sobre un realismo de historias maravillosas, de fantasmas aparecidos y de caballos que hablan con la fuerza que solo él supo imprimirle.

Y es que el enorme caudal de travesuras le desbordaba siempre a “Juven” el protagonismo insospechado de aquellos cuentos callejeros, que llegan hoy con la misma gracia y frescura de entonces.

En una ocasión Juventino se encontraba cercando su casa con la ayuda de un vecino muy ligado a él. La noche había avanzado y era casi imposible continuar clavando estacas, por lo que el buen amigo le propuso proseguir la labor sobre las seis de la mañana del siguiente día. El anfitrión aceptó.

Se levantó antes de que el sol apareciera entre los tejados, desayunó como pudo y reanudó el trabajo.

Pasaron varias horas de intensa labor: martillando por aquí, clavando estacas por allá… mientras el sudor le recorría el torso dibujando finos riachuelos que desprendían un singular destello, y la prometida ayuda no asomaba la cabeza por lado alguno.

Cuando las fuerzas escapaban del cuerpo, para dar paso al cansancio, apareció otro vecino, quien se le acercó para darle una mala noticia.

-Oye, Juventino, no esperes la ayuda, vengo a decirte que tu “yunta” acaba de morir.

Juventino echó hacia atrás el viejo sombrero de yarey, se recostó a la cerca, frunció el ceño, clavó fuertemente una estaca de madera en la tierra y acercándose al inesperado visitante le dijo:

-No, no, no… fíjate lo que te voy a decir: el compromiso es el compromiso y hay que cumplirlo. A mí no se me hace esa mierda. ¿Cómo se va a morir si anoche quedó conmigo de venir hoy bien temprano para juntos terminar el trabajo?

Ahí mismo paralizó la cerca, encajó el machete en la tierra y miró al cielo para ver si entre las nubes encontraba al informal amigo.

 

 

 

 

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *