De la Cuba de ayer qué cuento pueden hacernos

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Por Luis Morales Blanco | 26 octubre, 2020 |
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Bayamo antes de 1959

La tendencia  a magnificar el pasado  y desdorar el presente cubano no es nueva, pues arranca desde los años iniciales del triunfo de la Revolución.

De ese modo, y desde entonces, papagayos al servicio de sucesivos gobiernos norteamericanos y gente de toda laya  pretendieron  borrar de golpe y porrazo los crímenes políticos perpetrados por   distintos gobiernos de la llamada república, nacida bajo el  yugo de la  Enmienda Platt y que alcanzó su clímax  macabro con la dictadura de Fulgencio Batista. ¡Qué a nadie le quepa duda!

Entonces los ataques  se circunscribían a publicaciones periódicas o audiovisuales cuyo alcance era limitado, pero la modernidad hizo cambiar esos modelos y con la llegada de internet y después, con las redes sociales, la información devino caótica.

Sí porque esa mirada añorante e idílica  a La Habana y   Cuba toda, de las décadas de los años 40 y 50 esconde muchas falsedades, si el internauta busca imágenes de  esa época en cualquier publicación  digital verá autos  retros (clásicos) entonces nuevos, relucientes;  mucha magnificencia, pero jamás verá repartos como el marginal  Las Yaguas llenos de indigencia, ni la prostitución galopante, pobreza y enfermedades que pululaban en la Mayor de Las Antillas.

Para reflejar la Cuba de hoy exponen fotos de lo más feo que puedan encontrar, desdeñando todos los logros sociales y arquitectónicos de que gozan nuestras urbes, lo peor de todo es que muchísima gente les cree.

Quienes  mueven las redes en la actualidad, a veces llenos de ignorancia y, otras con maldad,  hablan de los beneficios de esa época capitalista y confunden a los incautos que desde fuera repiten hasta el cansancio argumentos como que  Cuba era la cara más próspera de América Latina, “que había de todo” en contraposición a las carencias  de hoy de las cuales culpan a nuestros gobernantes y minimizan el bloqueo que sí existe, de eso que tampoco quepa duda a nadie.

Recordemos los más viejos y sepamos los jóvenes que ese “haber de todo” dejaba fuera a la mayoría de los cubanos;  no es teque y debe conocerse que algunas  familias, consideradas solventes,  movían vajillas enteras a las horas de las comidas para ilustrar  a sus vecinos los “banquetes” por  engullir.

Cuatro gatos hablan hoy  de supuestas violaciones a los derechos humanos pero cuando comparan nunca dirán de desaparecidos por esbirros de Machado o Batista por citar dos  de los más sangrientos ejemplos.

Que los interesados investiguen sobre las matanzas masivas, digamos en la zona oriental  durante las Pascuas sangrientas protagonizadas por  el coronel Fermin Cowley, el chacal de   Holguín, que profundicen en la fecha del 21 de octubre de 1957  cuando fueron ultimados Vicente Quesada O´Connor, Mario Alarcón Martínez, Rubén Nogueras Castillo, Pedro Batista Fonseca, Mardonio Hechavarría Remón, Luis Felipe Lotty Osorio, Adalberto Tamayo Maceo y Gilberto López Bosch.

Recuerdo a Caridad “Guiso” madre de  Mario, una anciana que  mirábamos pasar con admiración y dolor y quien jamás volvió a sonreír, esa era también la Cuba de ayer.

Soy bayamés desde 1950 y ciertamente en lo que hoy ocupa el centro histórico urbano y los aledaños  había buenas tiendas,  traían la leche y el pan a la casa, pero desde Martí hacia la carretera central había casas y casuchas, bares de mala muerte las calles transversales a General García,  como Manuel del Socorro, le hacía honor a la laguna en que se encuentran: eran fangales en primavera.

La electricidad era privativa de los  barrios  del centro histórico y sus alrededores y si de algún lugar les tiraban un cable los bombillos eran cocuyitos, la luz eléctrica no era funcional, la higiene ausente.

La dictadura de Fulgencio Batista de 1952 a 1958 precipitó el advenimiento de la Revolución Cubana. Algunos mitos, cuidadosamente alimentados por los partidarios del antiguo régimen exilados en Miami y por los detractores de Fidel, Raúl, Díaz Canel  y otros  dirigentes, persisten aún.

Si las ideas que nos atacan son de “mal pensamiento” ganémosles la guerra con excelentes ejemplos de buen pensamiento y acción que tenemos a la mano, inspirados en Martí.

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