La danza como eje de vida

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Por Diana Iglesias Aguilar | 23 abril, 2018 |
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FOTO Diana Iglesias Aguilar

Los escenarios le son particularmente cómplices. El asunto de bailar es más que un trabajo, para nada obligación, es un don, algo heredado desde los cromosomas y luego alimentado con el ejemplo paterno.

Para quien en 2018 cumple 35 años de vida artística como bailarín y luego coreógrafo, director de agrupación danzaria, la vida, de repetirse, volvería al mismo eje de la danza, retornaría sobre los mismos pasos del sacrificio hecho con gusto por el arte todo.

Félix Inocencio Carballo Elizalde es un hombre para la danza, fundador y director de Grandanza, agrupación que lleva casi dos décadas en el panorama artístico de la provincia y de Cuba.

Promotor cultural, estudió Licenciatura en Arte en la Universidad Pedagógica Blas Roca de Manzanillo y ha recibido  numerosos talleres y cursos de postgrado como coreógrafo.

Desde la niñez la pasión por el baile se instaló en su cuerpo y su mente. Sus primeras profesoras fueron Maritza Alcolea y Marianela Martínez en la casa de cultura de Bayamo. Festivales pioneriles de varios niveles vieron brillar al niño y luego al adolescente hasta que un buen día en el complejo deportivo Vicente Quesada fue captado como atleta por sus excelentes condiciones físicas.

Sí, las artes escénicas en Granma estuvieron en peligro de carecer de un joven con empuje e iniciativas para fundar un conjunto danzario. Durante varios años Félix practicó el deporte de la lucha en la Escuela de Iniciación deportiva Senén Medina ubicada en el Caney de las Mercedes.

Un buen día, pues no había dejado de bailar los ritmos cubanos con gracia y agilidad, llegó el circo  a las montañas orientales. Furtivo disfrutó del espectáculo la primera noche y fue fichado por los artistas como bailarín, incorporándose luego a la escena.

Ahí comenzó el tira y hala entre los entrenadores y los artistas circenses, cada uno lo atraía con argumentos más o menos convincentes del promisorio futuro que tendría, de escoger por su lado, pero la soga reventó por la pasión.

Graduado como profesor de Educación física y desempeñando esta función en el municipio de Río Cauto, en el curso 1985-1985 se incorpora al conjunto Aniversario 25 del Ministerio del Interior, con el que llega a obtener premio a nivel nacional y se presenta en grandes teatros por toda Cuba.

Pero la cultura, que no tiene momeno fijo lo ataca por otro flanco inexplorado y un curso de chef lo lleva de prácticas a Varadero. Cupido, de guardia en cualquier rincón de la isla, lo flecha en la península de Hicacos, y de allá viene enamorado de una joven instructora de arte de la escuela del Yarey con la que hará realidad sus próximos sueños.

Tamara Fonseca, compañera en la vida y en la profesión, profesora de técnica danzaria de la compañía Grandanza y madre de sus hijos, es alguien especial en la vida de Félix Carballo, pues según dice le secunda en cada locura por el arte.

La pasión por dibujar en los cuerpos los sentimientos y las ideas, historias literarias o sencillamente de la vida cotidiana, dejar mensajes en las mentes de otros, lo llevan como coreógrafo al Conjunto Integral de Montaña (CAM)  de Granma, otra de sus grandes amores: la coreografía.

Tres años en el CAM le dan la suficiente energía para fundar y organiza entonces su propia compaía que inicialmente se llamó Félix Carballo, hasta que el propio público y los bailarines le fueron cambiando el nombre por el acrónimo que hoy los identifica.

Grandanza, con una actividad cultural intensa, casi siempre fuera de provincia, acumula merecidos reconocimientos a su quehacer. En la actualidad ocho bailarines y un nutrido grupo de apoyo han logrado importantes espacios dentro de las artes escénicas. Uno de ellos la celebración de cada 29 de abril  Día Internacional de la Danza, y un evento artístico propio.

Tiempo de tres en un espacio es una suerte de encuentro con bailarines, maestros del artes escénico,  directores de agrupaciones, teóricos, que va para su cuarta edición siempre del 20 al 24 de julio de cada año. Como organizador se propone intercambiar experiencias, saberes, mostrar o que se hace, traer a grandes maestros como Silvina Fabart, Antonio Pérez y Antonio Chávez, quienes ya han compartido con los asistentes al encuentro.

Mirar la pasión con que se baila y después la técnica es para Félix vital. El bailarín es energía en la escena, transmisor de sentimientos, de ideas. Y su mayor alegría consiste en poder traducir con imaginación esas ideas a los cuerpos en movimiento.

Evaluada como compañía de primer nivel desde 2015, Grandanza es invitada a importantes festivales internacionales dentro de la isla: ¨Ciudad en movimiento¨ de La Habana Vieja que organiza la maestra Isabel Bustos directora de Danza Teatro Retazos, y Festival Internacional de la Danza  en la ciudad de Santiago de Cuba y en el que participan desde el 2006.

Atrás quedaron muchos tabúes y prejuicios con respecto a la danza y la masculinidad. En su familia cuatro de los seis hermanos se dedicaron al escenario. Siguieron el ejemplo del padre, apodado El Príncipe de La Habana, bailarín de la compañía Los príncipes azules, quien bailaba después de arduas jornadas de zapatero o ferroviario antes del triunfo de la Revolución.

Su propio hijo de diez años Félix Carlos,  es candidato a bailarín con ocho años. Es el único representante masculino en un aula de la Escuela Profesional Manuel Muñoz Cedeño de Bayamo,  donde hay 10 niñas.

De orgullo se llena Félix al contar que su pequeño ya enseña la estirpe heredada del abuelo y el padre, al obtener el premio  en el recién finalizado festival de interpretación para escuelas de arte. Hechos que aseguran la continuidad del eje de vida para la familia: la danza.

 

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