La dulce picada de las avispas

El trabajo comunitario deviene espacio vital para Argelio Anaya Capote, Director del Proyecto Las Avispas. De su picada, hablamos hoy.
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Por Luis Carlos Frómeta Agüero | 19 octubre, 2020 |
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FORTO/ Cortesía de la compañía

Trepado en zancos el dios Maya Cuculcán alcanzaba al sol , desde la punta de sus pies hasta la cabeza colocó una escalera de latidos para que las personas subieran a las ramas donde repartían frutos y semillas.

Algo similar pretendió el instructor de arte Argelio Anaya Capote, de Jiguaní, con su proyecto socio cultural Las avispas:

“Mis niños alcanzan al sol, con sus zancos trepan los escalones de la Fortaleza militar colonial “El Fuerte”, de Jiguaní y los de la Loma de la Cruz, situada a unos 261 metros sobre el nivel del mar, en Holguín, expresión de resistencia que luego devuelven a otros para fortalecerles la sensibilidad de la vida.

PREÁMBULO

“El interés por la actuación me condujo en 1989 a la escuela de arte El Yarey, una vez egresado en la especialidad de teatro, me asignaron como instructor en el Palacio de pioneros Máximo Gómez Báez, de mi ciudad.

“Muy pronto la dirección de esa institución propuso una estrategia cultural para los fines de semana y como soñaba con la realización de un tipo de teatro callejero, me aprobaron un proyecto artístico municipal con esas pretensiones.

“Influenciado por el tipo de teatro que desde hace años realiza Juan González Fife, mi profesor y director de Andante, comencé el trabajo con zancos, incorporando a niños de tres a 14 años, novedosa actividad en el pueblo, que se apoderó de grandes y chicos.

LAS AVISPAS

“El proyecto surgió en 1992, bautizado con ese nombre por uno de mis alumnos, Rafael Rodríguez, hoy periodista, argumentando que esos insectos voladores pican y no mueren y son ágiles en su quehacer, desde entonces punzamos al mundo comunitario .

“Crecimos en ese entorno patrimonial para responder, con mensajes educativos, a las exigencias, necesidades e intereses sociales del público que acude a nuestras presentaciones e interactuamos con los más pequeños para despertarles la vocación artística y cultural.

“En estos momentos, casi el 90 por ciento de los instructores emplantillados en la Casa de cultura jiguanicera, pasaron por nuestro proyecto, reconocido como categoría nacional y galardonado con múltiples lauros, entre ellos el Premio del barrio, recibido en septiembre último.

“Este agasajo es el reconocimiento a nuestro trabajo en los barrios, al amor por la cultura, a la motivación infantil para soñar y entender mejor la vida a través del arte y el teatro que protagonizamos en nuestra región.

PICADA CONTÍNUA

“Frisamos los 28 años de funcionamiento ininterrumpido en el movimiento de artistas aficionados, transitamos por la quinta generación de jiguaniceros que invaden los espacios abiertos de la ciudad, en busca de los horizontes que brinda nuestro colectivo .

“Intencionamos el teatro como expresión comunicacional para adentrarnos en las mentes y en los corazones de los residentes en el territorio. más allá de lo mítico y ritual que atesoran los zancos desde el surgimiento de esta modalidad”.

ESCENA FINAL

Al igual que el dios Cuculcán, Anaya, el director, construye su escalera de latidos por la que subirán Las Avispas a irradiar semillas en el jardín martiano que un día humedecieron sus abuelos.

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