La escaramuza en el parque

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Por Yasel Toledo Garnache | 23 febrero, 2016 |
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Parque principal del municipio de Media Luna, en la provincia de Granma.
Parque principal del municipio de Media Luna, en la provincia de Granma.

Era otra tarde de sábado. Allí, en el parque de Media Luna. Varios amigos hablábamos con entusiasmo. Un carro moderno  cautivó a casi todos. Yaumel no lo pensó dos veces: ¨¡Con un hierro como ese, una casa de película y un millón de fulas soy feliz! Luego la polémica.
Yulio: “que no era suficiente”, también necesitaba una casa en la playa. Ismael: “que un millón no da, lo gastas fácil, porque cuando lo tengas vas a querer viajar y conocer otros lugares”.

Aquella escaramuza en el parque no fue casi nada. Conozco a personas que envían a sus padres a hogares de ancianos, mientras ellos como jauría se disputan los bienes materiales. Cuando mueren…, batalla campal para llevarse la mejor parte. Hasta he escuchado expresiones de “ojalá se muera ese viejo, bastante trabajo nos ha dado”.

El culto al dinero los condena a vivir entre banalidades. A muchos les gusta lo banal. A mí me gusta. Empero jamás lo convertiría en centro de mis pretensiones.

Algunos solo hablan de “marcas” y de andar a la moda, incapaces de leer libros, de ir más allá de estereotipos creados por la industria del cine o la televisión, casi siempre extranjeros. A todos nos gustaría lo de la buena ropa, y eso de ”no es importante”, a veces, suena falso. Pero lo digno no necesariamente es Adidas, Nike…

Recuerdo una conversación con un estudiante extranjero que decía:

– Aquí los trabajadores no ganan ni para comprar un DVD, una computadora, un Ipod.

Tienes razón –le respondí-, en mi país es difícil comprar esos equipos, pero, por ejemplo, a mi hermanita la operaron en dos ocasiones, a mi abuelo lo ingresaron durante casi tres semanas y luego una fisioterapeuta lo atendía en la casa. Todo eso gratis.

Soy de un poblado, ubicado a más de 100 kilómetros de Bayamo, y me hice profesional, representé a la Universidad donde estudié en eventos nacionales. Casi siempre fui con la misma ropa a festivales, a premiaciones, a encuentros investigativos. Nadie me cerró puertas por eso. No tengo computadora, pero sí la posibilidad de superarme, quién sabe si lo otro llegue después.

-Cuánto vale esa atención médica y lo demás en tu país?

-¡Muchísimo!-, me respondió un poco apenado.

-¿Con lo que valen dos operaciones y tres semanas de ingreso allá, con atención médica de calidad, cuántos DVD podrías comprar aquí?

-Una tonga, me dijo entre risas y evidente contagio con nuestra forma de hablar.

Los cubanos ponemos al ser humano por encima de la riqueza material. Si colocamos en una balanza a la salud de mi hermana y mi abuelo, junto a mis posibilidades de superación, a pesar de vivir en el campo, y del otro lado al celular y al Ipod, ¿qué pesaría más? Claro, sería mejor tenerlo todo. Para la mayoría eso no es posible.

El bloqueo, la crisis y las deficiencias económicas en el país no son cuentos chinos.

Quizás en el parque de Media Luna o en cualquier otro lugar, me vuelvan a preguntar si soy feliz cuando pase un carro, uno vola`o como aquel. La respuesta no sería muy distinta a la de antes. La novia quizá no sea la misma. Pero el recuerdo de mi infancia, los consejos de mis abuelos y de toda la familia seguirán en mí.

Seguro que tendré más amigos, casi hermanos. Tal vez el dinero seguirá escaso en el bolsillo. Lo lamentaré, claro. Empero, no lloraré por eso. No mataré a mi sensibilidad. La vida es mucho más.

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