La escuela donde se tejen los sueños (+fotos)

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Por Anaisis Hidalgo Rodríguez | 2 diciembre, 2019 |
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FOTO Rafael Martínez Arias

Hay fechas inolvidables, que se fijan en el calendario como un sol, para alumbrar el porvenir. Así fue el 29 de marzo de 2002 para el joven Reinier Fonseca Ramírez, uno de los primeros maestros graduados para llevar la enseñanza de la computación a las escuelas primarias como parte del programa nacional, inaugurado en la escuela  rural Enma Rosa Chuig, de Pilón.

 

Aquel día permanece atesorado en su memoria y en la de quienes se congregaron desde temprano para divisar al promotor del asalto al cuartel Moncada, al protagonista del derrocamiento de Batista en el 59; al hombre de un metro y 95 centímetros de estatura que puso el pecho a la bala y lideró la primera gran derrota del imperialismo yanqui en América Latina; al hombre de sueños infinitos y barba larga; a Fidel.

“No pude evitar erizarme desde el momento en que lo vi tan cerca de nosotros. Nos dijo a los jóvenes que lleváramos  los programas de computación a la Sierra. Aquel encuentro fue un compromiso que marcó para siempre mi vida y definió mi rumbo profesional”, acotó Reinier Fonseca Ramírez.

Escuela primaria José Rodríguez Celeiro de Buey Arriba.FOTOS Rafael Martínez Arias

Publicado por La Demajagua en Lunes, 2 de diciembre de 2019

Lo cierto es que desde aquella cita con el líder histórico de la Revolución cubana, Reinier echó  raíces en el campo de la informática. Hoy posee una maestría y ejerce como profesor de diez niños en la escuela primaria multígrado, José Rodríguez Celeiro, en la comunidad de Limones, Buey Arriba.

“Atiendo a niños de primero a sexto grado. La computadora funciona a través del panel solar”, refiere mientras da unas palmaditas sobre la Open 370, con las que Fidel inaugurara el programa.

“Ya está atrasada con respecto a otras tecnologías modernas-agrega-, pero aún es factible para la enseñanza. Contamos con la colección Multisaber, también pensada para enriquecer el programa, Softwares educativos, Antivirus…todo actualizado.”

Reseñan quienes vivieron la apertura del programa de computación, que aquella tarde Fidel se bajó de un auto blanco, recorrió la escuela, vio el noticiero,   intercambió con los presentes sobre su importancia; de cómo decidiría el futuro de la Patria y cómo para lograrlo se dotaron de paneles solares a mil 944 centros, y ensamblaron 24 mil computadoras, con un coste de 15 millones de dólares.

LOS ROSTROS DE MI ESCUELA

La primera vez que

De izquierda a derecha Mirco Leinnier Arias y Lisdania Hernández Acosta.FOTO Rafael Martínez Arias

alumno de cuarto grado, escuchó la palabra ratón en el laboratorio de computación, pensó como es lógico,  en el roedor que deambula por las casas, no en el dispositivo de la computadora.

Sobre esto último, le enseñaría el profesor Reinier Fonseca Ramírez quién además, abriría mediante atractivos juegos didácticos esa ventana  del conocimiento  que hoy le permite mediante el teclado y las opciones de clic, arrastrar y mover, escribir textos, crear diapositivas o pintar en el Paint.

“La computación te sumerge. Entras en ese mundo y quieres salir, el tiempo pasa volando”, alega Lisdania Hernández Acosta, de sexto grado.

Evidentemente por sus características, este es uno de los mayores atractivos del centro, pero no el único.

Varios alumnos muestran especial apego al área de ciencias, y con razón. Allí cuentan con réplicas del esqueleto y los órganos del cuerpo humano a pequeña escala, la esfera del mundo, microscopio, termómetro para conocer de la temperatura, entre otros útiles que hacen más ilustrativa la enseñanza.

FOTO Anaisis Hidalgo Rodríguez

La escuela José Rodríguez Celeiro, aunque está edificada con zinc y mampostería, obliga a todo el viajero a posar su mirada sobre ella. Unos más que otros habrán dedicado versos a su nombre,  de tan cuidada y bella que está.

Su jardín, poblado de plantas de los más disímiles colores y formas, parecen arterias multicolores que palpitan junto al Martí de la entrada, dando la bienvenida a todos los pioneros que deciden navegar por el horizonte del saber.

A la escuela asisten, sin importar que tan rudo esté el camino, ni los días de lluvia, para eso reemplazan sus zapatos escolares por otros más recomendados para desandar las lomas ;  luego, como casi todos los pioneros, al llegar al colegio se atavían con el par limpio y reluciente, como Rosmery, la niña de cuarto grado que nos recordó a Nemesia, por lo cuidado y pulcro que mantenía sus zapaticos blancos.

FOTO Rafael Martínez Arias

LA PROFE OSMAIDA

Osamida Santo López, Licenciada en maestros primarios pareciera estar destinada a dejar su corazón en nuestras serranías. Desde su formación como pedagoga ha dejado retoños en centros educativos como Confín de Nagua,  Seberiana y Limones.

Escuela José Rodríguez Celeiro, de la comunidad Limones, de Buey Arriba.FOTO Anaisis Hidalgo Rodríguez

Publicado por La Demajagua en Lunes, 2 de diciembre de 2019

Las lomas empinadas, los terrenos escabrosos, el fango en los días de lluvia y el frío que arropa las montañas cuando diciembre llega hablan de su amor por la pedagogía.

FOTO Rafael Martínez Arias

Tampoco le tiene miedo al trabajo, por eso asumió sin chistar este grupo multígrado en el cual atiende a niños de primero a sexto grado, a pesar de lo difícil.

“El maestro tiene que ser autodidacta, preparase a diario, buscar métodos y procedimientos para que todo sea más fácil, medios de enseñanza para que los niños aprendan con más facilidad.

“Tenemos sugerencias metodológicas, libros diseñados para este trabajo multígrado en el que la clase debe ser única y a lo cual contribuye mucho el área de computación, el televisor y la cajita, para reforzar la motivación en las asignatura.

“La preparación metodológica, en los municipios y con la jefa de ciclo en cuanto a los diferentes ejes temáticos, son decisivos para mi superación.

Los padres apoyan mucho, en las reuniones de educación familiar, capacitación a los padres para que sea más fácil el trabajo, a demás en el grupo hay pioneros preparados para ayudar en el proceso de enseñanza-aprendizaje, ya sea en contenidos, la revisión de libretas, la preparación de tarjetas.

Trabajar en este centro, evidentemente, es una felicidad para Migdalia Rosabal Pelegrín, directora del plantel, no solo por la reducida matrícula, lo es mayormente, por la humildad que transpiran estos niños, por la entrega que ponen al trabajo con el huerto, el jardín, la formación laboral, las actividades en la biblioteca, e incluso, en la reparación de la base material de estudio.

FOTO Rafael Martínez Arias

Con pequeñas acciones, se tejen en cada jornada los sueños de estos pioneros. Un día despertarán con el alba que alumbra esas montañas para empinarse al futuro, con la mochila de su porvenir a cuestas, y el triunfo entre sus manos para servir a su Patria.

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