En la escuela, no

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Por Orlando Fombellida Claro | 11 junio, 2019 |
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FOTO/ Rafael Martínez Arias

Al comenzar el actual curso escolar,  el 4 de septiembre del año anterior,  su final se veía distante en el tiempo, el que sin casi darnos cuenta ha transcurrido y la culminación de dicho período lectivo está al doblar de la esquina.

Para educadores y personal de apoyo a la docencia,  educandos y sus familiares, la terminación de un año escolar es motivo de justificada alegría, porque la inmensa mayoría de los estudiantes pasan de grado, o de nivel educativo, o concluyen estudios que los han preparado para iniciar su vida laboral.

Los maestros, en el caso de la Educación Primaria, seleccionan a los mejores alumnos de sus respectivos grupos, y en la medida de las posibilidades de la escuela, les entregan un certificado de reconocimiento que, en algunos casos, es del tamaño de una postal o de una hoja formato legal, sacado en una impresora de cinta.

Pero como está de moda reconocer a personas jurídicas y naturales con cuadros -algunos enmarcados y de gran tamaño, a los cuales es difícil encontrar lugar idóneo para situarlos-, en instituciones educativas también lo hacen.

En ocasiones, con una camarita fotográfica de aficionado, o teléfono móvil, tiran una foto a los alumnos y mandan a imprimir certificados, en no pocos de los cuales sus imágenes se ven como si estuvieran en el país de las sombras largas.

El coste del certificado, lo pagan los padres de los infantes.

En un acto de fin del curso 2017-2018, en una buena escuela, fui testigo de cómo problemas de última hora relacionados con el asunto, aguaron la fiesta y los ojos de una magnífica maestra.

Sucedió que a la hora de entregar el reconocimiento, el de un alumno de segundo grado no apareció, el padre del pequeño fue corriendo a ver al impresor que había realizado el de los demás, lo trajo raudo y veloz, pero al infante mostrarlo, los presentes apreciaron que aunque decía su nombre, era diferente a los de sus compañeros.

De vuelta al aula, la maestra se deshizo en presentar disculpas y aseguró que la iniciativa fue de ciertos padres, que incluso uno de ellos quería hacer a su hijo un certificado de gran tamaño.

Una madre que tiene dos hijas en círculos infantiles y un hijo en seminternado, se altera nada más de pensar en tener que sufragar tres de tales certificados.

En Educación todo está regulado, si lo establecido es un certificado en el casi desaparecido papel gaceta, es el que debe entregarse.

Aquellos padres que deseen dar a sus hijos un pendón de tres por tres metros cuadrados, que lo hagan, pero en su casa. La escuela es para enseñar y educar, no para especular, como se dice ahora a ostentar.

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