La Esperanza de Noelvis y Ramón

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Por Roberto Mesa Matos | 26 marzo, 2019 |
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Noelvis y Ramón exponen que es muy gratificante comprobar el resultado de tanto esfuerzo en la producción de alimentos FOTO/ Roberto Mesa Matos.

Manzanillo.- Hace poco más de cuatro años y apegada a las raíces campesinas, la manzanillera Noelvis Guzmán Milanés decidió incorporarse a la producción de alimentos.

Lo hizo con unas pocas aves, desde La Esperanza, nombre que dio a su finca, y la historia creció en cada amanecer.

“Trabajamos desde temprano y hasta la hora que haga falta. No es muy fácil, pero me gusta, se puede llevar junto a los quehaceres de la casa. A mí me gusta la crianza y fuimos incrementando poco a poco y mire usted lo que tenemos: 50 gallinas ponedoras y 45 camperas”,  dice Guzmán Milanés.

La pasión con que la mujer asume cada tarea, enamoró también a Ramón Tejeda Jorge, el esposo, y su incorporación a las faenas aumentó los resultados: conejos, guanajos, ovejos, cerdos, dos casas para cultivos semiprotegidos y una hectárea de tierra para la producción agropecuaria desde donde salen plátanos y muy pronto yuca, que comercializan para el pueblo.

“Cuando hacemos dos convenios porcinos aportamos entre 18 y 20 toneladas de carne; en la producción de huevos tributamos 300 posturas semanales y en ceba, casi listos para la comercialización 35 conejos y también cumplimos el compromiso de carne de ovejos. Todo lo vendemos mediante la cooperativa Carlos Manuel de Céspedes, a la que pertenecemos”.

Ramón comenta que poseen un biodigestor con el que se autoabastecen de gas para la cocción de los alimentos en el hogar y una escuela cercana, y nacen otros proyectos.

“En estos momentos recibimos apoyo para introducirnos en la cría de alevines, especialmente de tilapias, de la que pensamos pescar cada cuatro meses entre 15 mil y 17 mil ejemplares. Somos finca de referencia nacional por tres años consecutivos y ahora aspiramos a la categoría de excelencia en el ámbito agropecuario.”

“La Esperanza” florece cada mañana con el esfuerzo que brota de la voluntad de los encargados de hacerla producir.

La familia Tejeda Guzmán demuestra a diario que el nombre de su finca, más que ilusiones, constituye realidad cotidiana por el bien colectivo.

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