La esperanza también tiene rostro joven

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Por Yelandi Milanés Guardia | 1 julio, 2021 |
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FOTO/ Captura de pantalla

A veces uno es un privilegiado como testigo de acciones de las cuales se deriva un pensamiento de que no todo está perdido, y que el futuro, depositado en manos de las nuevas generaciones, puede ser mejor.

La idea anteriormente expuesta, está sustentada en un hecho presenciado hace unos días cuando una señora- buscando afanosa cinco pesos para pagar un producto- fue sorprendida por un adolescente que le manifestó su interés de obsequiarle esa suma de dinero si no lo encontraba.

Quizás algunos no vean en esta iniciativa algo extraordinario, pero viniendo de un niño sin salario, el cual realizó la acción caritativa con total desinterés, y sin el más mínimo alarde, es sin dudas una muestra de que en los más jóvenes también hay valores dignos de admiración y elogio.

Fue tanta la conmoción experimentada por aquel suceso, que hoy lo comparto con los lectores, como muestra evidente de que en los corazones de los menores, también tienen cabida las buenas acciones.

Por esa y otras razones no me identifico con el criterio de quienes ven a la juventud perdida, pues muchas veces lo que está es mal encauzada o educada, y eso en gran medida depende de las personas mayores, responsables de su cuidado.

Cómo no confiar en las nuevas generaciones cuando vemos a un chamaquili, quien con asombrosa picardía e ingenuidad, nos alecciona en estos tiempos en que muchos olvidan cuán  importante es cuidarse del coronavirus, para de esa forma proteger también a los demás.

No puedo creer perdidos a un grupo de adolescentes confabulados en una beneficiosa conspiración, en la cual cada uno aportaría 25 pesos para regalar un par de zapatos, a una compañera de aula que su madre enferma no les podía comprar.

Confío en el provenir que descansa en los hombros de los jóvenes innovadores en estos momentos difíciles, y en quienes trabajan desinteresadamente en los centros de aislamiento, y hospitales para pacientes de la Covid-19.

Me alegró ver a semblantes bisoños, ante la farsa de mercenarios del imperio, inundar a San Isidro para darles un respuesta contundente, en la cual demostraron que Somos Cuba y Continuidad.

Ejemplos sobrarían -aunque a veces estén dispersos- para demostrar que el acto benevolente del que afortunadamente fui testigo, no es un hecho único, pero de seguro es el resultado de una buena educación.

Si queremos un mañana mejor debemos aleccionar, sembrar valores, y fomentar las buenas acciones en los mas noveles, porque –indudablemente- la esperanza también tiene rostro joven.

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