La estrella que iluminó el camino de los independentistas

Share Button
Por Yelandi Milanés Guardia | 2 febrero, 2021 |
0
Sitio histórico perteneciente al municipio de Yara, lugar donde fue arrojado a las llamas Hatuey / FOTO Rafael Martínez Arias

Su condena a la hoguera implicó algo más que un simple acto para dar fin a una heroica vida. Los españoles encargados de consumar el suplicio de Hatuey no valoraron la repercusión del ejemplo del primer rebelde de América.

Con la quema del insigne cacique, el 2 de febrero de 1512, no terminaría la lucha de los aborígenes cubanos  y de sus descendientes por expulsar a los hombres blancos que irrumpieron brutalmente en sus vidas.

De la vecina Quisqueya, bautizada por los ibéricos como La Española, provenía Hatuey, quien, ante el horror provocado por el saqueo y el abuso contra las poblaciones de aquella isla, se lanzó al mar con el objetivo de alertar a los primitivos pobladores de Cuba.

El accionar de Hatuey no se limitó a la prevención de las intenciones de los conquistadores, además, organizó y comandó grupos de aborígenes para enfrentar -con rudimentarias armas- la avanzada española.

Los hombres blancos llegados de ultramar se lanzaron a su persecución, pues querían impedir que continuase su labor de excitar a los nativos con sus ideas guerreras, y quien con bravura incomprensible hizo frente con sus huestes a los malvados invasores.

Hatuey es hecho prisionero (…) y cumplióse de esa manera la primera parte de una profecía india: “Y uno de los nuestros envuelto en llamas ascenderá a los cielos y se convertirá en estrella…”

Su muerte, desde la partida de su lejana tierra, estaba sentenciada, y solo era cuestión de tiempo, porque con menor fuerzas y armas, no podía vencer a un enemigo superior en hombres y pertrechos militares.

Como un avezado líder asumió un enfrentamiento desigual con una actitud desafiante, pero la suerte no estaba de su lado, y al lograr su captura y posterior muerte, los peninsulares dieron por salvada la monárquica misión, de ahí que la villa fundada cerca del asentamiento de Yara -lugar del suplicio- recibiera el nombre de San Salvador.

Rememorar su quema constituye un buen pretexto para volver la vista sobre el valeroso cacique y su figura histórica, quien al convertirse en una estrella iluminó desde entonces, y para siempre, el arduo camino que transitaron los cubanos para alcanzar la libertad, y por el cual se asoman en nubladas noches, algunos fantasmas venidos de ultramar pero con signos norteños e imperiales. Lobos rapaces con tintes modernos, que rememoran en salvajismo y brutalidad, aquellos extinguidos leones ibéricos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *