La estrella de Salvadora

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Por Roberto Mesa Matos | 10 mayo, 2018 |
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Salvadora ha consagrado su vida a la industria de Epigram./FOTOS: Roberto Mesa Matos.

Cada palabra de la manzanillera Salvadora López Rivera tiene el encanto de la consagración y la sonrisa, el reflejo de la tenacidad de una mujer, que desde los 16 años convirtió a la línea de procesamiento de la Empresa Pesquera Industrial de Granma (Epigram) en su segundo hogar, porque aquí pasa la mayor parte del tiempo.

“Mi padre fue pescador y mi suegra laboraba aquí. Me enamoré del entusiasmo del colectivo, del tesón que le imprimían a las faenas. Solo yo estoy en esto: empecé como descoladora de camarón, evisceradora, en el ostión, pesadora de todos los productos hasta hoy que soy reguladora de peso.

“Llegábamos a las tres de la tarde y terminábamos a las once de la noche. Las mañanas las dedicábamos a los trabajos voluntarios. Siempre me seleccionaban mejor joven y soy vanguardia nacional por 23 años consecutivos.”

-¿Es muy complejo?

“Lo más difícil es abrir la concha del ostión, es lo más fuerte de todo, aunque en cada uno existe el riesgo de las manos por la frialdad y el trabajo con los cuchillos. Necesitas agilidad y precisión.

“Cuando el equipo arranca hay que pesar el camarón al mismo ritmo de la máquina, pero se le “coge” la vuelta y ya. Nosotros somos muy unidos y “echamos” pa´lante siempre.

El fructífero expediente laboral de esta jovial manzanillera, a la que todos conocen como “Tomasita”, lo componen además la Distinción Aracelio Iglesias y la orden Lázaro Peña en todos sus grados, junto al reconocimiento de los compañeros, quienes elogian su sencillez, modestia, honestidad y ejemplo.

“Yo no he hecho nada del otro mundo, solo hacer lo que me gusta: trabajar y en el sitio donde me siento cómoda, feliz.”

Tanta entrega le valió este año a Salvadora ser distinguida con el Título Honorífico de Heroína del Trabajo de la República de Cuba.

“Esta es mi estrella, comparable con la felicidad de ser madre. Cuando Machado Ventura me pone la medalla me comenta que si soy Río Cauto y le dijo, no, de Manzanillo, manzanillera de pura cepa. Me respondió: “felicite a esos hombres y mujeres, que son aguerridos al igual que usted.”

“Resultaron momentos inolvidables, me hice fotos con los dirigentes, con los demás condecorados y con los compañeros del sindicato. El Primero de Mayo compartir en la Plaza el desfile junto a Raúl, Díaz – Canell, los Cinco, y otros dirigentes e invitados me emocionó.”

“Pensé mucho en el Comandante en Jefe Fidel Castro, en mi familia y en mi compañera María Eloína Zambrano, para todos un ejemplo de laboriosidad y quien no pudo tener en vida esta medalla, pero la merecía primero que nosotras.
La alegría aun es indescriptible entre los vecinos y familiares de mi entrevistada.

“El Título Honorífico de Heroína del Trabajo de la República de Cuba es de todo el colectivo y de mi familia.”

“También soy una madre feliz, porque mi familia ha puesto su granito de arena para que hoy tenga este resultado: mi esposo Eduardo; Michael y Michel, los hijos; los nietos Jonathan, Lyesis, y Adisleidis; mi nuera y además, Salvadora, mi mamá.”

“Me gustan los quehaceres hogareños, que llevo aparejado a mi trabajo y la labor en el CDR y de secretaria de la delegación seis del bloque diez con 85 mujeres.

-Comentan que en Epigram las mujeres inspiran respeto…

“Estamos en las tareas decisivas, a la vanguardia en todo, le ponemos dedicación y ternura, pero además la fuerza, destreza y agilidad que demanda.

“A la vida siempre hay que sonreírle porque eso ayuda a la salud, pero además a ser más productivo y eficiente.”

Salvadora López Rivera completa el cuadro de honor de Epigram: junto a Sara Rosales Alarcón y María Arsenia Ortega García se distinguen como las tres heroínas del Trabajo de esa entidad, donde constituyen ejemplo para sellar nuevas victorias.

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