La expedición del honor llega a Cuba

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Por Diana Iglesias Aguilar | 31 marzo, 2020 |
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Obelisco que en Playa Duba perpetua la memoria del general Antonio Maceo FOTO/ Archivo de Venceremos

Con las sombras del amanecer cubriéndoles la humedad del cuerpo, desembarcan el 1 de abril de 1895 por la playa que dibuja la desembocadura del río Duaba en la costa suroriental del Cuba, una veintena de valerosos revolucionarios  convencidos de la necesidad de sostener en la isla la llama para conquistar la independencia y dar continuidad al grito unánime del 24 de febrero último, emitido desde las entrañas del imperio que asecha el momento oportuno para truncar las ansias de libertad contra el yugo colonial español y cualquier yugo aún no conocido.

Los Mayores Generales Antonio y José Maceo, Flort Crombet son los de mayor rango y veteranía en la tropa, compuesta por 23 hombres en total, que con apenas un arma corta por cada uno, quince machetes, algunos rifles y pocos tiros por arma larga, pero mucho principio y convencimiento de su rol dentro de la contienda, darán apoyo moral y objetivo a quiénes ya dentro de Cuba pelean desde hace cinco semanas.

Desafiaron grandes obstáculos para llegar hasta la isla añorada, más la solidaridad internacional estuvo presente, desde el apoyo monetario de cientos de emigrados que sufragaron centavo a centavo la expedición (más de tres mil dólares envió José Martí a través de Francisco J. Agramonte), como muchas otras que salieron, y la presencia del Coronel colombiano Adolfo Peña y el Teniente Coronel José M. Arseno, y la acogida en Costa Rica de los cubanos, y la complicidad de quienes informados de la verdadera identidad y motivo de los expedicionarios, se arriesgan a apoyarlos.

Llevan el susto y la presión del fracaso del plan expedicionario anterior, organizado por José Martí desde Estados Unidos de Norteamérica, frustrado por la delación, del que se recupera el Delegado del Partido Revolucionario Cubano con la vergüenza y entereza que le caracteriza y no ceja en su intento de eclosionar la contienda a la que llama ¨guerra necesaria¨.

También llevan la certeza de sus ideales, el ejemplo de los que han combatido en la Guerra de los diez años, la vehemencia de estos en el amor a su patria. Los deseos de respirar la libertad, de palparla.

Parten desde Puerto Limón en Costa Rica,  en el vapor inglés Adirondack que cubre la ruta de centroamérica a Nueva York, la tarde del 25 de marzo de 1895 no presagia los riesgos que vendrán en alta mar, al arribar o zarpar de los puertos que sirven de escalas en Jamaica y Bahamas.

Es la primera espedición revolucionaria que llegará a las costas cubanas en la última guerra independentista, a la que acechan los servicios de inteligencia españoles, enterados de la partida, lanzan cañoneras para interceptarlos en alta mar, operaciones que resultan infructuosas.

Ni embarcaciones enemigas, ni un giro de 180 grados en el plan,al salir de Kingston, Jamaica cuando el capitán J.W. Samson no aminora la velocidad al pasar frente a Cuba, como estaba pactado con Flort Crombet, para que los expedicionarios echaran botes al agua y se dirigieran a tierra firme en la mayor de las Antillas, nada pudo detenerlos y la flexibilidad fue la amiga y consejera en los momentos más álgidos: todo por Cuba.

Por honor no usaron la violencia para hacer cumplir al capitán de la nave lo acordado, por honor no mintieron al llegar a isla Fortuna y exponer las verdaderas intenciones de la expedición ante un amigo del capitán Samson, que resultó ser un poderoso hombre de negocios, norteamericano, al que revelaron las verdaderas identidades y quién les alquilaría la goleta Honor, embarcación en la que definitivamente llegarán a la isla.

Lluvia, truenos, oleaje amenazante con voltear la goleta, que finalmente hace un giro brusco por babor y tira a los tripulantes y expedicionarios al mar, presagian los días que vendrán, llenos de peligros y sucesos previsibles por la guerra, en la que el honor de ser cubanos, de luchar por la libertad, puede más que cualquier diferencia, contrariedad, desacuerdo.

Están en Cuba, es la única certeza, complemento del deseo irrevocable de lucha. Antonio Maceo, José Maceo, Flort Crombet y otros veinte oficiales y suboficiales, dispuestos a todo por el mismo ideal libertario.

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