La guerra del 68 y la forja del Padre (+audio)

Referencias históricas y criterios personales nos acercan a las razones que ratifican a Carlos Manuel de Céspedes como el Padre de la Patria.  
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Por Anaisis Hidalgo Rodríguez | 4 abril, 2019 |
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FOTO/Anaisis Hidalgo Rodríguez

Desde niños se nos pinta inconmensurable, inmune al dolor, a la muerte. Hoy sabemos que no estuvo exento de errores, pero fue tal su grandeza y cabalgó con tantos bríos por la vida que por encima de toda crítica pesa su acción y ese epíteto que lo inmortaliza en todo tiempo: ‘Padre de la Patria’.

Entre los argumentos que comúnmente usamos para corroborar la valía de este epíteto está el dilema que vive Céspedes entre la elección de la vida de su hijo Amado Oscar (segundo descendiente de su primer matrimonio con su prima María del Carmen Céspedes y López del Castillo) y la continuidad de la Revolución.

Un artículo Oscar y la disyuntiva de Céspedes, del máster en Ciencias Roberto Hernández Suárez, nos acerca a ese fatídico episodio que marcaría como un hierro caliente la vida del patricio bayamés.

“En un lacónico parte militar publicado en la Gaceta de La Habana, el coronel español Bengasi notificó al capitán general Antonio Fernández Caballero de Rodas, que fuerzas bajo su mando habían ‘hecho prisionero a Oscar Céspedes, hijo del titulado presidente con siete más, a cinco leguas de Guáimaro’.”

El ultimátum del capitán general no se hizo esperar y en una misiva expresó: “En mi poder prisionero por fuerzas de mi mando su hijo, Oscar de Céspedes. En sus manos de usted queda su salvación, dígame por el puerto que quiere embarcarse para darle absoluta garantía”.

La respuesta de Céspedes fue contundente y digna en grado superlativo cuando escribió con pesar: “Duro se me hace pensar que un militar digno y pundonoroso como V. E. pueda permitir semejante venganza, si no acato su voluntad, pero si no lo hiciere, Oscar no es mi único hijo, lo son todos los cubanos que mueran por nuestras libertades patrias”.

Según el investigador Hernández Suárez, en expediente de la sección Insurrectos, Fondo de Ultramar del Archivo Histórico de Madrid consta que la pena de muerte impuesta a Amado Oscar por el Tribunal Militar de Guáimaro fue ratificada el 28 de mayo de 1870, y ejecutada a las 7:00am del siguiente día en la Plaza Mayor de Puerto Príncipe. Tenía para entonces 22 años de edad.

La historiadora Olga Portuondo Zúñiga, Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas, defiende el criterio de que  “Céspedes es el Padre de la Patria indiscutiblemente por el inicio de la guerra el 10 de octubre de 1868.”

“Él tuvo el valor, el desprendimiento y la fuera moral para hacer ese pronunciamiento que no es algo tan sencillo como la gente piensa. No es alzarse en armas simplemente. Había que romper con toda una tradición de enfrentamiento a España, por eso es que él dice ‘hemos visto desde siempre a España de rodillas, ahora vamos a alzarnos, levantémonos para ponernos al mismo nivel.’

“Hay todo un proceso de formación, de elaboración y de fermento hacia ese pensamiento que puede llevar hacia varias décadas atrás y una educación liberal burguesa”, acotó la destacada historiadora.

“El hecho de que Céspedes responda de esa manera y declare la independencia no es una reacción espontánea ni un capricho del momento. Es algo que se ha meditado  concienzudamente.

“Céspedes sabía perfectamente que no todos querían iniciar la lucha por la independencia, que no se atrevían a tomar esa determinación porque significaba romper con una tradición y una vida, que es lo que ocurre.

“Hay una ruptura a partir de los sucesos del 10 de octubre de 1868. Había quienes sabían que a partir de esa fecha la vida iba a cambiar para esa sociedad de Bayamo y de las zonas que se incorporaran a la insurrección.

“Céspedes es el Padre de la Patria no porque su hijo fuera fusilado, sino porque es el que asume toda la responsabilidad de romper con España y eso no era fácil.

“Por otro lado la actitud que sume en el momento de su deposición lo convierte en un hombre aun más grande, porque podía haberse reunido con la familia, reunir una tropa e ir contra el gobierno que lo estaba deponiendo y no lo hizo por preservar la revolución. Para mí son actitudes que cualquier otro tipo de debilidad que pueda haber tenido se pasan por alto”.

Ambos criterios ratifican de una u otra manera la naturaleza de Céspedes como Padre de la Patria, una  condición que sin dudas se forjó con  sangre de su sangre y que implicó sacrificios extremos en aras de la revolución.

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