La guerra por el ‘oro azul’ amenaza al mundo

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Por Prensa Latina (PL) | 17 agosto, 2019 |
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La Habana, – La lucha por dominar el agua, para muchos el ”oro azul”, acerca al mundo a un atolladero que avanza según se acentúa el efecto del cambio climático.

 

Según un informe que publica el sitio https://www.wri.org, los embalses de Chennai, la sexta ciudad más grande de la India, están casi secos en este momento. El año pasado, los residentes de Ciudad del Cabo, Sudáfrica, evitaron por poco su propio corte de agua del ‘Día Cero’ y el año anterior, Roma racionó el agua para conservar los escasos recursos.

Estas son apenas pinceladas de un problema que amenaza a la humanidad cuyas causas son más profundas que la sequía, según el sitio, en un mundo donde las extracciones de agua se duplicaron desde la década de 1960 debido a la creciente demanda.

Datos del World Resources Institute (WRI) revelan que 17 países, donde reside la cuarta parte de la población mundial, enfrentan niveles ‘extremadamente altos’ de estrés hídrico y donde la agricultura de riego, las industrias y los municipios retiran más del 80 por ciento de su suministro disponible en promedio cada año.

Asimismo 44 países, que albergan a un tercio del mundo, se enfrentan a niveles ‘elevados’ de estrés, en los que cada año se retira una media de más del 40 por ciento de la oferta disponible del preciado líquido.

La organización internacional plantea que el crecimiento de la población, el desarrollo socioeconómico y la urbanización aumentan la demanda de agua, mientras que el cambio climático puede hacer que las precipitaciones y la demanda sean más variables.

Revela la entidad que el Medio Oriente y Norte de África (MENA) es la región más afectada por el estrés hídrico en la Tierra, y allí están situados 12 de los 17 países con mayor escasez de agua, lo que provoca las mayores pérdidas económicas debido a su insuficiencia relacionada con el clima, estimada entre el 6 y el 14 por ciento del PIB para 2050.

Otro ejemplo del problema está en la India, nación que ocupa el décimotercer lugar en cuanto al estrés hídrico general y tiene más de tres veces la población de los otros 17 países extremadamente estresados juntos, precisó WRI.

Al respecto de esta situación, estudios y análisis subrayan que si el ser humano prosigue su acción incontrolable contra la naturaleza provocando cambios ambientales, debemos esperar interrupciones en la seguridad hídrica y alimentaria mundial, una mayor inseguridad económica y el debilitamiento de los medios de subsistencia, el empeoramiento de la salud humana y animal y los riesgos para la cadena de suministro global.

El desenfreno llega a modificaciones irreversibles. Las temperaturas globales aumentan y con eso hay variaciones en un gran número de procesos del sistema terrestre: en la atmósfera, el océano, el agua dulce, el suelo, las masas de hielo, el permafrost y los organismos que componen la biosfera.

Algunos efectos son bien conocidos, como el aumento de la frecuencia e intensidad de las olas de calor y las sequías, como las que vive Estados Unidos y Europa, y el aumento del nivel del mar. Otros son menos familiares, como la disminución de los niveles de oxígeno en los océanos y la redistribución de las especies.

Rod Schoonover, exdirector de medio ambiente y recursos naturales en el Consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos, advirtió al presidente Donald Trump de estos peligros.

Con estos cambios ambientales debemos esperar interrupciones en la seguridad hídrica y alimentaria mundial, una menor seguridad económica y el debilitamiento de los medios de subsistencia, estimó el también profesor de química y bioquímica en la Universidad Estatal Politécnica de California, San Luis Obispo.

En este complicado escenario las preocupaciones se acentúan sobre la seguridad del agua, el vital liquido que será motivo de guerras entre naciones si no se dan pasos para su conservación y se trabaja en un tratado que regule su uso.

‘Si las guerras de este siglo se libraron por el petróleo, las guerras del próximo siglo se librarán por el agua’, opina Ismail Serageldin, exejecutivo del Banco Mundial.

Hay que destacar que para 2025 unos mil 800 millones de personas vivirán en países o regiones con escasez absoluta de agua, y dos tercios de la población mundial podrían encontrarse en condiciones de ‘estrés hídrico’, sostienen estimados de Naciones Unidas.

En la actualidad, indica el organismo internacional, hay suficiente agua dulce para siete mil millones de personas, pero está distribuida de manera desigual, contaminada, desperdiciada o mal gestionada. Eso acentúa la necesidad de un tratado de agua que evite males mayores.

Los ejemplos no faltan sobre la gravedad del problema que puede causar el enfrentamiento entre naciones poseedoras de armas nucleares.

India y Pakistán, por ejemplo, pese a la existencia de acuerdos bilaterales, pueden enfrentarse si los hindúes detienen el flujo de agua hacia Islamabad. Nueva Delhi controla tres grandes ríos que desembocan en la nación vecina.

En estos momentos existe una crisis creciente en el sur de Asia, donde las grandes urbes afectadas por la presión hídrica y la agricultura intensiva están secando literalmente el subcontinente.

Las estadísticas indican que para 2030, según un informe reciente, la mitad de la población de la India -700 millones de personas- carecerán de agua potable adecuada. Actualmente, el 25 por ciento de la población de ese país sufre de sequía.

Esto se agravará pues el informe HinduKush Himalaya Assessment estima que para 2100, alrededor de dos tercios de los más de 14 mil glaciares de la zona habrán desaparecido, lo que llevará a que algunos países construyan presas para retener el líquido.

Las afectaciones del agua corriente abajo golpearán a grandes deltas como el Ganges-Brahmaputra, el Indo y el Mekong.

El problema se torna más complejo cuando el actor central en la crisis del agua del sur de Asia es China, donde se encuentran las fuentes de 10 ríos principales que fluyen a través de 11 países, y que abastecen de agua a mil 600 millones de personas.

Si no hay un tratado sobre el ‘oro azul’, también se incrementará la escasez de agua limpia y se intensificará la crisis sanitaria, que en la actualidad ya mata más personas que las guerras, incluyendo a 1.5 millones de niños menores de cinco años.

Esta situación se hace cada vez más crítica, cuando el problema tiene un alcance mundial, y por ejemplo, según el Foro Económico Mundial, para 2030 las fuentes de agua sólo cubrirán el 60 por ciento de las necesidades diarias del mundo, de proseguir las tendencias actuales en su uso.

Cabría preguntarse qué hará el otro 40 por ciento. Antes que esto suceda es imperioso para la humanidad crear un acuerdo global sobre el agua con la prontitud que ameritan los riesgos.

Estimados de la ONU indican que para 2025, unos mil 800 millones de personas vivirán en países o regiones con escasez absoluta de agua, y dos tercios de la población mundial podrían encontrarse en condiciones de ‘estrés hídrico’.

Es grande el apremio pese a que hay suficiente agua dulce para siete mil millones de personas, según las Naciones Unidas, pero está distribuida de manera desigual, contaminada, desperdiciada o mal gestionada, lo que puede llevar a que ‘del cielo llueva candela’ y no como gotas de lluvias.

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