La herencia de Tomás Estrada Palma, 113 años después

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Por Agencia Cubana de Noticias (ACN) | 12 febrero, 2016 |
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El 10 de diciembre de 1903 se encontraba fondeado en la bahía de Guantánamo, en Cuba,   el acorazado Kearsarge al mando del  contralmirante   William Barker, quien vestía  traje de gala en su puente de mando.

La nave,  junto a otras unidades  de la marina estadounidense, estaba por iniciar con salvas de artillería el acto de recibimiento de manos del jefe de Obras Públicas de Santiago de Cuba -único cubano presente en la ceremonia-,  de terrenos aledaños para la construcción de una base naval y carbonera.

En la Habana, el primer presidente de la república Don Tomás Estrada Palma, al parecer cuidó las formas y no envió a figuras importantes  a la ceremonia  oficial  en la cual se cercenaban  117,6 kilómetros cuadrados, que desde ese momento pasaban a ser territorio gobernado  por EE.UU., ya  que no eran pocos los patriotas dentro del propio gobierno espurio opuestos a esa sumisión al vecino poderoso.

Presidido por el  Kearsarge, el acto fue consecuencia   de la Enmienda Platt, iniciativa del senador norteamericano  Orville H. Platt  y adicionada a la Constitución de  la llamada República de Cuba promulgada  el 20 de mayo de 1902 y que obligaba a las nuevas autoridades  a reconocer el derecho de Estados Unidos a intervenir cuando lo considere necesario en las cuestiones internas del país.

También exigía ceder  para bases navales o carboneras de los puertos de Cienfuegos, Bahía Honda, Guantánamo y Nipe y hasta la bahía de La Habana.

No obstante,  muchos patriotas que lucharon por la independencia se opusieron a la concesión de cuatro bases navales y en las negociaciones  pudieron deducirlas a dos, Guantánamo y Bahía Honda,  aunque esta última no se llegó a establecer.

El 16 de febrero fue firmado el convenio para el arrendamiento  de territorios de Guantánamo y Bahía Honda -aunque esta última no se llegó a establecer-, por el presidente Estrada Palma y ratificado por su homólogo estadounidense, Theodore Roosevelt, el  23 de febrero de 1903.

En los próximos 100 años, la Base Naval de Guantánamo crecería en sus funciones tradicionales en muelles, talleres y almacenes para el reaprovisionamiento de los barcos y después con el surgimiento de la aviación, se complementaron sus instalaciones con pistas de aterrizaje y todo tipo de aseguramiento para las fuerzas aéreas y  el personal militar y civil, que incluye centros de distracción, restaurantes y hasta la cadena de Mc Donald.

Fuera de los perímetros de la base, los marinos norteamericanos  estimularon el desarrollo de zonas de prostíbulos, bares y antros de consumo de drogas y actividades delictivas en el pueblo de Caimanera y  la ciudad de Guantánamo,  sintetizando a pequeña escala el destino previsto a Cuba como gran lupanar del Caribe y paraíso de la mafia norteamericana, que ya se vislumbraba con el regimen de Fulgencio Batista y que solo impidió el triunfo revolucionario del   primero de enero de 1959.

De las pistas aéreas de la base durante la lucha en la Sierra Maestra despegaron aviones  B-26 de la dictadura cargados de bombas y aprovisionados de combustibles para bombardear las zonas rebeldes.

Posterior a la victoria  de la Revolución, el enclave se convirtió en centro de apoyo a las acciones provocativas, terroristas y de espionaje contra el país. En 1961 personal del enclave golpeó hasta matarlo  a un obrero cubano y  meses más tarde fue secuestrado, torturado y asesinado un humilde pescador. También  en 1964 y 1966, respectivamente, fueron muertos dos soldados  por disparos realizados desde allí.

La dirección revolucionaria  no se dejó arrastrar a una provocación  que justificara una agresión directa a la nación como lo contemplaba la Operación Mangosta de la CIA, hoy desclasificada.  Solo la actuación firme e inteligente  de Cuba ante esos planes hizo  que en años posteriores se lograra  una etapa de normalidad en la frontera.

El enclave ganó también repercusión mundial por servir de cárcel ilegal de detenidos bajo la acusación de terroristas, sin que cuenten  con los  derechos procesales del sistema penal estadounidense  que los proteja contra la tortura y las arbitrariedades a que son sometidos, pero hasta el momento este centro de detención se mantiene,  a pesar de  la promesa  electoral de cerrarlo del presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

Dentro del actual proceso de negociaciones entre Cuba y EE.UU., nuestro país expone como principios inalienables que las relaciones entre los dos países no alcanzarán la normalización plena mientras se mantengan vigentes el bloqueo económico, comercial y financiero, la política de subversión y la ilegal Base Naval de Guantánamo.

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