De La Higuera a la vida

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Por Osviel Castro Medel | 9 octubre, 2020 |
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Cincuenta y tres años han pasado desde que La Higuera dejó de ser nombre común en esta tierra. Cincuenta y tres  del balazo a quemarropa y de las manos cercenadas de un ser humano, de la noticia que muchos no podían creer aun cuando Fidel la confirmó en un discurso. Cincuenta y tres años de una pérdida que aún hoy afloja el alma y provoca, en el silencio, una mejilla mojada.

Pero la gravedad física del tiempo, en vez de disiparnos la imagen guerrillera, nos trae más vivos los ojos del hombre,  y del  traje verde olivo que se empapó de sudor en una guardarraya, la palabra crítica con ese acento cantado de Argentina.

No importó que trataran de hacerlo mercancía, artículo… dibujo. No importó que escondieran su cuerpo bajo falsos reportes o bajo el suelo mismo de Valle Grande. Después de tanto tiempo él sigue ahí, terrenal, repitiéndonos, como tantas veces, que no es inalcanzable. Jamás fue cometa; jamás fue estatua lejana, jamás polvo en el viento.

Cincuenta y tres años después de aquel lunes 9 de octubre en la escuelita salpicada de sangre, él vive más allá de fotografías estampadas en camisetas. Habita en una carta despedida que, al leerla,  quiebra la garganta; en el ejemplo de  los trabajos voluntarios a pleno sol en El Caney o en una fábrica; en las letras trazadas con profundidad para el futuro.

Habita en la historia de saberlo ministro sin privilegios, jefe sin ínfulas, soldado sin lisonjas. Vive en una guerrilla del Congo; en la oratoria permanente contra el Águila; en la Sierra que fue maestra de su carácter y prueba contra el asma. Habita en su concepto eterno y sencillo de Quijote.

Cincuenta y tres años han pasado desde la Higuera, que ya no es sino una Hoguera de sueños,  llama del espíritu y de la vida misma.

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