La historia más allá de la rebeldía

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Por Geidis Arias Peña | 11 febrero, 2020 |
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FOTO/ Autor desconocido

Aquella casa apartada del centro urbano de la creciente ciudad de Bayamo no pasaba desapercibida a pesar de su ubicación, impropia para la suma monetaria invertida en su lujosa y fortificada construcción.

La residencia, situada en las márgenes del río Bayamo, entre sus atractivos, sobresalía en el entorno, como para destacar su imponente presencia, por una torre que se consideró la edificación más alta de la villa, desde donde se podía divisar cualquier movimiento inusual o cotidiano en el siglo 19.

Cierta tranquilidad inspira saberse solo la historia hasta aquí, pues te deslumbra la capacidad defensiva que de manera estratégica se ingenió el español Don Ignacio Zarragoitía Jáuregui al levantar una vivienda, que bien desde entonces, pudo considerarse una fortificación en la convulsa década del 60.

Pero detrás de aquellos muros de piedras, construidos por españoles, se refugiaban historias tan escabrosas, como las del yugo colonial, implantadas en plena guerra contra los mambises.

Los vastos salones y frescos corredores de la residencia conocida en la época como la Torre de Zarragoitía, despertaron el terror de una ciudad que nunca careció de arrojo y valentía.

Su dueño, algo pedante pero muy divertido,  administrador de las ventas reales de la villa San Salvador de Bayamo, convertía sus descansos en fiestas, orgías y caprichos violentos, según testimonios.

De tal modo lo refrenda un poema escrito por Carlos Manuel de Céspedes cuando escribe en noviembre de mil 851: El velo del pasado se descorre formas revisten tus cenizas frías,// aún resuena el rumor de las orgías, // un suspiro aun tus bóvedas recorre. ///Me figuro el orgullo poderoso// de tú Señor, y el golpe que certero// en el olvido confundió su historia.

Cuenta el historiador Miguel Antonio Múñoz López que la aterradora fama del lugar, se debe en gran parte a las prácticas masoquistas que el adinerado Zarragoitía y amigos solían realizar en la gran mansión.

Después de voltear la ciudad, si alguna mujer le era lo suficientemente atractiva bastaba para que este señor y sus allegados la llevaran a la fuerza, en caso de resistencia, hacia la casona y la sometieran a tener relaciones sexuales bajo maltratos y abusos lacerantes, narra el especialista.

El disgusto y el escándalo cobraba mayor repercusión porque se trataba por lo general de muchachas de piel blancas, las cuales gozaban en la época de popularidad entre los hombres y de valor para la sociedad racista y esclavista que apartaba a las negras.

Según una de las leyendas, allí acampó el famoso bandido Casimiro Montalbán que, a pesar de toda su rudeza y coraje, se suicidó en lo alto de la torre Zarragoitía por el amor de Evelina, una bella mujer de 20 años que no lo correspondió.

Contaba en versos el poeta bayamés Juan Clemente Zenea, que el fantasma del enamorado se convirtió en un cuervo negro y desde entonces canta tristemente junto a las campanadas de la Iglesia, para alertar a los jóvenes sobre las ingratitudes de la vida, según referencias digitales.

También se habla de un famoso malhechor que permaneció en la antigua vivienda y que nadie conocía. Algunos aseguraban tenía un pacto con el diablo, que por las noches se transformaba en pájaro negro y, sin ser descubierto, acechaba desde los tejados las acciones de sus enemigos, subraya un escrito en Cubadebate.

Otros consideraban una suerte salir ilesos del lugar, pues la mayoría de las personas que entraban no se les veía salir y luego no se tenían noticias al respecto.

Al iniciarse las conspiraciones en la ciudad de Bayamo contra la metrópolis española, el temerario Zarragoitía dueño de la entonces mansión es acusado de conspirador, dicen algunas hipótesis, mientras otras investigaciones reflejan que lo encarcelan porque se robaba los fundos de la otrora villa; pero se coincide en que termina muriendo en prisión, ante tal circunstancia su residencia, la fortificación más valiosa de la ciudad, termina abandonada.

La instalación fue reformada y convertida en Fuerte España, para ser rendido el 21 de octubre de mil 868 ante la entrada de los mambises a la primera ciudad libre de Cuba, por lo que tampoco escapó de otro de los hechos más significativos que sacudió la ciudad: la quema del 12 de enero de mil 869.

Luego, el lugar renombrado como Cuartel de Caballería  regresa a manos españolas y se convierte en un centro de torturas, testigo del fusilamiento del coronel Pío Rosado y sus compañeros Varona, Mojerón, Argenta en mil 880, según testifica el historiador Luis Carbonel Alard.

El sitio, emblema hoy de las gestas revolucionarias, fue refugio del capitán español Arsenio Martínez Campo, una vez derrotado en los campos de Peralejo por las fuerzas de Antonio Maceo en julio de mil 895.

Abandonado y semiderrido el sitio, al inaugurarse la república mediatizada,  lo encontró el gobierno entreguista de Tomás Estrada Palma, y se inició la restauración para servir al nuevo ejército enemigo, convirtiéndose en el cuartel de la Guardia Rural, que pasó a llamarse Carlos Manuel de Céspedes, una estrategia opositora para ganarse al pueblo.

Hasta que el 26 de Julio de mil 953, la serenidad del gobierno usurpador de Batista es perturbado por  jóvenes rebeldes que toman el cuartel para apoyar las acciones del asalto al cuartel Moncada de Santiago de Cuba, liderado por Fidel Castro.

Tras el triunfo revolucionario, en mil 959, la Torre de zarragoitía, o lo que es lo mismo llamarle el Fuerte de España, luego refugio de la tiranía norteamericana, dejó de ser un cuartel y asumió varias encargos sociales.

Yusnay Cabrera Torres, especialista en museología, cuenta que en los albores triunfantes se dio la orden de convertir el lugar en escuela, pero se demoró la reformación y quedó tal cual estaba, un poco detereorado.

También fungió como un puesto médico y un almacén, apunta la especialista, quien revela que tras el paso del ciclo Flora en 1963, ocurre un incendio lo que contribuyó al deterioro casi total del inmueble, sobreviviendo el club de oficiales, parte que actualmente es la sala expositiva del Parque Museo Ñico López, inaugurado en  1978.

Allí, con la solemnidad que aguarda la historia, estuvieron custodiadas las cenizas del comandante en Jefe Fidel Castro el 2 de diciembre de 2016.

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