La inserción de Cuba hoy en la economía mundial también requiere de cambios

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Por Agencia Cubana de Noticias (ACN) | 29 junio, 2020 |
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FOTO/ Autor desconocido

Los pronósticos de organismos, instituciones y especialistas de renombre sobre el impacto de la COVID-19 en la economía mundial cada vez son más dramáticos, hasta el punto que cualquier experto o estudioso que se respete está obligado a constantemente actualizar las cifras y, por ende, sus puntos de vista.
Junto a los escalofriantes números de infectados y de muertes por la epidemia y de inminentes rebrotes, las tendencias a nivel global siguen siendo las del aumento significativo de la hambruna, el desempleo, la pobreza y la desigualdad social; del endeudamiento de gobiernos y de una recesión de la que no escapan las naciones desarrolladas y mucho menos las del Tercer Mundo.

En opinión del Doctor José Luis Rodríguez, del Centro de Estudios de la Economía Mundial, no se trata de que la emergencia sanitaria sea únicamente la causante del cataclismo que hoy afecta a todos los países sin excepción. Lo que esta pandemia está mostrando son las consecuencias del modelo capitalista actual y su incapacidad para superar las limitaciones que impone el mercado por encima de la existencia misma de la humanidad.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) vaticina una disminución de las exportaciones de bienes -y de sus precios- de los países de la región, y del turismo especialmente en los Estados del Caribe, interrupción de las cadenas globales de valor (naciones que importan partes y bienes intermedios desde China), mayor aversión al riesgo de los inversionistas, y empeoramiento de las condiciones financieras globales, acompañado de una reducción de las remesas.

Oscar Luis Hung Pentón, presidente de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba (Anec) y de la Comisión de Asuntos Económicos del Parlamento, considera que las afectaciones de los principales socios comerciales van a repercutir en la economía cubana.

Es inevitable, pero dependerá mucho de la vocación solidaria de dichas naciones hacia la Mayor de las Antillas.
El desafío es tan enorme como inédito por ser Cuba un país en desarrollo, con pocos recursos naturales y una economía abierta, atada a las exportaciones, las importaciones y a los créditos externos, y sobre la que el recrudecimiento del bloqueo norteamericano hace más insoportable la vida de su gente y el propio desarrollo de la Isla.

En aras de dar una respuesta organizada, sin improvisaciones, a los efectos de la pandemia, a principios de mayo el Consejo de Ministros aprobó ajustar el Plan de la Economía de este año, paso que según explicó el viceprimer ministro Alejandro Gil Fernández “no es para acomodar la economía al escenario actual, sino para reducir y eliminar gastos e imponernos al complejo contexto”.

Ante la incertidumbre internacional y las inevitables contracciones del PIB en una gran cantidad de naciones, Cuba ha trazado una estrategia dividida en dos etapas: una primera dirigida a la recuperación más inmediata de la actividad económica, y una segunda encaminada a fortalecer y a seguir transformando su modelo económico y social.

La escasez de combustible, causada por las constantes sanciones de Estados Unidos a navieras de cualquier bandera que intenten trasladar petróleo a Cuba desde Venezuela; de alimentos, materias primas y equipos, y de recursos financieros, son los obstáculos fundamentales para la Isla.

En materia de Comercio Exterior el Presidente Miguel Díaz-Canel ha enumerado como prioridades la inclusión de nuevos rubros en el mercado internacional, diversificar el destino de las exportaciones cubanas, sustituir importaciones aprovechando las potencialidades productivas del país, pero sobre todo buscar la sostenibilidad a los proyectos de inversión extranjera (IE), con la premisa siempre de generar divisas y no afianzarse en aquellos negocios que a la larga no son factibles y terminan endeudándonos.

En opinión de Alejandro Gil urge “encontrar en nuestra agricultura la fuente para alimentar a nuestro pueblo. Esto no es nuevo. Importamos más de dos mil millones de dólares al año. No significa que no haya importación, pero no podemos basarnos en las compras externas”.

La dirección del país ha insistido en que el 2020 será un año en el cual los cubanos contaremos con los recursos que seamos capaces de crear y de captar mediante las exportaciones, la eficiencia en la producción y los servicios y el ahorro no solo de portadores energéticos.

Sin esperar, Cuba se alista para continuar su actualización de su modelo de desarrollo, ahora con nuevas complejidades que obligan a cambiar lo que deba ser cambiado siendo fiel a su propósito socialista, escribió un compatriota recientemente en las redes sociales, con mucha razón.

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