La invaluable fortuna de Fidel

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Por Agencia Cubana de Noticias (ACN) | 23 noviembre, 2018 |
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Dos años se cumplen ya de su partida y, con esa relatividad que suele acompañarnos a la hora de medir el tiempo -sentimientos y estados de ánimo mediante-, unas veces nos parece que fue ayer y, otras, que hace un siglo. Pero, sea como sea, lo cierto es que a Fidel se le extraña y que nos hace falta, más y más cada día.

Convencido estuvo siempre y hasta el final nos lo dijo: Los hombres mueren, perduran las ideas. Pasados dos años, después de llorarlo a mares y hacer lo que cualquier familia cuando un ser queridísimo se va, aquí estamos, herederos de sus obras y, más aún, de sus ideas y ejemplo, esa invaluable fortuna que nos legó y ha de ser bien empleada, compartida y multiplicada.

Para eso se trabaja. Menos de cinco meses después de aquel aciago 25 de noviembre,  en esa Universidad de La Habana donde  -son sus palabras- se hizo revolucionario, fue constituida la Cátedra Honorífica Fidel Castro Ruz, y a ese esfuerzo se ha sumado otro, todavía mayor, para estrenar a fines de 2019, en la capital del país, un centro destinado al estudio y difusión de su pensamiento y obra.

Bienvenido cuanto se haga, con la certeza de que será siempre poco.

Segura estoy de que nos faltará vida para llegar al fondo y alcanzar el horizonte de su pensamiento. Un pensamiento que el Doctor en Ciencias Filosóficas René Márquez Castro, Profesor Titular y Consultante de la Escuela Superior del Partido Comunista de Cuba “Ñico López”, no vacila en calificar de prolífico y precursor.

“Estudiar y aprehender sus ideas constituye un imperativo. No es tarea para los tiempos por venir y los que están por nacer. Ni siquiera se trata de las jóvenes generaciones presentes. Nos toca también y ante todo a quienes crecimos escuchándolo, lo acompañamos en cada batalla y hemos de continuar  luchando.

“¿Su mayor contribución? Si debo escoger, diría que demostrar en la práctica la fecundidad del Marxismo y del Leninismo. Lenin habló de lo nuevo que cada proceso revolucionario ha de aportar. Repetir cual calco la experiencia de anteriores procesos, además de craso error habría sido imposible en nuestro caso. Creación heroica debía ser, como afirmó Mariátegui. El Marxismo solo podía germinar en el procesocubano como expresión de lo nacional, a partir de las condiciones históricas concretas en las que se gesta, libra, triunfa y se desenvuelve la Revolución Cubana.

“Lo expresó el Comandante el 10 de octubre de 1968, que no podríamos siquiera entender el Marxismo ni llamarnos marxistas, si no empezábamos por comprender el proceso de la Revolución, resultado de esos 100 años de lucha transcurridos hasta entonces, del desarrollo del movimiento político y la conciencia revolucionaria, armada del Marxismo-Leninismo, que vino a completar el acervo, el arsenal de la experiencia revolucionaria y la historia del país.

“El de ese día en  Demajagua es un discurso imprescindible. De ahí también es la frase “Y a los revolucionarios cubanos más que a nadie nos hace falta tanto cuanto sea posible ahondar en esas ideas, ahondar en ese manantial inagotable de sabiduría política, revolucionaria y humana”. Se refería a Martí, pero igual puede decirse de él, porque es así y ambos resultan indispensables para continuar la marcha”.

Es curioso. Durante casi toda la entrevista, el Doctor Márquez Castro habló en presente de Fidel y con esa admiración que la genialidad despierta. “Porque es genial, como también dialéctico, imposible de encasillar ni de atrapar en moldes, con una insaciable sed de conocimientos, apasionado, optimista tenaz y antidogmático por excelencia. Pensemos nada más que, de atenerse al manual y seguir recetas, probablemente la Revolución no se hubiese hecho”.

A estas alturas de la plática, menciono ese “cambiar todo lo que deba ser cambiado”, presente en su concepto de Revolución, y aquel discurso memorable del 17 de noviembre de 2005 en el Aula Magna, cuando alertó sobre un real peligro de autodestrucción y nos llamó a replantearnos prácticamente todo, a encarar nuestros yerros y a enfrentar y vencer viejos y nuevos demonios. Entonces iba ya camino a los 80 y no es común que a esa edad…

“Pero es que -salta mi interlocutor- ese espíritu lo acompañó siempre. Ahí están, por ejemplo, sus intervenciones en el Segundo Congreso del Partido y su llamado a la rectificación de errores y tendencias negativas en los años 80 del siglo XX. Nada más ajeno a él que la complacencia -especialmente consigo mismo- ni más propio que la insatisfacción crítica, el reconocimiento de los errores como una condición natural en la búsqueda incesante de la verdad.

“Y hay más. En aquella telúrica tarde-noche de noviembre de 2005 nos instó a ser audaces, creativos. Necesitamos -dijo- muchas ideas, bien claras, y muchas preguntas, acerca de cómo se puede preservar o se preservará en el futuro el Socialismo.

“Ese es Fidel, el de pensamiento inquieto, el que indaga hasta llegar al fondo, el que cuestiona, bombardea a preguntas, maneja la duda como un elemento de su racionalidad, y para quien nada hay más antimarxista que la petrificación de las ideas. Fidel es gobierno y oposición a la vez, afirmó su gran amigo, Gabriel García Márquez, y no le faltaba razón.

“En el Aula Magna, al reflexionar sobre errores y peligros, responde al pesimista “Esto no lo arregla nadie” con un “Esto lo va a arreglar el pueblo”, que lo retrata como el paradigma de conductor que será eternamente, con esa extraordinaria capacidad de movilización, fruto de una autoridad moral ganada a fuerza de ejemplo, y de esa conexión con el pueblo, que de mágica solo tiene su carisma, y sí mucho de entrega total, vínculo permanente, el no mentir jamás, hablar claramente, explicar, razonar y, por supuesto, escuchar a la gente.

“Hay mucho que escudriñar en sus ideas, un mundo que aprender de Fidel. Este también es su tiempo, y como hizo él con Martí, nos toca ahora asumir también el legado de este otro iluminado. Juntos tienen bastante que decirnos, por ejemplo, sobre la unidad -esencial para el éxito de todo programa político-, ese consenso del que tanto se habla ahora, y el pesado lastre que suponen la opinión servil y la falsa unanimidad.

“En su visita a Chile durante el gobierno de Allende, dijo Fidel algo tremendamente dialéctico, y es que lo ideal en política es la unidad: de criterios, de doctrina, de fuerzas, de mando. Es lo ideal, pero otra cosa es lo real, y ha de buscarse unidad de objetivos, unidad en determinadas cuestiones, puesto que no se puede lograr el ideal de una unidad absoluta en todo.

“Tenemos mucho que aprender de Fidel sobre política, para él la primera de las artes y las ciencias e, incluso, más arte que ciencia. Aprender de sus cualidades revolucionarias y excepcionales dotes como conductor; de su espíritu indoblegable, pasión por la verdad, sentido del deber, humanismo, apego a los principios, modestia; de su indeclinable voluntad de sembrar ideas y conciencia; su fe -la de Martí- en el mejoramiento humano y la utilidad de la virtud.

“Hay, repito, que escuchar a Fidel, leerlo, estudiarlo, descubrirlo. Lo otro sería reducir ese manantial de ideas a una que otra frase, colocada aquí y allá, a veces en lugares donde lo que se hace es la antítesis de su pensamiento y obrar revolucionarios. Y es peligroso, porque puede vaciarla de contenido, hacerle perder sentido.

“Dos años atrás, movido por la exaltación, el amor, la gratitud, el dolor, un pueblo entero gritó: ¡Yo soy Fidel! Sin embargo, además de poderoso sentimiento, ser fidelista es conocimiento, brújula, arsenal, derrotero. Tenemos que hacer para que lo sea por siempre, tanto más según pase el tiempo.

“Retador es el camino, pero en los cambios económicos, sociales y políticos que vienen sucediéndose y los que el futuro exija para la construcción del Socialismo próspero y sostenible al que aspiramos, está y estará la huella de Fidel; como está y estará en cada paso hacia la conquista de un mundo mejor, con equidad y justicia para todos, en la práctica de la solidaridad y el internacionalismo, en la lucha incansable contra el imperialismo y sus desmanes y por la integración latinoamericana y caribeña y la preservación del planeta y de la especie humana”.   (Por María Elena Álvarez Ponce, ACN)

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