La literatura y los audiovisuales, ¿amigos o enemigos?

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Por Angélica Maria López Vega | 4 diciembre, 2021 |
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FOTO/ Autor desconocido

Cada vez se vuelve más frecuente ver adaptaciones de obras literarias a la televisión y al cine, pues de cierta manera aseguran un público que acepta y gusta de la trama que será recreada, esto
desemboca en grandes y acalorados debates sobre la supremacía de un arte sobre el otro.

Aunque ciertamente es más usual que las nuevas generaciones prefieran la industria cinematográfica antes que los libros, siempre existen aquellos que disfrutan una buena lectura y que se vuelven, a
veces, hipercríticos ante su versión en la pantalla.

La verdad es que ambas manifestaciones tienen, salvando las distancias, disímiles puntos en común; entre estos, que poseen estructuras narrativas similares, clasifican a sus personajes según sus características y función (protagonistas, antagonistas, secundarios) y comparten subgéneros, como la ciencia ficción, el policíaco, la tragedia, el drama, la comedia, entre otros.

Sin embargo, es en sus diferencias en las que radica la belleza de cada una; por ejemplo, con los li-
bros tienes la oportunidad que el cine niega de imaginarte los escenarios y los personajes a tu antojo complementándolos con las descripciones del autor.

Es ahí cuando aparece la magia de la literatura porque las mismas páginas leídas por personas diferentes pueden resultar en escenas totalmente distintas; y es por ello se complica complacer en una
adaptación cinematográfica a toda la audiencia que disfrutó primero la lectura de la obra.

Por otra parte, el audiovisual tiene complementos que son un plus para adentrarte en la historia y
hacerte vivirla de manera diferente, convirtiéndola en una experiencia novedosa y diferenciándola de la
palabra escrita.

La música es uno de ellos, una buena banda sonora habla por sí misma en la pantalla, al igual que una fotografía bien lograda, y un despliegue magistral de efectos visuales en el caso que se requieran.

Jamás será lo mismo, ni igual de impactante, leer la narración de un combate que verla, porque es innegable la fuerza que tienen las imágenes, también ver a los personajes cobrar vida, siempre y cuando los actores los representen correctamente, es estimulante, de hecho, a veces las actuaciones son tan fantásticas que llegan a opacar la idea preconcebida que teníamos.

Además, he de reconocer como lectora asidua que el acto en sí mismo de la lectura es solitario y se
vuelve complejo el debatir sobre la obra si no tienes a alguien cerca que ya haya disfrutado de ella.

Por otra parte, el cine y la televisión te brindan la posibilidad de entretenerte con tus amigos, pareja
o familia simultáneamente, lo que facilita el intercambio de ideas, puntos de vista e interpretaciones, porque al final cada persona tiene
ópticas diferentes.

Válido es aclarar que existen maravillosas adaptaciones, las cuales, aunque no superarán a los libros en cuestión de pormenores, descripciones, monólogos interiores, etc., como es el caso de Juego de tronos, El señor de los anillos y Harry
Potter; sí constituyen por sí mismas obras de arte.

Hay casos en los que la película se volvió más icónica que la propia historia original, demostrando el poder del séptimo arte; El club de la lucha, Psicosis, El Padrino y El silencio de los corderos, son ejemplos fehacientes de esto.

En resumen, ambos lenguajes son diferentes, y por tanto generan sensaciones y vivencias distintas. No pretendamos que una película por muy larga
que sea incluya todos los detalles que resguardan cientos y cientos de páginas; es por eso que siempre existirán cambios, el proceso de adaptación requiere, por su propia naturaleza, una transformación.

Este hecho no es algo negativo en realidad y debemos aceptar que un filme o una serie nunca serán como imaginamos el libro, debemos
apreciar cada pieza de manera individual, pues las experiencias que generan la literatura y el cine pueden ser complementarias e, incluso, enriquecedoras.

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