La moto de Felo

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Por Luis Carlos Frómeta Agüero | 16 enero, 2020 |
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                                                                          Un hombre no es otra cosa que lo que hace de sí mismo.

                                                                                                                                               Jean Paul Sastre

Felo es tremendo tipo. Vaya, como se dice en buen cubano, un jodedor de primera clase. Para este jiguanisero radicado en Bayamo, no hay almuerzo que se resista, ni viaje que lo mantenga callado.

Dicen que fue trovador, vendedor de chicharrones de viento, de dulces, fotorreportero de guerra en Angola, profesor de Fotografía en el parque Granma, custodio de un grupo electrógeno en Santa Rita, filósofo popular y motorista.

Resulta difícil verlo de mal humor, excepto cuando se le rompe la cámara digital o no logra la imagen deseada, porque en honor a la verdad, para él no hay tiempos difíciles, de ahí que… a mal tiempo, buena cara.

Por eso sonrió tanto cuando supo que al periódico La Demajagua, donde labora como fotógrafo, “le habían asignado una moto”.

-Voy a pedirla -dijo a muchos compañeros de trabajo y formuló de inmediato la solicitud, seguro de sus grandes méritos laborales.

Durante una semana todo se mantuvo en absoluto secreto. Creo que fue una de las pocas veces en la que no se filtró una información entre quienes ejercen su influencia comunicativa. Solo la hermana comentó con algún colega de la prensa escrita:

-Chico, ¿es verdad que le van a dar una moto a Felo? Yo pienso que se la merece. Ese muchacho trabaja cantidad. Y dicen que es tremendo fotógrafo.

Llegó el lunes y el matutino fluyó como de costumbre: noticias internacionales, el acontecer de Granma y de Cuba, las deportivas, culturales, efemérides… y por último el esperado dictamen de la “comisión”. Había llegado el momento de dar a conocer quién se llevaba la moto.

Felo estaba nervioso, cruzaba los pies una y otra vez mientras lanzaba una indiscreta mirada a sus colegas. Los ojos le brillaban hasta más no poder, estaba seguro de la nueva victoria.

Al fin llegó el “dictamen sindical”:

-Bien, compañeros, -dijo la secretaria- luego de analizar profundamente todas las solicitudes y valorando el trabajo de los aspirantes, decidimos entregarle la moto al fotógrafo Rafael Martínez Arias.

Una ovación estremeció el edificio. La noticia le desbordaba los poros a Felo. Con aire de triunfador se acercó a la presidencia para recibir el bono del equipo cuando una carcajada, no ensayada de los presentes, le paralizó el alma al ver entre sus manos un papel impreso con una flamante moto Suzuki que decía “Para Felo”.

Al percatarse que se trataba de una broma, miró a sus compañeros con cierta picardía y con ingenua sonrisa solo atinó a decir:

-Me la hicieron bien. De todas formas, no importa, ustedes son mis hermanos y los seguiré queriendo.

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