La música y la vida Entre cuerdas

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Por Zeide Balada Camps | 30 septiembre, 2016 |
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Foto Luis Carlos Palacios Leyva
Foto Luis Carlos Palacios Leyva

Si alguien duda de lo que puede conseguir el empeño femenino, necesita conocer a Mariagne de Dios Morejón Perea. Ella se ha propuesto cultivar la música de concierto de una manera sui generis, al seleccionar un formato poco frecuente en el panorama cubano.

La música no es un azar en su vida, al contrario es una elección que le confiere plenitud a sus días. Fue junto a su madre que Mariagne descubrió el mundo de la guitarra; con ocho años matriculó en la antigua Escuela de música Rafael Cabrera, de Bayamo, en la suroriental provincia de Granma.

Allí, comenzó su formación y hasta hoy no ha cesado: primero como guitarrista hasta el Nivel elemental, luego descubrió el laúd y se graduó de ese instrumento en la Escuela profesional de arte Manuel Muñoz Cedeño.

Tras cada acto del quinteto Entre cuerdas, los aplausos premian la ejecución, y Mariagne quien es su directora disfruta del ambiente mágico entre público y sus muchachas.  Aunque es un grupo joven, figuras como Pancho Amat, Premio nacional de la Música 2010, y Jesús Ortega, director de la Orquesta de guitarras Sonantas Habaneras han elogiado sus propuestas.

-¿Cuénteme cómo llega a los instrumentos de cuerda?

“Tuve la suerte de ser alumna del gran guitarrista Rolando Morales y de Miriam Pompa, quien es integrante de mi quinteto en la actualidad. Al laúd llegué por curiosidad, quise averiguar que podía hacer con él. Al principio fue trabajoso el cambio, porque había mucha desinformación sobre lo que podía tocarse. Lo único que sabía era sobre la música campesina y repentista, pero después me enamoré del instrumento”.

– ¿Cómo surgió el proyecto que dirige?

– Fue mi concierto de graduación lo que después me motivó a emprender el proyecto de Entre cuerdas. En esa ocasión hicimos un cuarteto y me encantó. Al graduarme empecé como laudista repentista en la emisora Radio Bayamo, en el grupo Raíces Cubanas, fui la sucesora del gran maestro Elier Fonseca y ahí estoy todavía.

“El comienzo del quinteto fue informal, no tenía bien madura la idea, es una responsabilidad muy grande, lleva su tiempo empastar tímbricamente, elegir repertorio, hacer los arreglos, porque no existen partituras para este formato atípico. No creo que exista otro en el país.

“Con el cuarteto descubrí que había un desbalance tímbrico, los dos laudes tienen una sonoridad muy alta, igual que el tres, tenía una sola guitarra para dulcificar la unión, me percaté que necesitaba dos guitarras, y cuando monté una nueva obra con ese formato descubrí la sonoridad que buscaba. Iniciamos en 2011, en el 2015 nos aprobaron en el Centro de la Música Sindo Garay (actual Empresa comercializadora de la música y los espectáculos) y en enero de este año ya tocamos como profesionales”.

– ¿Es casual que sean todas mujeres o lo decidió así desde el comienzo?

– Al inicio no éramos todas muchachas, en el tres había un varón, pero después me alumbró la idea de que fuéramos todas mujeres. No es una casualidad, deseé que el tres, el laúd, y la guitarra que también tuvo su etapa de ser interpretado por hombres, fueran tocados por manos femeninas; si hay mujeres estudiando en una Escuela profesional de arte estos instrumentos cubanísimos quiero que ellas desempeñen un papel protagónico, y hagan música de concierto de elevada exquisitez”.

– ¿Qué géneros y autores prefiere?

En un principio queríamos hacer música clásica, hemos trabajado obras del estilo Barroco, Romántico, Clásico, y a compositores como Telemann, Schubert, Mozart, pero realmente estos instrumentos tienen un sello que no puedo romper totalmente, y es que son cubanos; me di cuenta que no podíamos encerrarlos, sino que fueran capaces de romper todas las barreras.

“Ahora interpretamos también música latinoamericana y popular cubana, pero instrumental. Quiero ejecutar obras sin tabúes”.

– ¿Cuanto sacrificio exige mantener el quinteto? ¿Tuvo obstáculos?

– Al principio había muchas puertas cerradas, era muy joven iniciando un proyecto que no tenía estructura similar, en el Centro de la Música Sindo Garay, era atípica pero cuando se escuchó la calidad sonora, todas esas puertas se abrieron y creyeron en nosotras.

“Tuvimos un largo tiempo de espera para que se aprobara aquí, tal vez porque no nos veían lo suficientemente preparadas, y yo lo entiendo porque se deben superar etapas, pero en el Instituto Cubano de la Música, fue muy rápida la aceptación.

“La parte de los instrumentos también va por nuestra cuenta, es complejo y costoso darles mantenimiento; no obstante, trabajamos profundamente, ensayamos tres veces a la semana tres o cuatro horas. Estoy muy contenta con mis compañeras, soy muy exigente y ellas se han entregado a la par de lo que les he solicitado. Yo hago el arreglo inicial y para cada una, luego se lo estudian y por especialidad realizan sus aportes, los arreglos al final se hacen en conjunto”.

– ¿Cuáles serán sus próximos pasos, qué anhela?

– “Añoro que podamos tener un espacio fijo, no sé si mensual o trimestral, para que Entre cuerdas pueda hacer un trabajo más hondo y logre mostrarse al público en todas sus formas, pero no se ha podido, estamos sujetas a la programación que el Centro de la música nos da. Muchas personas nos siguen y preguntan donde vernos y no tenemos respuesta para eso, es un poco triste.

“Quiero realizar un concierto este año, y aunque no es una decisión que depende de mí, quisiéramos participar en el Festival de Guitarra de Las Tunas en el que ya estuvimos como invitadas, pero ahora deseo ir como concursante, igual que al Festival de Cámara de la Habana “.

– ¿Ha pensado alguna vez salir de Bayamo?  

– Sí, pero de manera momentánea, para darnos a conocer, para interactuar con otros grupos, personalidades, que nos puedan influenciar de manera positiva, no pensamos dejar Bayamo. Amo este lugar, no me voy a ir de aquí, esta ciudad necesita que el talento joven se quede y tenga deseos de hacer para que la cultura crezca.

Foto Luis Carlos Palacios
Foto Luis Carlos Palacios

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