La “novela” de la campana de La Demajagua

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Por Osviel Castro Medel | 12 octubre, 2016 |
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FOTO/ Rafael Martínez Arias
FOTO/ Rafael Martínez Arias

Algunos no supieron valorar la trascendencia de la noticia. Tal vez es porque no conozcan la historia de esa reliquia de Cuba. Me refiero a la campana de La Demajagua, la que, como se anunció hace poco, presidirá la XXII Fiesta de la Cubanía (17 al 20 de octubre) y por primera vez estará en la Casa Natal  de Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria.

No son noticias simples.  La “novela” de la campana que llamó a los patriotas a la lucha por la independencia está llena de detalles hermosos.

Con 59 centímetros de altura y 204 libras de peso, ese “cascabel” de bronce fue situado en Demajagua (como también se dice) en 1860, cuando era propietario de la hacienda Francisco Javier de Céspedes, hermano de Carlos Manuel.

Días después del bombardeo a  esa propiedad (17 de octubre de 1868), la campana fue trasladada al cercano ingenio La Esperanza, en el que estuvo varios años; luego, al cerrar tal central, quedó a la intemperie hasta 1900.

En octubre de ese año, por gestiones del puertorriqueño Modesto Tirado, primer alcalde de Manzanillo y comandante del Ejército Libertador, se transportó solemnemente al salón de sesiones de la alcaldía de la Ciudad del Golfo, según relatan Hortensia Pichardo y Fernando Portuondo en el libro Dos fechas históricas.

De allí salió en 1918 hacia La Habana, a raíz de los 50 años del 10 de octubre. En el gobierno de Machado, en 1926 y 1929, según el sitio web A la bahía, hubo intentos de llevarla de nuevo a la capital para hacer propaganda política, pero los manzanilleros lo impidieron.

En 1947 el símbolo fue motivo de controversia nacional. En ese año el presidente de la República, Ramón Grau San Martín, quien pretendía la reelección para el período 1948- 1952, comisionó a su ministro de Gobernación, Alejo Cossío, para que buscara en Manzanillo la histórica pieza, la cual presidiría el acto por los 79 años del grito independentista. Se trataba en realidad de una estratagema de politiquería.

El enviado del mandatario viajó a la Ciudad del Golfo el 6 de octubre, según escribió en Bohemia el periodista Pedro Antonio García. Pero los manzanilleros recibieron al emisario  con gran repulsa. Incluso, uno de los concejales locales le dijo molesto: «Ladrones, la campana, no. Se lo han llevado todo y ahora quieren llevarse hasta la Campana. ¿Dónde está el dinero destinado a las obras de Manzanillo?… No se llevarán la campana, no se la dejaremos llevar, porque lo que harían con ella sería ultrajarla”.

Por eso, Cossío retornó sin nada a La Habana.

Fue entonces cuando el  vicepresidente de la escuela de Derecho de la Universidad de La Habana, un muchacho impetuoso llamado Fidel Castro, le propuso a la dirección de la FEU –en la cual se encontraba Alfredo Guevara- que «tomara en sus manos la situación sin pérdida de tiempo y trajera la histórica reliquia a La Habana» para protestar en un gran mitin contra el Gobierno .

Al propio Fidel se le dio la encomienda de pedir prestada la campana. Acompañado de Lionel Soto,  el futuro abogado se presentó ante  la Delegación de Veteranos de Manzanillo.

Los hijos de esa urbe aceptaron entregar temporalmente la pieza. A principios de noviembre de 1947 el dirigente estudiantil viajó en tren a La Habana con la campana.

Según el sitio digital A la bahía, del sectorial de Cultura en Manzanillo, «el traslado fue realizado desde el Ayuntamiento para el ferrocarril utilizando un carro Pullman de bombero de Manzanillo. En la estación estaban por parte de los veteranos Manuel Berro Reyes, el Comandante Ramón Hernández, el soldado Blanes y Don Modesto Tirado Avilés».

Junto a Fidel y a Soto viajaron veteranos manzanilleros de la guerra de independencia. Llegada a la terminal habanera, la campana fue transportada en hombros por estudiantes universitarios, quienes la colocaron en un vehículo; este «marchó por las calles Zulueta, Neptuno, Belascoaín, San Lázaro hasta la Universidad, donde una multitud delirante vitoreó su llegada», como relata Pedro Antonio García.

La pieza fue situada en el salón de los Mártires de la FEU, cubierta por una bandera de Carlos Manuel de Céspedes y quedó bajo custodia de los estudiantes, quienes, por disposición de Fidel, montaron turnos de guardia.

Sin embargo, en la madrugada 6 de noviembre, por un descuido tremendo fue robada del recinto universitario. Un grupo gansteril, comandado por Eufemio Fernández Larrea, cumpliendo órdenes del ministro de Educación, José Manuel Alémán, y del propio presidente Grau, penetró armado en la Universidad y sustrajo el precioso objeto.

Se pretendía así echar a perder el mitin convocado para la noche de ese día. De todos modos la congregación se realizó; tuvo como incentivo la indignación generalizada por el robo.

En el acto, como detalla la periodista Adelina Vázquez, Fidel Castro calificó el hurto de «inaudito y de ultraje a la reliquia de la República». También remarcó: «para los apóstatas autores del hecho nuestra repulsa y desprecio».

Las protestas crecieron en La Habana mientras que Manzanillo quedó  prácticamente paralizada. La situación se tornó tan compleja que los ladrones, tras haberla escondido en un apartamento del Vedado, tuvieron que deshacerse de esta: la lanzaron al portal del general del Ejército Libertador Enrique Loynaz del Castillo. Él, al percatarse, la llevó al mismísimo Grau, quien, en conferencia de prensa, anunció el «hallazgo».

Pero  las manifestaciones se mantuvieron porque algunos “pasados de listos” dentro del Gobierno pretendían dejar la campana en La Habana; unos propusieron el Capitolio como paradero final.  Otros empezaron hablar de posibles leyes del Congreso para buscarle otro puesto distinto al del Ayuntamiento de Manzanillo.

A la sazón esa  ciudad volvió a enardecerse con un lema colectivo: «Que nos devuelvan la campana»; los estudiantes también se acaloraron. Finalmente, el 12 de noviembre de 1947 la pieza fue devuelta, por avión, al Ayuntamiento de Manzanillo.

En ese lugar permaneció hasta que en 1968, en la inauguración del Parque Nacional La Demajagua, se trasladó a ese sitio, en el que tañe oronda todavía.

Después de ser ubicada allí fue desmontada de ese sitio solo tres veces: el 30 de marzo de 1987, cuando jóvenes de Granma la llevaron al V Congreso de la UJC, celebrado en abril en la capital cubana; en octubre de 1991 cuando se transportó a Santiago de Cuba para el IV Congreso del Partido; y en febrero de 1995 para la Sesión Solemne de la Asamblea Nacional del Poder Popular con motivo de los 100 años del levantamiento del 24 de febrero.

Desde hace 21 años no ha sido movida de La Demajagua.  Esta sería la cuarta ocasión en que se traslada. Pero volverá de nuevo a su sitio, tras la Fiesta de la Cubanía. Allí permanecerá  para seguir estremeciendo la nación cada vez que sea necesario y para recordarnos el gesto inmortal de Céspedes, aquel octubre de 1868.

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