La otra familia

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Por Yasel Toledo Garnache | 31 diciembre, 2015 |
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Los niños disfrutaron con las ocurrencias y juegos de la payasa Panetela.
Los niños disfrutaron con las ocurrencias y juegos de la payasa Panetela.

Ellos conviven como hermanos en una casa grande, entre juegos, sonrisas, sueños y recuerdos. Sus nuevos familiares los cuidan y educan como a hijos.

Los protagonistas de esta historia son 12, residentes en el Reparto Jesús Menéndez, de Bayamo, pero suman decenas en la provincia.

Viven en los llamados hogares de niños sin amparo filial, creados, en Cuba, en 1984, por el Consejo de Estado a través del Decreto Ley 76, en correspondencia con el artículo 40 de la Constitución de la República, que especifica “el gobierno socialista debe prestar especial atención a la niñez y la juventud, por tanto acoge a niños carentes de cuidados familiares, nutritivos y vestimenta adecuada”.

Su objetivo fundamental es proporcionarles condiciones de vida semejantes a las de una vivienda. En Granma, como en todo el país, algunos acogen a menores de seis años y a otros a mayores de esa edad hasta los 18 años.

El término (sin aparo filial) no gusta a varios trabajadores, porque “nosotros somos parte de su familia”, dice Mireya Palma Álvarez, cocinera durante 17 años en ese tipo de instalación, quien agrega: “Los quiero como si fueran míos. Varios llegan hondo en mi corazón. A veces, se ponen un poco malcriados, como todos los muchachos.

“Los aconsejamos y atendemos de la mejor manera. Elogian la comida e ingieren cantidad”.

Recuerda de forma especial a un pequeño que lloraba cada tarde cuando ella salía: “Siempre me decía mamá”, agrega con tono suave, y levanta la mirada, como si reviviera aquellos momentos.

La directora, Yamila Leyva Menéndez, explica que algunos tienen trastornos conductuales, relacionados casi siempre con experiencias personales. Suelen ser hijos de padres reclusos o fallecidos, en ocasiones son abandonados. “Varios tienen padecimientos siquiátricos”.

La pequeña Emili iba de un lugar a otro, tomaba a alguien por la mano y lo llevaba hacia un banco en el patio o hacia una mesa, en el comedor.

“Ella tiene retraso mental moderado, sufre esquizofrenia y ataques de epilepsia, pero es un amor, la queremos muchísimo”, expresa Leyva Menéndez.

Añade que todos se mantienen vinculados a centros escolares, con buenos resultados académicos de manera general, incluidas tres en la escuela técnica General Luis Ángel Milanés e igual cantidad en escuelas de enseñanza Especial, incluida Emili, a quien atienden en la propia casa

“Tenemos excelentes relaciones con sus maestros. Hacemos seguimiento y control durante tres años también a quienes egresan, sea por adopción, porque los padres terminan la condena, se recuperan del alcoholismo o porque ellos cumplen 18 años de edad. Vamos a sus comunidades, los invitamos a nuestras actividades…

“Durante su período aquí, reciben un estipendio, que llega hasta 180 pesos, en el caso de los mayores de 14.

“El colectivo es maravilloso, integrado en su mayor parte, por mujeres. Logramos que confíen en nosotros. Las muchachitas nos dicen ‘tengo novio’ y ellos vienen a pedir sus manos. Les permitimos salir en un horario determinado. Si es después de las 6:00 pm, las acompaña una trabajadora.

Enuncia que algunos pasan fines de semanas en hogares de las llamadas familias sustitutas, con quienes pueden tener o no vínculos consanguíneos, lo cual resulta importante para su formación y que perciban cuáles son los roles en una vivienda, como funcionan”.

Cerca de nosotros, estaba su hija Elisbet Roselló, de onceno grado, quien visita la instalación con frecuencia y es una especie de hermana para todos. “Me encanta venir aquí. Los aprecio mucho”.

DÍA DE FIESTA

El 18 de diciembre esperaban expectantes a los integrantes de los clubes de música de la Década prodigiosa Deseos de vivir y eterna juventud, de Santa Rita, en Jiguaní.

Las jovencitas lucían peinados elegantes, en especial Dailén Sardinas, quien cumplía 15 años de edad: “Me tratan de maravilla, recibo el cariño de personas que quiero y admiro. La comida es buenísima. Nos sacan a pasear a diferentes provincias, al Parque Granma, a los museos, a la piscina del hotel Sierra Maestra… Me relaciono con los demás, sobre todo con mi hermano”, dice sonriente y con algo de nerviosismo”.

Para Yoan Aguilar Zamora, “lo mejor es lo bien que me tratan. Esto me gusta cantidad”.

Yamisleidis Rivero Blanco, durante 11 años allí, señala: “Me dan atenciones que nunca tuve”, y agrega versos, con la mejor melodía en sus ojos: “Me siento feliz de vivir en este hogar/ donde todos disfrutamos del cariño maternal/ tenemos casa, cama…”

Su hermano Ramón Luis Rivero sonríe mientras la escucha, y expresa: “Quiero ser ingeniero agrónomo”.

En la mesa de al lado, Yordan Serrano Márquez, de siete años, apunta que le gusta estar con los demás para jugar. Deseo ser policía y médico, por eso voy a la escuela”. Sin preguntarle, añade “mi papá es muerto”, y continúa entretenido con algo en sus manos.

Hablaban de encuentros deportivos, actividades en la comunidad, intercambios, conversatorios, momentos en centros recreativos…

SONRISAS,  MÚSICA, BAILES…

Minutos después la música, canciones y más alegría invadieron el patio de la casa, gracias a las presentaciones de los visitantes de Santa Rita, quienes se disfrazaron de personajes, regalaron una sección de fotos a la quinceañera, realizaron juegos de participación… y estaban repletos de colorido.

Los príncipes enanos sonreían y aplaudían, en especial a la payasa Panetela, interpretada por Yoanis Gómez Castillo, promotora cultural de aquel poblado jiguanisero, quien después expresó: “Este ha sido uno de mis públicos más especiales”.

La joven Diannelis García, una de las organizadoras e instructora de arte de la especialidad de Música, manifestó: “Me siento feliz. Es la segunda vez que participo en una actividad como esta. Trataremos de mantenerla cada año, como una entrega de amor. Ojalá muchos se sumen”.

La iniciativa incluyó una valija con ropa y entregas de medios de enseñanza, juegos, golosinas, cakes…

Al final, la directora Yamila Leyva, apuntó: “Esta fue una actividad maravillosa, muestra de talento y bondad, verdadera obra de educadores por el infinito amor”.

En la mente persisten las imágenes de los pequeños y adolescentes risueños, en especial las de tres hermanitas muy activas, el rostro lleno de luz de Mireya, la amabilidad de Isoelia Andino, la otra cocinera, y aquella expresión, que repiten allí: “Esta es nuestra otra familia”.

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