La pandemia aún no termina

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Por María Valerino San Pedro | 12 octubre, 2021 |
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FOTO/ Luis Carlos Palacios

Cuando en la mañana del martes de la semana anterior salí a la calle y aprecié “un mar” de personas como hormigas locas de un sitio a otro, de una a otra “cola”, la piel se me puso de gallina y concluí que sencillamente no aquilatan para nada el verdadero riesgo de la Covid-19.

Tal panorama, repetido cada día hasta hoy, es el resultado de “no ver” que el SARS-CoV-2 es el virus más desarrollado en la historia mundial, con una rapidísima propagación y sin reparar en nada ni en nadie.

También lo es de no prestar atención a que la enfermedad que provoca es letal y aún desconocida para la ciencia, por lo cual no existe una solución farmacológica.

El que pudiéramos llamar “espectáculo” obedece a que muchísimas personas “son sordas” a las disposiciones que diariamente directivos de Salud Pública ofrecen a la población, y a las orientaciones de las máximas autoridades partidistas y gubernamentales de la provincia.

El tema parece reiterativo, pero la realidad demuestra que no lo es, y que todo cuanto se haga o diga a favor de lograr una mayor percepción del riesgo es insuficiente, pues la flexibilización de las medidas restrictivas adoptadas, con la apertura de diversos servicios de trámites, varias opciones de comercio y gastronomía, transporte, turismo y el reinicio del curso escolar para los grados terminales, ha sido para muchos sinónimo de relajamiento de conductas.

El hecho de que las cifras de confirmados, ingresados, sospechosos y contagiados en edad pediátrica hayan tenido una sustancial disminución en los últimos días no es equivalente a confiarnos, ni a pensar que todo está resuelto, aún varios municipios continúan en muy alto riesgo, y el futuro frente a la Covid-19 es incierto.

Era sabido que toda vez se reabrieran servicios vitales de la vida social y económica, y se reincorporara la mayoría de los trabajadores a sus puestos laborales, el riesgo vuelve a incrementarse, pero la mayor responsabilidad recae en nosotros, quienes debemos ser consecuentes y muy disciplinados, adaptándonos finalmente a ser más sistemático con las acciones higiénicas en el entorno social y en lo personal.

Además nos corresponde ser cautelosos en el acercamiento social, y evitar las aglomeraciones en sitios públicos, y cuando sea imprescindible hacer una cola para adquirir productos de primera necesidad, hagámoslo como está establecido, protegidos con mascarilla, a una distancia prudencial de las demás personas y con el pomo de cloro o alcohol para las manos.

Todos estamos deseosos de retomar las actividades cotidianas, de comportarnos como estamos acostumbrados, de socializar a la usanza de los cubanos, pero, sin olvidar que por ahora las cosas no podrán ser igual que antes y por tanto, vivimos y viviremos durante un tiempo una “normalidad anormal”, lo cual exige sacrificios, disciplina y comprensión, porque nadie, de seguro, desea la triste realidad impuesta por el coronavirus.

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