La Psicología desde un centro de aislamiento

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Por Yanelkys Llera Céspedes | 14 abril, 2021 |
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FOTO/ Cortesía del entrevistado

Deglis Figueredo Palma, es una de los tantos jóvenes educadores, que hoy laboran en los centros de aislamiento. Licenciado en Psicología, con seis años de experiencia, trabaja en la Escuela Primaria “Ciro Redondo García”, del municipio Bayamo, provincia de Granma, donde se desempeña como Psicopedagogo además de Jefe de Ciclo.


Varios centros educativos de la provincia, se han convertido hoy, en centros de aislamiento, debido al incremento de casos positivos de COVID 19 que se han detectado en este territorio del oriente del país. La Escuela Formadora de Maestros “Rubén Bravo Álvarez” es un ejemplo de ello donde labora el protagonista de esta historia.

– ¿Cómo llega Deglis hasta aquí?

Cuando comenzó la pandemia en Cuba, escuché la necesidad de apoyar en diferentes tareas, pero no fue hasta ahora que pude solicitar mi disposición y venir junto a otros compañeros de mi escuela, que aclaro, no fuimos obligados, todos los que estamos aquí hemos venido hasta acá por voluntad propia, sabiendo que la tarea sería dura, pero se necesitaba de nosotros y aquí estamos.

– Tengo entendido que vives solo con tu mamá. ¿Qué dijo ella al respecto?

Mi madre, Ramona Martha Palma Hernández, es médico en el Hospital Provincial “Carlos Manuel de Céspedes”, miembro de la brigada Henry Reeve y ha prestado sus servicios en cuatro países: Guatemala, Brasil, Venezuela y Paquistán, en este último, fue tras el terremoto ocurrido allí. Cuando le conté que vendría para acá, lo entendió perfectamente, me dio su apoyo y solo me dijo que tomara las medidas para evitar contagiarme.

Figueredo Palma, de 33 años de edad, labora en el Pantry de este centro de aislamiento, donde le corresponde llevar el desayuno, la merienda, el almuerzo, la comida y repartirla junto a seis compañeros a los contactos de casos positivos del Sarv-Cov-2 que se encuentran aislados en esta institución.

– ¿Qué es lo más difícil que te ha tocado vivir?

Todos los días hay situaciones que te revuelven los sentimientos y las emociones, más a mí que soy psicólogo, veo el sufrimiento en esas personas que esperan ansiosamente el resultado del PCR donde no siempre es negativo. Aquí hay sujetos de diferentes edades y no tienen la misma capacidad de fortaleza, por eso cada vez que puedo les doy mi consejo, aunque por dentro me sienta tan impactado como ellos, luchando contra una pandemia que sigue afectando a la humanidad.

Pero lo que me marcó ocurrió hace unos días, cuando llegó una joven con su niño que tiene alrededor de 4 o 5 años, este infante que no tiene conciencia de la enfermedad como todo niño quiere jugar y en ocasiones se escapaba de su habitación y salía corriendo. Hoy llegaron los resultados de su PCR y la madre del niño dio positivo y el pequeño negativo, fue triste ver como los familiares se lo llevaron de alta llorando por no poder quedarse con su mamá que luego se traslada a otro centro. Es muy duro, solo cuando lo vives entiendes verdaderamente la gravedad del asunto.

– ¿Cómo calificas a los educadores que como tú hoy se encuentran laborando en centros de aislamiento?

Yo los calificaría de “Valientes” como dice la canción de Buena Fe, pues la labor que estamos realizando es de mucho sacrificio y entrega, los pacientes se dan cuenta de eso y nos preguntan nuestros nombres para luego hacer público su agradecimiento para con nosotros. Solo imagino que podría estar en la misma situación que ellos, por eso doy todo de mí, al menos esa angustia de esperar un resultado se torna menos compleja. De educación, estamos aquí quince compañeros de ambos sexos y me atrevo hablar en nombre de todos, la máxima dirección de país con nosotros puede contar, estamos y estaremos siempre que se nos necesite.

Muchos son los trabajadores del sector educacional que en estos tiempos se enfrentan cara a cara con la COVID-19, docentes de diferentes enseñanzas que no están precisamente delante de una pizarra, hoy la tarea es otra, la salud se impone y nos corresponde a todos preservarla, porque los educadores también, somos parte de ese ejército de batas blancas.

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