La Santa Rita nutre su historia

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Por Anaisis Hidalgo Rodríguez y Sara Sariol Sosa | 12 agosto, 2021 |
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El 80 por ciento de las producciones de “Santa Rita” se utilizan como semillas, el resto se destinan a un mercado de la localidad.Foto/ Rafael Martínez Arias

Es probable que la finca Santa Rita, asentada en el municipio de Yara, supere al cierre del 2021, varios volúmenes de entrega de granos para semillas, que anualmente han oscilado entre las 80 y las cien toneladas.

Lo asegura Luis López Chávez, quien ha hecho de ese pedazo de tierra, heredada de su padre a los 17 años, un referente a fuerza de constancia y dedicación, incluso mucho antes de que, por interés del país, se convirtiera en finca de semillas con alcance nacional.

Perteneciente a la Cooperativa de Créditos y Servicios VIII Congreso, la organización productiva asume con alta responsabilidad tal encargo desde hace poco más de tres décadas, y desde entonces, según López Chávez, ha incursionado en sus 70 hectáreas de tierra (alrededor del 90 por ciento sembradas) en cultivos de variedades y líneas productivas diversas, como garbanzo, frijol, maíz y más recientemente en quimbombó, entre otras, en aras de abastecer de semillas a agricultores granmenses y de otros territorios cubanos.

CUANDO CONVERGEN CIENCIA Y TÉCNICA

Un elemento signa los cultivos de la finca, suerte de entorno experimental, y es el elevado rendimiento de las variedades que cultiva, resultado al cual, amén de la tecnología disponible, como sembradora, fertilizadora, equipos de riego modernos, le aporta sobremanera, la atención constante del colectivo de 25 trabajadores que allí laboran, y que cuando así se requiere se apoya en fuerzas eventuales.

Tal ha sido el esfuerzo de estos años, destaca Luis López Chávez, productor líder del movimiento de extensionismo agrario en Cuba, que hace seis años atrás, los rendimientos eran pírricos, y actualmente, por citar solo dos cultivos, en 30 hectáreas de maíz dorado, se obtiene un rendimiento potencial de 6,6 toneladas por hectáreas, contra una en aquel tiempo; también en el frijol, los rendimientos, de una tonelada por hectárea, se han elevado a 2,5 y hasta tres.

Foto/Rafael Martínez Arias

Hoy la Santa Rita extiende sus incursiones al maní incluyendo una variedad blanca que el país ha puesto a prueba en esas tierras, y hace balance de la cosecha de un maíz de elevado rendimiento (a propósito, lleva el nombre de la finca), y que por su porte bajo facilita la cosecha mecanizada, y minimiza las afectaciones por los vientos.

El rescate de nuevas variedades de calabaza, como la C 2000, extinguida, cuenta también el bregar de esta unidad productiva que se sostiene entre empeño y abrazo con la técnica y la ciencia.

En su finca convergen estudiantes de la Universidad de Granma a desarrollar tesis en diferentes cultivos y se llevan a cabo estudios encabezados por el Instituto de granos del país, rectorado por la Estación experimental de Jucarito.

Tales nexos permiten probar  la valía de semillas de arroz, maní, maíz  y en mayor cuantía frijol, llegándose a probar hasta 25 variedades con potencial y que pudieran ser resistentes a la sequía y a las plagas.

“Aplicamos de conjunto con la Universidad un microorganismo eficiente autóctono con buen efecto en las cucurbitáceas, permitiéndonos obtener pepinos de cinco libras, y eficiente en la soya”, comenta López Chávez.

En la aspiración de lograr una finca integral de semillas experimentan en  malanga, plátano, frutales, y trabajan en el montaje de dos industrias, una para procesamiento animal y otra de conservas de vegetales.

Residuos de cosecha y la paja de arroz, son destinados a la alimentación de carpas, muras y tencas, cuyas extracciones se procesarán en la industria, mientras los desechos beneficiarían la alimentación porcina.

Los suelos fértiles de la Santa Rita, aluviales, pardos y negros, unido a las bondades del agua que percibe del río Yara, afluente que la atraviesa, dotan de condiciones óptimas esta  porción de tierra que a base de ciencia y técnica germina sueños y frutos.

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