La vida no tiene precio

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Por Andy Zamora Zamora | 2 mayo, 2018 |
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La recuperación de Ailenis Vázquez González, una adolescente de 14 años, con padecimientos cardiacos severos fue una de las vivencias más importantes para los pobladores del municipio granmense de Cauto Cristo.

Luego de una intervención quirúrgica compleja, a corazón abierto, fue posible su incorporación a la vida social. Los médicos de la capital lograron corregirle una malformación ventricular que amenazaba su vida.

A pocos lustros de su gravedad, su sonrisa lleva implícita también la gratitud por una vivienda reconfortante, entregada por el Estado, a su familia.

Yusbel Hernández Castro, de la comunidad Juan Hernández, también sobrevive a varias operaciones en el Esófago y el Abdomen, tras la ingestión de sosa caústica, cuando tenía cuatro años.

A los 16, el joven goza de buena salud y alcanzó el noveno grado, con la atención de un maestro ambulante, dedicado a un trabajo especializado y diferenciado con el alumno.

Acaso porque la esencia de nuestra Revolución es la igualdad social, recuerdo varios episodios de personas dañadas por accidentes u otras causas, donde el gobierno asumió sus tratamientos sin costo alguno para los pacientes.

Las experiencias individuales son disímiles, pero a nivel colectivo, programas específicos para grupos etarios o sectores priorizados como las personas portadoras de discapacidad, propician el beneplácito en comunidades como esta, donde el alto índice de prevalencia de enfermedades congénitas afecta a varias familias.

Aquí está garantizada la inserción laboral de muchos de ellos en el Taller de confecciones textiles, también funciona un centro de estudios para pequeños con necesidades educativas especiales, además de una casa alternativa de juegos para los hijos de madres trabajadoras, en respuesta a la carencia de un círculo infantil.

Los cambios de nuestra sociedad, experimentados durante los últimos años, son resultado de esa República con todos y para el bien de todos, esbozada como premisa para la estabilidad de nuestra nación en todos sus proyectos.

Con tales oportunidades se afianza la patria, donde el abuelo disfruta en familia un almuerzo o actividad sufragada estatalmente, en un pueblecito donde una enfermera y un galeno consultan a sus enfermos, como parte de un programa preventivo y de atención primaria.

Comparto algunas de estas vivencias dada su importancia para comprender la esencia de ser revolucionarios, defensores de un proceso inclusivo.

Si bien encarar retos para mejorar los servicios al pueblo figura como objetivo del gobierno, prefiero unirme a las voces de los tantos agradecidos que cantan a nuestra historia y apuestan por el futuro.

La noble tarea de hacer posible la vida y engrandecerla desde cada localidad es muestra de cuánto de valor poseemos en esta tierra. Seamos útiles a ella y no simples expectantes ante los rumores que falsamente algunos intentan construir sobre la realidad de Cuba.

Ailenis y Yusbel están satisfechos, además de sus familias. No interesan los costos de sus tratamientos si los hubiesen recibido en otra nación, sino sus vidas, que en la nuestra, no tienen precio.

 

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