La vida también se mira con los ojos del alma

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Por Zoila Álvarez Fonseca (Radio Granma) | 4 octubre, 2015 |
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Salud Pública, ManzanilloApreciar la vida en colores es principio de una buena salud, nada cómo poder leer los diarios, ver crecer a los hijos, o contemplar los hermosos matices de la naturaleza que nos rodea. Los ojos, tal como otras regiones de cuerpo humano, poseen tanta importancia como la función excretora de los riñones o los necesarios bombeos del corazón. 

Para Elia Cubeñas Benítez, paciente de 65 años, procedente del municipio Yara, cornea, iris, pupila, cristalino, nervio óptico y retina ya son palabras muy familiares, particularmente esta última, pues la vida y la herencia recibida por sus antecesores le han hecho padecer, casi al punto de perder totalmente las facultades visuales.

De su padre no solo heredó carácter, color de la piel y la forma de las piernas, sino que también recibió la Retinosis Pigmentaria, una enfermedad crónica, bilateral y progresiva con la que viene batallando desde 1994, en una constante lucha por ganarle a la ceguera.

“Cuando me diagnosticaron esta patología me remitieron de inmediato al tratamiento de ozonoterapia. Los médicos de aquí del Hospital Celia Sánchez Manduley me explicaron que con ello no resolvería librarme de mi padecer, pero garantizaría mantener la vista”.

“También se me asocia este mal a la catarata, por lo que fui intervenida quirúrgicamente en el 2010, y recientemente el día 21 de septiembre fui operada del ojo derecho”, precisa vendada, pero satisfecha pues no debió pagar un céntimo, y  sabe que sus palabras permitirán a los lectores ver la grandeza del sistema de salud cubano.

Desafortunadamente su progenitor no corrió la misma suerte. La hija mayor de Elia tiene 42 años de edad y su abuelo solo la conoce por el tono de la voz, el olor de su perfume y el cariño que le manifiesta.

“Hace mucho tiempo que él quedó completamente ciego y no se pudo hacer nada porque cuando vino al médico ya la enfermedad estaba en un nivel que no había alternativa posible. Eso me sirvió de escuela para no detenerme y en cuanto comencé a sentir molestias, no dudé en recurrir a las manos capacitadas para atenderme”.

Este padecer es muy complicado, pues no constituye una enfermedad, sino varias y de tipo crónico con origen genético y carácter degenerativo, según lo planteado en las bibliografías asociadas al tema. Los textos también refieren que se caracteriza por un desgate progresivo de la estructura del ojo sensible a la luz, es decir la retina, parte que va perdiendo las principales células que las forman, los conos y los bastones.

La provincia Granma, tiene alta incidencia en este sentido, razón que motiva a los especialistas manzanilleros a prestar atención rigurosa a las personas aquejadas que llegan desde los municipios de Yara, Bartolomé Masó, Campechuela, Media Luna, Niquero y Pilón, los cuales suman más de 300 en la actualidad, entre ellos niños, jóvenes y adultos.

La especialista en primer grado en Oftalmología, Salvadora de Los Ángeles  Hidalgo Asla, refiere que “la historia del tratamiento de la retinosis pigmentaria se remonta a los años 90. Yo personalmente me siento parte inseparable de ello, porque en aquella etapa hice un entrenamiento con el doctor Orfilio Peláez, en el Hospital Salvador Allende de la capital cubana, y allí me nutrí de los conocimientos necesarios para llegar al Hospital Celia y poder asistir a todas las personas que requieren de estos servicios”.

“Luego de un año de preparación, llegamos a Manzanillo e hicimos captaciones en toda la región del Guacanayabo. Fuimos a varios hogares para detectar los casos existentes. Toda vez que teníamos registrado los pacientes comenzamos con los tratamientos según el estadío de la enfermedad en cada uno”.

Esta patología, según las experiencias vividas en el centro asistencial manzanillero es más recurrente en los hombres, ello se debe fundamentalmente a que hay un tipo de herencia recesiva ligada al cromosoma x, a partir de lo cual la mujer es portadora, pero quien padece la enfermedad es el hombre.

Según Iris Tamayo Torres, optometrista del servicio “nuestro equipo ha recibido incluso niños de cuatro años con retinosis pigmentaria, lo que significa que la patología puede debutar en edades tempranas de la vida y ganar fuerza a partir de las dos décadas de existencia”.

“Por tanto no decaemos en el empeño de recurrir de inmediato a los tratamientos medicamentosos, quirúrgicos y la ozonoterapia, que permiten mantener la visión en las personas que llegan a consulta. El ozono se suministra de forma rectal, y en el caso de los adultos reciben este producto dos veces al año, mientras que en los niños solo procedemos una vez.”

Para prestar este servicio de oftalmología el centro hospitalario manzanillero cuenta con dos oftalmólogas, tres optometristas y una enfermera, quien es la encargada de trabajar con el ozomed, equipo que suministra el medicamento. A estas fortalezas se suma la existencia de seis camas para internar a los pacientes que residen en zonas apartadas de la localidad, quienes ingresan para ser operados o recibir la terapia correspondiente.

Salvadora agrega que “la principal ventaja que tiene el servicio es la empatía que se establece entre enfermos y especialistas. Estamos al frente de una de las ramas de la medicina más sensible, y la ética profesional es fundamental en estos casos, a mi parecer la mejor medicina. Por muy avanzada que esté la enfermedad siempre hay que batallar y darles esperanzas a las personas”.

“Tristemente hay quien llega en una fase irreversible y la ceguera es evidente, mas en ese tipo de situaciones, les ofrecemos consejos de cómo deben asumir la vida para que no pierdan el sentido y el amor por las cosas buenas que nos rodean. Nuestro quehacer se basa en la ciencia médica, pero cuando no hay solución objetiva les enseñamos a los pacientes a mirar con los ojos del alma, porque siempre la vida es más importante que cualquier incapacidad”.

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