La vida de una poetisa atesorada en nuestro Archivo Histórico Provincial

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Por Liuba Mustelier Ramírez | 10 julio, 2018 |
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Una de las imágenes de María Luisa Milanés que conserva el Archivo Histórico Provincial. FOTO/ Cortesía del Archivo Histórico Provincial

El Archivo Histórico Provincial José Manuel Carbonell Alard atesora entre sus fondos documentos pertenecientes a personalidades de la cultura e historia cubanas que nos permiten comprender mejor los acontecimientos de su vida.

La licenciada Ana Teresa Armas Mojena, especialista de la institución, refirió que uno de los que poseen es el fondo personal María Luisa Milanés García, poetisa bayamesa que caracterizó su obra poética con el reflejo amargo y conmovedor de la época en que le tocó vivir.

Los documentos permiten aseverar que la vida de la escritora fue una entramada de duras penas y desdichas, habitando en ella una gran sensibilidad, amor a la patria y sólida instrucción.

Armas Mojena destacó que como parte de la colección personal de María Luisa Milanés atesorada en el archivo aparecen las certificaciones de matrimonio de María Luisa ante el juez municipal y en la parroquia de Bayamo.

Igualmente conservan la autorización de los padres de Ramón Fajardo para contraer matrimonio con la poetisa y la certificación de defunción, solicitud de exhumación de los restos de María Luisa.

El “José Manuel Carbonell Alard” guarda además los ejemplares número 15 y 19 de la revista Orto publicada en Manzanillo como homenaje a Milanés García y versos de ella publicados en la revista Romances.

Cuadernos de notas de lectura de la clase superior, pertenecientes a María Luisa Milanés, una carta enviada a la poetisa por su madre y otros documentos componen el fondo personal atesorado por el Archivo Histórico Provincial.

La poetisa nacida un 15 de julio de 1893 en la finca El Palmarito, nombrada hoy El Sombrero, en Cauto Cristo, perteneciente antes al término municipal de la actual capital de la provincia, tuvo una vida compleja que ella misma cortó a la edad de 26 años.

Incomprensiones, calumnias e intrigas la llevaron a la fatal decisión de quitarse la vida, víctima sobre todo de la desigualdad social en que vivía la mujer cubana de aquel entonces.

El 19 de octubre de 1919, fue enterrada en el cementerio de Santa Ifigenia hasta que sus restos se trasladaron a Bayamo y aquí tal como ella deseó, no hay tarja sobre su tumba, solo una piedra señaliza el lugar con el texto de su poema Epitafio.

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