La violencia salió del closet

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Por Luis Morales Blanco | 26 marzo, 2021 |
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FOTO/ ERIN SCOTT / EFE

Quienes pensaron que el cambio de administración en la Casa Blanca  traería aires renovadores a la política exterior norteamericana se equivocaron de forma rotunda.

Desde su asunción como cuadragésimo sexto presidente de EEUU, Joseph Biden firmó  17 esperados decretos con la pretensión de revertir las políticas de Donald Trump, en cuanto al cambio climático, la salida de la Organización Mundial de la Salud, la protección de migrantes, la gestión de la pandemia y la justicia racial en el país.

Ese hecho y su apariencia  apacible llamaron a engaño, pero entendidos en la materia saben que él pertenece al grupo de quienes hablan blandito y “obran”  duro (si se entiende la metáfora).

Las sucesivas administraciones norteamericanas  demuestran  bastante inconsistencia en general, ahora si se critica a Trump por altisonancias y  desplantes, tampoco podemos perder de vista  a este anciano  con cara de buena gente, pero engañoso como  esas tortas  en los  potreros que “queman por debajo”,  según el decir  campesino.

Muy pronto la violencia del venerable anciano salió del closet: a mediados de febrero último ordenó un ataque aéreo al este de Siria contra objetivos de la milicia pro-iraní como respuesta a acciones hacia instalaciones estadounidenses en Irak… quien pueda acceder a internet constatará que el lugar fue borrado del mapa.

Enseguida Joe, su gabinete y amigotes, pretendieron legitimar la irrupción con el  manido argumento de proteger a los estadounidenses donde estén… “cuando se plantean amenazas, el mandatario se arroga el derecho a tomar la  acción cuando y como elija”, dicen.

Ni cortos ni perezosos medios occidentales de prensa justificaron la agresión con esas mismas “sólidas” razones.

¡Clásico!

La irrupción representa  una  incontestable violación de la soberanía e integridad territorial  siria y del derecho internacional, en esa región identificada como polvorín.

Biden actúa  como Ruperto marcha atrás, pero para los  costados, por ejemplo, dice una cosa buena para los migrantes, después hace lo contrario, parece no saber en qué palo rascarse.

Ante nuevas oleadas en la frontera, recula y pide:¡No vengan a EE. UU!  Lo mismo hacía su antecesor Trump. ¿En qué quedamos?

Entre sus aventuras más recientes llama asesino al presidente ruso Vladímir Putin, pero no sustenta sus acusaciones, ni da el frente para sostener un debate en línea de cara a todo el mundo,  como pide el mandatario eslavo, por algo será.

Y peor: cada vez que EEUU hace imputaciones de este tipo detrás hay una agresión, una agresión, lo cual se ha repetido de manera casi invariable desde el siglo XVIII hasta le fecha; pero con Rusia el brinco es más corto y Biden lo sabe.

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