La vocación de aliviar (+ audio)

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Por María Valerino San Pedro | 12 mayo, 2019 |
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Foto Gisel García González.

Trigueña, muy femenina y de sonrisa dulce, esta mujer tiene como su colega Florence Nightingale la vocación de servir al prójimo y de aliviar, con sus cuidados y dedicación, el dolor humano.

Se trata de Marbelis Rodríguez Rosales, enfermera de profesión desde hace 31 años, que ha laborado siempre en la Atención Primaria de Salud, y que por su destacado quehacer llega a este diario digital, para en su figura, felicitar al personal de enfermería de la provincia de Granma, al conmemorarse en todo el planeta este 12 de mayo el Día Internacional de las enfermeras, en homenaje a Florence Nightingale, nacida un día como ese, y considerada ejemplo de abnegación, madre de la enfermería moderna y fundadora de la primera escuela de esa especialidad del mundo.

-¿Por qué Enfermería?

-Me encanta mi profesión, cuando era muy pequeña le decía a mi mamá que me comprara juguetes que fueran de enfermera, me gustaba ponerme el estetoscopio, jugar con jeringuillas e inyectar a mis hermanos menores. Al terminar el preuniversitario solicité la carrera y me gradué en 1987.

“La Enfermería es un arte, para estudiarla hay que tener mucha sensibilidad humana, los pacientes nos necesitan como personas dulces y atentas, aprendemos siempre de ellos.”

-¿En qué áreas has ejercido?

– Para cumplir con el servicio social me ubicaron en el Puesto médico de Jabaco, área rural del policlínico René Vallejo. Pasados dos años, estuve igual tiempo en un consultorio de ese propio policlínico, luego me trasladaron para uno perteneciente al Bayamo Oeste, donde permanecí por 12 años y ahora llevo seis en el número 21 del reparto Nuevo Bayamo, del policlínico Jimmy Hirtzel.

¿Cómo es tu trabajo aquí?

-Difícil, pues se trata de una población muy envejecida, de 405 adultos mayores que requieren mucho de nuestro trabajo, tenemos incluso un centenario.

“Son en total 997 pacientes, de ellos cinco gestantes, dos de alto riesgo obstétrico y ocho lactantes, dos de riesgo, que visitamos a diario como parte del equipo básico de salud.

“Esta profesión nos permite estar cerca de las personas, conocer sus problemas de salud, y compartir con ellas pesares y alegrías, además, ayudarlas con educación para una mejor calidad de vida.

“Hacemos visitas de terreno y hay que caminar bajo el sol, subir muchas escaleras en los edificios, escribir bastante en todos los controles establecidos, pero todo ese esfuerzos es compensado por la sonrisa, el agradecimiento y buen trato de los pacientes, con el traguito de café cómplice que disfrutamos mientras charlamos brevemente de la cotidianidad.

“Siempre es preciso buscar un tiempito para la superación, he hecho Diplomados, y me mantengo investigando, en las jornadas científicas siempre presento trabajos, para la próxima Jornada de Enfermería, tengo hecho uno sobre el adulto mayor”.

-¿Misiones internacionalistas?

Sí, tuve el privilegio de cumplirla en la hermana República Bolivariana de Venezuela por espacio de dos años, en el Estado de Apure, fronterizo con Colombia, un lugar muy pobre, pero con personas maravillosas, trabajé allí en una sala de terapia intensiva, donde atendí el frente de Enfermería, y el núcleo del Partido Comunista de Cuba, como militante.

“Además de la labor como enfermera intensivista, buscábamos pacientes para la misión Milagro, y los domingos visitábamos a quienes no podían llegar al CDI, a veces iban personas hasta descalzas y les dábamos atención con mucho amor.

“Los pacientes estaban muy agradecidos de la misión cubana, y lo manifestaban con regularidad, eso nos hacía sentir bien, porque estábamos cumpliendo la razón por la que estábamos tan lejos de casa y de los nuestros, en mi caso, extrañaba mucho a mi esposo e hijo, y a todos los demás familiares y amigos, pero se trataba de poner en alto a la medicina cubana, como nos enseñó el Comandante en Jefe Fidel Castro”.

-¿Atesora algún recuerdo especial?

-Uno demasiado especial, diría yo pues un día llegó a nuestra sala, una mujer lista para parir, y al médico de guardia y a mí nos tocó ocuparnos de todo, ella tenía dolores fuertes y yo, en medio de mi nerviosismo, porque era mi primera vez para hacer un parto, la consolé, la ayudé y por suerte todo salió bien, nació una hermosa niña a la que nombraron Marbelis, como yo. Cada mes me la llevaban mientras estuve allá. Siempre la recuerdo e imagino cómo estará de crecida.

Foto Gisel García González.

“Siento orgullo por lo que diariamente hago, vivo enamorada de la enfermería, por eso respeto tanto a mis colegas.No nací para otra cosa que no fuera ser enfermera”.

Se dice que la Enfermería es una profesión tradicionalmente ejercida por mujeres, y según datos estadísticos, más de 11 millones de ellas en el mundo laboran en hospitales y centros de salud rurales, escuelas, prisiones, zonas de guerra y campos de refugiados y desplazados. Ponen mil millones de inyecciones en todos los continentes, pues el 80 por ciento del total de la atención primaria de salud es dispensado por enfermeras. Son la columna vertebral de la mayoría de los equipos de atención de salud en el mundo, y prestan sus servicios no siempre en las mejores condiciones técnicas y estructurales, pero perennemente dispuestas a ayudar a quienes lo necesitan.

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