La zafra también tiene apasionados

Trabajar en un central azucarero no es faena de “coser y cantar”. Se necesita de mucho esfuerzo físico, tesón, inventiva, resistencia y ganas de hacer para convertir la caña sacada de los campos en diminutos y finos granos de azúcar
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Por Mailenys Oliva Ferrales | 14 octubre, 2019 |
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FOTO/ Rafael Martínez Arias

Para muchos de quienes no sabemos emprender un buen día sin el “buchito de café” endulzado con el azúcar criollo que se produce en nuestros añejos centrales, nos resulta estremecedor acercarnos a la rigurosa labor de los hombres y mujeres de zafra, que este 13 de octubre celebran su día.

Porque hay que estar en el interior de un central azucareropara sentir de cerca el esfuerzo humano de quienes hacen producir a la gigantesca, complicada y añosa maquinaria de un central.

Bien lo saben los cientos de obreros que se dedican a esta labor en el “Arquímedes Colina”, central enclavado en el poblado rural granmense de Mabay.

Allí, desde que suena el pitazo que anuncia a toda la comunidad la arrancada de la zafra azucarera se labora en turnos de 12 horas, y durante el día y la noche, con el único propósito de cumplir su plan de producción.

En sus abundantes metros cuadrados los obreros lidian a diario con el ruido (por momentos ensordecedor), el vapor de las tuberías, el calor, las roturas imprevistas, el bagazo acumulado que se debe arrastrar a fuerza de rodillos y el enjambre tecnológico que solo quienes laboran allí logran entender.

Mientras, en sus alrededores, muchas mujeres garantizan la merienda a tiempo, el café que renueva las fuerzas para continuar, o asumen los necesarios papeles de oficina. También las hay que no le temen al rigor del campo y se unen al corte de la caña, dirigen pelotones enteros o se adentran en las complejidades de la industria.

Y aunque no siempre se puede cumplir con el plan y en varias ocasiones los ingresos personales no recompensan las intensas jornadas dedicadas al central, conmueve saber, que al menos en el Arquímedes Colina, hay trabajadores que llevan allí más de tres décadas y aseguran que terminarán sus años productivos entre caña y azúcar.

También impresiona saber que a pesar de todas las carencias materiales y sinsabores que vive un obrero de zafra, la gente de las comunidades de Julia y Mabay, mantienen viva la tradición del azucarero al incentivar a sus hijos y nietos a trabajar junto a ellos, codo a codo, en el corte de la caña o en la industria donde se produce el azúcar.

Estremece conocer además, que estos hombres y mujeres sencillos, de casas humildes y sentimientos nobles hacen fiesta cuando el central llega a la meta propuesta y sufren como muy suyos los incumplimientos, porque saben que el país requiere de este producto alimenticio.

Así son los hombres y mujeres de zafra en el Arquímedes Colina, en toda Granma y en Cuba, trabajadores que muchas veces reciben menos de lo que dan en su quehacer cotidiano, por lo que merecen un agasajo moral no solo cuando cumplen, sino todos los días del año.

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  1. Admirable la entrega, el amor y la dedicación con la que esos hombres trabajan y al propio tiempo lo inculcan a sus descendientes para garantizar la continuidad de su quehacer, en una labor a la que es preciso amarla realmente para acometerla por su complejidad, el respecto merecido para ellos hacedores de la caña de azúcar, desde sus distintos puestos, rubro que confiamos recupere el lugar que siempre tuvo en la economía cubana.

  2. Solo los hombres azucareros saben del placer que se siente el proceso de hacer azúcar. Por eso con todo su amor enseña a sus hijos el largo camino que recorre ese granito de azúcar y así inculcar el amor a su fabricación sin importar en ocasiones que no siempre se recibe la remuneración adecuada y que también duele cuando no se cumple. Pero para esos hombres el amor con sabor a azúcar es lo que lo importa

  3. No soy Azucarera de nacimiento pero es realemnte dura la labor de este sector, desde la preparación del suelo hasta lograr el grano de azucar tan cotizado, soy maestra primaria y desde hace más de 10 años formo parte de un colectivo azucarero y si que podemos lograr nuestras metas!! Felicidades a los granmenses y a todos los azucareros de Cuba!!!

  4. Nos resulta estremecedor acercarnos a la rigurosa labor de los hombres y mujeres de zafra, que este 13 de octubre celebran su día.Trabajar en un central azucarero se necesita de mucho esfuerzo físico, tesón, inventiva, resistencia y ganas de hacer para convertir la caña sacada de los campos en diminutos y finos granos de azúcar.

  5. Buena la reflexión sobre el quehacer diario de los azucareros cubanos en todos nuestros centrales, la labor que se realiza tanto en los campos donde se hace el azúcar como en las fábricas donde se extrae el producto es arduo y sobre todos cuando se carece de recursos, se desafían las inclemencias del tiempo para lograr cumplir las metas y al final el sacrificio no es compensado, pero con dignidad e ímpetu seguimos ahí y estaremos hasta que la naturaleza del equilibrio se restablezca

  6. Una inmensa admiración y respeto a todos estos hombres y mujeres que a diario se enfrentan a las labores más complicadas que es en un central, y que por tradición histórica es de vital importancia darle el valor y el aprovechamiento que lleva, porque es de ahí que nuestra economía dependió siendo uno de los renglones más importante y hoy en día se mantiene, tiene que sentirlo, llevarlo en la sangre, entregarse, sino no lo logran con tanta eficiencia

  7. Es cierto así son los hombres del sector y de las UEB muy sacrificados, hay que vivirlo, pensarlo, sentirlo, es fuerte, muchas exigencias, pero pienso hay que darle mas ha este sector tan importante para nuestra economía