Las 27 000 fotos de Fidel

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Por Juventud Rebelde | 13 agosto, 2018 |
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Víctor Aguilera Nonell trabaja en el análisis y procesamiento de las imágenes. FOTO/ Cortesía del entrevistado (Tomada de Juventud Rebelde)

HOLGUÍN.— Era solo un niño de 11 años cuando Fidel se le coló, para siempre, en el pensamiento. Hasta entonces, es probable que lo hubiese visto solo como el héroe vestido de verdeolivo que hablaba largas horas en la televisión, pero aquel 6 de mayo de 1996, cuando lo vio saludar a la gente mientras recorría una calle de San Germán, su pueblo natal, dentro de Víctor Aguilera Nonell comenzó a crecer el historiador apasionado que hoy dedica una buena parte de su tiempo a coleccionar y estudiar las fotos del Comandante en Jefe, no solo como parte de un proyecto personal, sino también asumiendo la responsabilidad de organizar las imágenes del eterno Caguairán Fidel que atesora la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado.

«Lo vi por casualidad, pues yo iba de la casa de mi mamá para la de mis abuelos. Ese día Fidel había ido al central Urbano Noris y, cuando salió, todo el mundo se aglomeró para saludarlo. Todavía hoy cierro los ojos y me acuerdo minuto por minuto de cada detalle, hasta que el Comandante en Jefe se montó en el carro y se fue.

«Después tuve la posibilidad de verlo en varias ocasiones. En el Congreso Nacional de la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media estuvimos 11 horas con él, y el 28 de enero del 2002, a la hora del almuerzo, se acercó a la delegación holguinera y conversamos sobre la industria azucarera. Pero esa vez en San Germán fue determinante. Allí empezó la colección», comenta Víctor, quien se desempeña como profesor auxiliar del departamento de Historia de la Universidad de Holguín.

No es extraño que aquel encuentro avivara la llama del investigador que se escondía en el niño, pues, según cuenta, su familia siempre estuvo muy vinculada con la historia: «Mis abuelos fueron miembros del Auténtico (Partido Revolucionario Cubano) y después fueron ortodoxos (Partido del Pueblo Cubano). En mi casa se guarda hasta el último papelito, y hay más de 3 000 libros de historia de distintas temáticas».

En la actualidad, la colección personal de fotos de Fidel que Víctor ha logrado recopilar, estudiar y organizar contiene 27 200 imágenes en formato digital, de 110 fotógrafos, entre cubanos y extranjeros. Posee, además, una carpeta aparte con más de 133 gigas de fotografías diferentes de las que ya ha logrado identificar, porque todavía no ha podido saber la fecha exacta y la actividad a la que pertenece cada una de ellas. Ese trabajo, que ha ocupado los últimos 22 años de su vida, no solo implica pasión, sino también muchísima paciencia y la ayuda de no pocos familiares, amigos y hasta desconocidos.

«Comencé la colección después de la visita de Fidel a San Germán, porque la maestra de Historia de Cuba Elia Pupo nos habló mucho sobre la importancia que había tenido ese acontecimiento. Entonces empecé a guardar todas las fotos que salían en los periódicos. Las recortaba y las iba almacenando en libros de dibujos, en guías telefónicas, siempre escribiendo la actividad y la fecha. En ese formato llegué a tener casi 15 000 fotos de periódicos y revistas, en casi 14 años, hasta que terminé la universidad en 2009».

—Y entraste de a lleno en la era digital…

—El papel del periódico coge hongo muy fácil, entonces la foto empieza a echarse a perder, sin contar con que no siempre tiene la mejor calidad de impresión. Me gradué, comencé a trabajar en la Universidad y, con el acceso a las tecnologías, empecé a hacer búsquedas en medios de prensa nacionales y extranjeros que me abrieron la posibilidad de renovar las fotos. Cuando encontraba una que tenía impresa, sustituía la de menor calidad.

«Al inicio un tío abuelo era quien compraba el periódico y me lo llevaba a la casa porque yo no tenía suscripción, pero cuando se dio a conocer mi trabajo, muchos amigos, como el historiador Abel Sastre, de Puerto Padre, y Delio Orosco, de Manzanillo, entre otras muchas personas, decidieron colaborar conmigo».

—¿Qué metodología o algoritmo sigues para identificar las fechas y los hechos de fotos que te brindan las personas?

—Siempre trato de que quien me ofrece la foto también me brinde información sobre ella. En muchos casos son imágenes que han pasado de generación en generación y he tenido que ayudarles a hacer el reconocimiento, por características físicas del Comandante o del lugar donde ha estado. En otras oportunidades, los dueños me han dado los detalles, e incluso los propios fotógrafos. De todas maneras, siempre las compruebo, pues he hecho un catálogo de características que me llevan a saber el período más o menos exacto en que se tiró la foto.

—¿Cómo es eso?

—Por ejemplo, en todos los actos por el Primero de Mayo   —a no ser el de 1963, porque visitaba la entonces Unión Soviética— estaba en la Plaza de la Revolución en La Habana. He ido buscando cuáles eran las gigantografías en cada uno de esos actos. Ese es un elemento para tener en cuenta el año, ya que las instantáneas se parecen mucho.

—Supongo que para enfrentar ese tipo de investigación hayas tenido que recurrir a alguna preparación general sobre fotografía…

—Este es un aspecto que hoy, como historiadores, tenemos que replantearnos. En la Universidad no recibimos ninguna preparación sobre fotografía. Es más, los historiadores cubanos trabajan muy poco esta especialidad. La ven como un medio auxiliar para investigar la historia o como parte de los anexos de los libros, no como una fuente esencial.

«Sin embargo, cuando analizo la colección de fotos de Fidel, me doy cuenta de muchos aspectos que no se pueden encontrar en ningún documento. Por ejemplo: quiénes eran las personas que estaban a su lado, con quién se movía. Al inicio de la Revolución hay un gobierno provisional revolucionario; pero Fidel se mueve con la gente del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), que son su verdadera confianza. Me doy cuenta de eso gracias a las fotos.

«A partir de este estudio que realizo, sí he tenido que empezar a analizar la fotografía como parte esencial de la información histórica. De hecho, es un tema que estamos valorando para que se convierta en mi tesis de doctorado: el análisis de la fotografía histórica partiendo del análisis de las imágenes de Fidel Castro. La propuesta es un catálogo de características que se deben tener en cuenta para saber a qué período pertenecen».

—¿Cuáles son esas características que incluyes en el catálogo?

—Fundamentalmente características físicas de la persona, las cuales permiten apreciar cómo va envejeciendo; quiénes son las personas que se mueven alrededor de él (personal de apoyo y seguridad, por ejemplo), elementos de la ropa, los tipos de tribunas, las gigantografías, los medios de transporte… Son una serie de especificidades que habría que buscar para distinguir cada etapa de las personalidades históricas, y cerrar la búsqueda.

—En el caso específico  de las fotos de Fidel, ¿qué rasgos particulares ya has determinado?

—Primero busco el uniforme. En la Sierra, Fidel usa un grado de Comandante en Jefe del Ejército Rebelde solamente de 1957 hasta el 31 de diciembre de 1958. Del 1ro. de enero de 1959 al 16 de enero, su uniforme no tiene ningún tipo de grado. A partir de ahí, comienza a usar solamente el rombo, sin las hojas de encina y de laurel. En las fotos de enero de 1974, durante la visita de Brézhnev a Cuba, es donde primero le veo el grado con las dos ramas; lo utilizó hasta el acto del 26 de julio de 2006 en Holguín.

«Después vuelve a salir vestido de militar en dos ocasiones: el 3 de septiembre de 2010, en la Universidad de La Habana, sin grados militares, y el 28 de septiembre, para el aniversario 50 de la fundación de los Comités de Defensa de la Revolución. La única diferencia que hay entre ambas fechas es que en la última ocasión usaba una gorra con una estrella. Es la foto de Roberto Chile que se ha difundido mucho.

«Cuando he analizado el uniforme, paso al estudio de las características físicas. Las canas en la barba me van señalando un período, al igual que el rostro.   Luego, paso a investigar a las    personas que lo acompañan. Por ejemplo, el Che está desde la Sierra Maestra hasta 1965, y Camilo hasta octubre de 1959. Otros elementos importantes son los carros, los aviones».

—¿Qué es lo más difícil de ese trabajo?

—Hay una gran cantidad de fotografías que no tienen el nombre o el cuño del autor. Las de la prensa de los primeros años después del triunfo de 1959, sobre todo las que aparecen en la página titular del periódico Revolución, no lo llevan. Lo mismo sucede con las publicadas en Verde Olivo. Lo más difícil es eso: determinar el fotógrafo.

«De hecho, he visto que nos han pirateado muchas fotos. Hago búsquedas casi a diario en internet, pues es la mayor fuente de información. Ahí me encuentro muchas de Korda o de Liborio Noval, por ejemplo, que he tenido la posibilidad de ver en la Oficina de Asuntos Históricos, donde está la foto original con el cuño del fotógrafo y en internet aparecen con el nombre de otras personas».

—¿Cómo llegas a trabajar con las fotos de la Oficina de Asuntos Históricos?

—En el 22do. Congreso Nacional de Historia que se realizó en 2016 en Holguín, presenté una colección de fotografías muy parecida a la que se va a inaugurar el día 13 en el Memorial José Martí de La Habana, a las 12:30 p.m., en homenaje a Fidel. Entonces, los compañeros de la Oficina de Asuntos Históricos solicitaron que fuera a trabajar con ellos en algunas ocasiones, que les aportara ideas, y me dieron la posibilidad de analizar sus fotografías. A partir de ese momento, viajo a La Habana cada tres meses y me paso dos semanas laborando y reconociendo las fotos. Ahora mismo estoy donando mis vacaciones para adelantar.

—¿Cuánto cuidado demanda ese tipo de fotografías?

—No se pueden doblar, ni escribir sobre ellas. Aunque tienen muy buen estado de conservación, los sobres que las contienen no deben sobrepasar las diez fotografías para que su peso no las vaya a pegar. Igualmente, trabajamos con guantes, batas y nasobucos, para evitar los ácaros y no manchar las fotos con las manos y el sudor.

—De entre las miles de instantáneas que has analizado, ¿cuáles te han cautivado más como investigador?

—Las que no estamos acostumbrados a ver. Me gustan las fotos del ser humano normal, ese que se salía de lo que estaba planificado y saludaba al pueblo, hablaba con cualquiera, iba a una pesquería, se bañaba en una playa, bajaba de un helicóptero a conversar, llegaba a una escuela para preguntar las más disímiles cosas.

«Esas dan una visión más completa de su vida, de su genialidad de estar en el momento y en el lugar donde el país lo necesitara, llegar a donde estuvieran los problemas, no dejar que se lo contaran. Por eso, lo mismo aparecía en una escuela, que en un campo agrícola, que en 11 zafras consecutivas cortando caña. Es el liderazgo tan grande que tenía, porque era el hombre que empujaba a las masas con lo que hacía, y eso lo recoge la fotografía del momento.

«Si revisamos la prensa, que es a lo que mayormente el pueblo tiene acceso, nos damos cuenta de que la mayoría de las imágenes publicadas son de actos, pero allí Fidel conversaba con la gente, se movía; y lo que más ha quedado son las fotos en las tribunas, muchas veces tan cerradas que ni siquiera brindan mucha información a los estudiosos como yo».

***

Con solo 33 años, parece como si este joven investigador aún no se conformase con los detalles que ha develado foto a foto. Debe ser porque está plenamente convencido de que una indagación como la suya resulta inagotable.

Por lo pronto, ya planea publicar un libro donde pueda compartir cuanto ha conocido acerca de la relación del Comandante en Jefe con los holguineros, basándose, sobre todo, en la visión de quienes interactuaron con él durante sus visitas al territorio, y auxiliado por las fotos que conoce tanto como las de su propio álbum familiar.

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