Las llamas de nuestra nacionalidad (+ fotos y video)

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Por Anaisis Hidalgo Rodríguez y Zeide Balada Camps | 12 enero, 2018 |
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Suman ya tres días de hostilidades. Los españoles planean asaltar la ciudad. Los bayameses olfatean sus intenciones. Una idea les anima: ¡Solo obtendrán cenizas!
Durante la noche del 11 de enero de 1869 el fuego despierta a  la villa. El farmacéutico Pedro Maceo Infante inicia la quema que después devoraría las viviendas de Luz Vázquez, Francisco Vicente Aguilera, Perucho Figueredo…
Las llamaradas iluminan la noche. La primera capital de la República de Cuba en Armas arde en su totalidad. Los edificios públicos, la plaza principal, las iglesias, las hermosas casonas, las herencias, los recuerdos se convierten en pasto de las llamas.

Ludín Fonseca, historiador de Bayamo, valora como un hecho significativo, de trascendencia mundial, la quema de la primera ciudad libre de la República en Armas #TenemosMemoria

Ludín Fonseca, historiador de Bayamo, valora como un hecho significativo, de trascendencia mundial, la quema de la primera ciudad libre de la República en Armas #TenemosMemoria

Publicado por La Demajagua en viernes, 12 de enero de 2018

El cielo parpadea ante el fuego pavoroso. Los citadinos apresuran el paso hacia la manigua benefactora. El chisporroteo de los carbones y la turbulencia hace detonar las emociones de los lugareños: se abrazan, lloran, y marchan, tras el amparo del techo natural de la Patria que nace.

Valmaseda se detiene estupefacto ante aquellos escombros chamuscados.

Todavía el pasado guarda incógnitas para los habitantes de estos tiempos. Debajo de las calles de Bayamo se esconde la ceniza del sacrificio; en muros y cimientos de algunos inmuebles permanece intacta la huella de la elección dolorosa de sus hijos.

Las llamas, que envolvieron la ciudad aquel 12 de enero de 1869, fueron el último recurso de las familias bayamesas ante la posibilidad inminente de entregar la primera tierra libre del colonialismo a los españoles.

El acto heroico de la generación de Carlos Manuel de Céspedes mostró al mundo cuánto estaban dispuestos a dar por la libertad de Cuba, pero dejó secuelas nefastas para la villa de San Salvador.

¿Cómo quedó la ciudad?, ¿cuál fue el impacto en su arquitectura y urbanismo?

Rafael Rodríguez Ramos, arquitecto y máster en Restauración y preservación de sitios históricos, refiere que no existen cartas ni documentos que detallen la magnitud del incendio, por tradición oral se sabe por dónde comenzó, que ese día había un fuerte viento del norte, y la parte sur fue más devastada”, comenta.

Según la investigadora Idelmis Mari Aguilera, en un informe del Gobierno municipal, fechado en enero de 1870, en 25 de las calles menos pobladas todas las casas habían sido destruidas; y en las arterias principales las mayores afectaciones se localizaban en las calles del Ángel, Santo Domingo, Pedro Mártir, San José y del Cristo; mientras, las del Salvador, la Merced, San Antonio, la Plaza de la Iglesia y una cuyo nombre no aparece, reunían la mayor parte de las edificaciones en buen estado.

Rafael Rodríguez comenta que de las 14 iglesias y dos conventos quedaron en pie cuatro, se destruyeron seis tejares, y los 26 ingenios de la periferia desaparecieron.

“Muchas viviendas estaban estructuradas en dos crujías, formando techo a cuatro aguas y colgadizos al final, eran las residencias más ostentosas, les seguían las atarazanas, y las de la periferia, las más precarias, construcciones de tabla, de tapiales, con techos de paja y de guano.

“En el Centro Histórico abundaba otra tipología más duradera, al quemarse desaparecen los techos de madera y teja, quedan los muros y las rejas.”, explica Rodríguez Ramos.

Durante cerca de 40 años casi no se realizaron acciones constructivas, asevera. La lucha independentista, el abandono en que quedó sumida la urbe, la intervención norteamericana, y la falta de una vanguardia artística influyeron en esa paralización arquitectónica.

“Aquí no florecieron como en otras regiones los estilos neoclásico y clásico”, agrega.

El máster en Ciencias Ludín Fonseca, historiador de Bayamo, ha explicado que el 16 de enero, cuando entró en la ciudad el Conde de Valmaseda, llegó a la Plaza Isabel Segunda, y se sorprendió: encontró un letrero que la llamaba Plaza de la Revolución.

Había en Bayamo mil 174 casas, de estas mil 14 quemadas,  solo 160 habían sobrevivido, según un padrón encontrado por la investigadora Idelmis Mari Aguilera. Más de siete mil 400 personas marcharon a los campos y muchas murieron como consecuencia del hambre, las enfermedades y la persecución de las tropas españolas.

Ruinas del incendio/ Archivo histórico
Ruinas del incendio/ Archivo histórico
Ruinas del incendio/ Archivo histórico

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