Las mejores peleas de Yovanis Aguilera

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Por Osviel Castro Medel | 2 diciembre, 2018 |
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En el instante inicial del primer asalto intenté noquear periodísticamente a Yovanis Aguilera Zamora; sin embargo, el único boxeador de Granma que ha participado en dos Juegos Olímpicos respondió con un golpe de sinceridad estremecedor.

“No, no tuve una infancia fácil y eso influyó después en mi vida; en el preuniversitario, por ejemplo, me fajaba todos los días”, admitió el cuatro veces campeón de Cuba y ahora entrenador del equipo principal de la provincia.

“Pero eso fue solo en una etapa, dejé el pre y me dediqué a trabajar porque necesitaba dinero para subsistir dentro de una familia humilde. Me había ido para la casa de mi tía, donde no había abundancia”, agregó este bayamés nacido el 6 de enero de 1975.

Yovanis va contando cada pedazo de historia y los ojos se le incendian o apagan, según el pasaje narrado; como si recordara la fuerza de los ganchos lanzados por el destino, que supo ripostar con valentía.

Tal vez pocos conozcan que a los 17 abriles concluía las jornadas destrozado porque entrenaba dos horas desde las cinco de la mañana y luego se iba a  trabajar a la fábrica de baldosas, de Bayamo, donde “daba dura pala batiendo mezcla”.

Terminaba a las cinco de la tarde “y a esa hora salía para la academia, a entrenar de nuevo. Varias veces dije que no podía con el cuerpo, pero mi profesor, Eliober Montero, siempre inventaba un modo para convencerme. Así pasé meses y meses, hasta que pasé definitivamente al boxeo”.

Por eso, cuando en 1995, ganó su primer campeonato nacional en la división de los 48 kilogramos, Yovanis salió corriendo a abrazar  a sus excompañeros de trabajo que celebraron eufóricos el triunfo ante el estelar Maikro Romero.

“Estaban sentados juntos, en una esquina de las gradas de la sala 12 de Enero, aquí en Bayamo, y fui hasta donde estaban a festejar la victoria. Casi lloramos. Para mí es la más grande de mi carrera, la que nunca podré olvidar”.

Claro que los otros títulos, conseguidos en 1996, 2000 y 2003, también le reportaron alegrías, aunque nada resulta comparable con aquella tremenda demostración contra Maikro.

“Él era super bueno y logré ganarle tres veces, sin derrotas; eso marcó mi trayectoria”, comentó Tito, el mote con el que lo conocen familiares y amigos.

Tampoco se han apartado de su mente los enfrentamientos con Daniel Regalado,  Waldemar Fonst, Osvaldo Liranza,  y Guillermo Rigondeaux, a quien derrotó una vez en cuatro choques.

Si esos éxitos le estremecieron el alma, varias de los 42 fracasos que sufrió como púgil-  también lo “tiraron al piso”, como aquel de Sídney 2000, en la discusión de la medalla de bronce.

Llegó a pensar en el retiro, “en no mirar jamás los guantes. Es verdad que en Atlanta, 1996, perdí mi segundo combate con claridad; en cambio, todos me vieron ganar cuatro años después. No me apuntaban ningún golpe que tiraba, fue una injusticia. Incluso, se apeló la decisión de los jueces. Me morí cuando Alcides Sagarra (el jefe técnico) me dijo que no había prosperado la reclamación”.

Otro de los momentos amargos sobrevino en 2004, cuando tuvo que operarse de la vesícula. “Vine de la capital, me atendieron de maravillas en el hospital Carlos Manuel de Céspedes, estuve un mes en la casa y ni un solo funcionario del Inder se preocupó por mí, eso me decepcionó y molestó mucho”.

Poco tiempo después decidía abandonar el ring, con 29 años, 375 pleitos efectuados en las divisiones de 48, 51, 54 y 57, una presea de bronce panamericana (después convertida en plata por doping de uno de los finalistas) y numerosos eventos ganados en 28 países.

Quería ir a la tercera olimpiada, “pero no pudo ser; mi entrenador en el equipo nacional, Julián González Cedeño, me dijo que siguiera preparándome en la provincia por si le sucedía algo a Luis Franco, el clasificado para los Juegos Olímpicos.  A los meses empecé como entrenador en la Eide”.

En estos 14 años de entrenador Yovanis tuvo la oportunidad de probarse en la República Bolivariana, de 2005 a 2007, y en Namibia de 2014 a 2017.

“Allá (se refiere al país africano) logré que dos de mis alumnos clasificaran al campeonato mundial”.

Esas experiencias internacionales le han reafirmado cuánto talento tienen los boxeadores cubanos, que en ocasiones se preparan sin las condiciones necesarias.

“Aquí tenemos que hacer proezas. Nosotros mismos entrenamos el equipo de mayores pidiendo prestados los guantes de la Eide, los recogemos y los llevamos todos los días, la academia ha mejorado algunos aspectos como la alimentación, pero falta un mundo para que tenga lo mínimo”.

Él lo afirma porque vivió los rigores de un deporte muy exigente, en el cual es “muy duro mantener el peso y resulta fundamental la entrega y la vida sin vicios”.

Su propio hijo, Yovanis Aguilera Isaac, abandonó las cuerdas porque no soportó las durezas de los entrenamientos. “Quería que siguiera en el boxeo, él tomó otro camino”.

La otra hija, Natalia Aguilera Pacheco, de ocho años, fruto del amor con Yannelis, su esposa actual, todavía no tiene inclinaciones deportivas y “Tito” ni siquiera habla de eso.

Él está enfocado ahora en educarla, inculcarle valores y, por otra parte, en aprender al máximo en la licenciatura en Cultura Física, que inició en septiembre, en su condición de “gloria deportiva”.

“Tengo la experiencia suficiente y haber vivido en una época en la que había hasta cinco boxeadores de calidad en cada división, aunque sé que me falta para ser un mejor entrenador, trato de implantar la disciplina en un tiempo de muchas distracciones como los celulares; sin ella no se llega a ningún lado”, nos dijo en el último asalto.

Antes de sonar del gong definitivo Yovanis vuelve a trasladarse los Juegos Olímpicos  de Sídney. “Tengo grabada esa pelea, la he visto muchas veces en 18 años y no dejo de pensar en que me la quitaron, pero ya eso no tiene remedio, hay otras peleas que ganar en el futuro”.

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