Las novelas reales de Bayamo

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Por Osviel Castro Medel | 3 noviembre, 2017 |
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FOTO Luis Carlos Palacios Leyva

Por los  cuatro costados de  Bayamo brotan novelas reales: un indio derriba del caballo a pedradas a un conquistador; un gran cacique, después de morir valientemente en la hoguera, lanza luces fantasmales por las noches… incluso hasta el día de hoy; un negro brioso clava su lanza en el abdomen de un pirata; un rico propietario quema su propia casona para que los enemigos españoles solo recojan a su entrada las cenizas humeantes desprendidas de las maderas preciosas.

Ese es el alma y la vena de esta ciudad: su historia. Con 504 años, que se cumplen justamente este 5 de noviembre, Bayamo sigue hablándonos de la necesidad del viaje al pasado y a los acontecimientos cumbres, esos que silenciosa o abiertamente repercutieron en el destino mismo de toda Cuba.

En la zona de influencia de Bayamo (gran parte de la llanura del Cauto) surgió la primera obra literaria de este país (Espejo de Paciencia, de Silvestre de Balboa, en 1608) y brotó La Bayamesa (marzo de 1851), primera canción trovadoresca nacional. Aquí nació el Himno, la Revolución, la nacionalidad, el primer periódico genuinamente independentista y también uno de los acontecimientos más sorprendentes para la Humanidad en el siglo XIX: la quema total de la ciudad.

Esos ejemplos de gallardía y rebeldía, insuperables por cualquier otra región del país, merecen un estudio bien intencionado y diferenciado que vaya más allá del enfoque descriptivo.

¿Por qué fue en el área de Bayamo y no en otra dónde cristalizaron todos estos episodios gloriosos? Esa respuesta está acaso en la historia anterior al siglo XVI, poco manoseada por el común de los cubanos. Los acontecimientos vinculados a los indígenas de la comarca y a la propia fundación de la villa (segunda en Cuba) revelan detalles ineludibles.

SE VOLVIÓ LUZ
Con reiteración la historia del archipiélago se ha contado a partir de acciones de las guerras libertarias. A un fragmento importante vinculado con la existencia de nuestros aborígenes se les pasa por encima.

Tal error, gravísimo, es mucho más notable en el caso de esta porción del Oriente cubano. Aquí los nativos, enmarcados dentro de la cultura subtaína, protagonizaron varios actos de rebeldía como oposición a la conquista, la colonización y la consiguiente fundación de la villa.

No son pocos los que señalan que ya Bayamo, con una “población superior y más avanzada a las de su misma categoría”, al decir del periodista ya fallecido Rubén Castillo Ramos, estaba fundado por los primitivos, de modo que los españoles solo hicieron un bautismo forzoso a la castellana.

El propio nombre de Bayamo tiene una raíz india. Según los estudiosos, el bayam, identificado hoy por la güira o por la yamagua, era un arbusto a cuya sombra –de acuerdo con las versiones de los aborígenes- las fieras más salvajes se tornaban dóciles.

Esta población –algo que olvidado en ocasiones- se había establecido en el lugar 300 años atrás (unos dicen más) y no era incivilizada.Desprovista de las costumbres nómadas, tenía conocimientos sobre la cerámica, las plantaciones y las construcciones  de bohíos y caneyes.

Lo indígena está también amarrado a la figura de Hatuey, llegado a estas tierras sobre el año 1510 procedente de Quisqueya. Él desanduvo por la región de Bayamo para hacerles ver a sus semejantes la codicia amarilla española y el posible exterminio de la raza aborigen.

Su mensaje provocó la primera gran sublevación. El mismísimo Velázquez tuvo que participar en la persecución y en febrero de 1512 logró capturar al jefe rebelde en la costa sur de Oriente.

El recio cacique, de uno 50 años o más, fue trasladado al poblado aborigen de Yara, a unos 40 kilómetros del actual Bayamo, y como se negó a someterse a los dioses de los europeos, resultó quemado vivo ante la cruz.

De este acontecimiento emergió la leyenda de la Luz de Yara, la cual posee dos variantes: una vinculada a la india con ese mismo nombre que, perseguida por los conquistadores, se abrazó a Hatuey en el fuego y desprendió al quemarse un extraordinario haz; la otra relacionada con el propio Hatuey que durante las noches, después de aquel acto bárbaro, se pasea transformado en luz por los aires, el cielo y los contornos.

REBELDES
Otro suceso rebelde de Bayamo y sus alrederores, poco conocido, es el del cacique Caguá. En el propio 1512 o principios de 1513 Pánfilo de Narváez fue enviado por el Adelantado Velázquez a pacificar la región.

Este llegó con 20 hispanos, 100 indios jamaicanos expertos en el dominio de la flecha y un “negrito bajo”, que causó pavor a los nativos.
Una noche Nárvaez, cuyos hombres habían cometido varios actos de abuso sexual, atropello y saqueos, se vio sorprendido por una lluvia de piedras de los indígenas. Eran Caguá y sus hombres en número de miles.

Narváez huyó con las mandíbulas en un temblor. Pero al poner pies en polvorosa, cuando trataba de montar su yegua, fue impactado por una pedrada que lo tiró de bruces. Esa noticia y la de su amonestación pública, hecha por el Adelantado, fueron recogidas por la posteridad por algún que otro cronista.

Otras sublevaciones notables fueron: la de Guamá, que rozó la región de Bayamo después de 1522 y luego la de un natural bautizado como Brizuela, que fue deportado de Bayamo y de Cuba. Él, a quien se le conmutó la pena de muerte, es considerado el primer preso político de la Isla.

HORMIGAS FEROCES, HIJOS GLORIOSOS
También se ha dicho hablado de los bichitos “que cambiaron la historia”. Varios escritos reflejan que en diciembre de 1514, unas extrañas y feroces hormigas, ante las que los españoles se veían indefensos y otros hechos, hacen trasladar la villa de Yara a Bayamo.

Surge para la posteridad San Salvador de Bayamo. En ese traslado también influyeron mucho las inundaciones provocadas por el río Yara y la lejanía de los yacimientos de oro.

Con los años la ciudad fue ganando en esplendor y se hizo célebre por sus contestaciones a la metrópoli. Incluso, la corona española firmó su título de ciudad en 1837.

De su seno salieron una pléyade de personalidades, algunas de las cuales se convirtieron en padres fundadores de la nación como Carlos Manuel de Céspedes, Perucho Figueredo y Francisco Vicente Aguilera.

Sin embargo, también hay que hablar de figuras que hicieron historia no solo en Cuba sino también en: José Joaquín Palama, autor del Himno Nacional de Guatemala; Manuel del Socorro, padre del periodismo en Colombia; Manuel Cedeño, quien luchó al lado de Bolívar.

No pueden desdeñarse tampoco nombres como los del poeta Juan Clemente Zenea, el académico y reformista José Antonio Saco, el bardo José Fornaris y el músico Manuel Muñoz Cedeño.

Ninguno de ellos olvidó sus raíces aborígenes, como tampoco lo hacen hoy sus hijos del presente, descendientes orgullosos de aquellos indígenas que jamás deben olvidarse.

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  1. El Bayamo antiguo, dicen cronistas, estuvo ubicado a dos leguas del Manzanillo actual… eso quedaría por lo que se conoce hoy como Palmas Altas, cerca de Las Novillas.