Las reinas del ganado

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Por Danelia Acosta Brizuela | 22 agosto, 2015 |
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Leticia y JuliaEl cuidado del ganado las conmovió desde pequeñas, por eso les corre por sus venas una pasión profunda hacia la actividad pecuaria. Esa sensación de libertad y tranquilidad solo la tienen, dicen, entre el aire puro de la sabana, el rocío que baña las plantas y el mugido de las vacas.

De ese modo piensan Leticia Ledea Fernández y Julia Domínguez Granda, ambas ingenieras en Mecanización Agropecuaria y Pecuaria, respectivamente, quienes trabajan en la Delegación provincial de la Agricultura, en Granma.

Ledea Fernández se desempeña como subdelegada de la ganadería, la primera mujer en ocupar ese importante cargo en la historia de dicha entidad; mientras los desvelos de Domínguez Granda tienen que ver con la producción de carne vacuna, responsabilidades que requieren mucha dedicación, amor y entrega para que el alimento llegue a su destino final, con calidad.

Leticia Ledea FernándezNo obstante las políticas adoptadas en Cuba, desde el triunfo revolucionario, para dar a las féminas el lugar que les corresponde en la sociedad y lograr una equidad de género en todos los ámbitos laborales, Leticia y Julia han tenido que superar diversos obstáculos, llorar a solas ante los comentarios machistas:

“Ella no está capacitada para dirigir, y menos a mí que soy hombre”, “ya verás cuando se enferme la hija”, solo porque, hoy, les toca orientar desde una oficina, lugar donde tal vez ellas no prefieran estar, sino bajo el sol con pantalón, sombrero y botas, con sus animales en el campo, viéndolos nacer y crecer.

“Cursé mis estudios primarios en la comunidad 26 de Julio, de Jiguaní, donde estaba ubicada la Empresa Genética Manuel Fajardo, en la cual trabajaba mi papá, y desde chiquita me enamoré del entorno natural, me crié prácticamente en esa entidad y le cogí un cariño especial”, orgullosa de sus raíces campesinas.

“Una vez graduada, mi primera experiencia laboral fue con los compañeros de trabajo de papi, quienes me conocían y respetaban, por eso no me fue tan complejo dirigirlos cuando me eligieron como responsable de la maquinaria. Después, crearon un combinado cárnico para darle valor agregado a las producciones y fui la jefa de producción”.

Las competencias profesionales demostradas en la Fajardo, los métodos de dirección empleados, sus cualidades humanas y el respeto conquistado ante el colectivo, propiciaron que Ledea Fernández se convirtiera en la directora de la Empresa, que bajo su tutela alcanzó elevados niveles productivos y numerosos reconocimientos.

Su intachable trayectoria le abrió el camino en su ascenso al puesto que desempeña en la Delegación de la Agricultura granmense, que amerita de ella un esfuerzo doble, para dedicar tiempo también a la familia.

“En mayo me propusieron venir para acá y el reto es grande, pero no imposible, porque la ganadería está deprimida, a causa del período especial y problemas organizativos. Estoy enamorada de esta actividad y mi propósito es verla florecer, hay otros trabajos más motivadores, pero estoy aquí porque me siento comprometida”, asegura.

Julia Domínguez GrandaPor su parte, Julia, también nació en cuna campestre, en tierra jiguanisera, y jamás ha querido renunciar a sus raíces ni a los valores inculcados por su padre de amar la naturaleza, por eso complació a su viejo y materializó sus sueños de estudiar una carrera afín con esa rama de la agricultura.

Las tres décadas recorriendo cooperativas, vaquerías…conversando con los productores, observando a las reses en su proceso evolutivo han afianzado más sus sentimientos por lo que hace.

“Siempre estoy ideando cómo atender mejor al ganado e incrementar los niveles productivos, a partir de la introducción de distintas tecnologías de ceba, tanto del macho como de la hembra.

“Estamos trabajando en la selección de vaqueros potenciales en el sector campesino y en recuperar aquellas empresas que, en la década de los años 80 del siglo precedente, despuntaron en esa actividad, como la Roberto Estévez Ruz, hasta alcanzar un peso de sacrificio de más de 400 kilogramos en menos de 30 meses, explica Domínguez Granda.

Para lograr tal propósito, lo fundamental es garantizar la base alimentaria, escasa por malos manejos de los pastos y forrajes y el impacto de la sequía.

“No todo ha sido color de rosa, he tenido que lidiar con algunas barreras, miradas inapropiadas, prejuicios, pero, lo importante es mostrar con las acciones diarias que la mujer puede”, agrega.

Ambas dirigentes coinciden en que sin el apoyo de los suyos jamás podrían haber llegado tan lejos en sus metas profesionales.

Las dos reconocen que para obtener buenos resultados no hay días feriados, ni festivos, ni dormidera de mañana, “debemos ser comprendidas porque las mujeres, además de dirigentes, somos amigas, esposas y madres”.

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