Las virtudes de Hugo Chávez

   
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Por Osviel Castro Medel | 28 julio, 2017 |
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Muchos recuerdan aquella anécdota, transmitida por la televisión cuando un pequeño se acercó hasta donde pudo al presidente; pero no lo dejaban pasar. «Déjenlo, que viene para acá», dijo el hombre que hablaba un asunto serio ante la concurrencia.

Enseguida le preguntó su nombre y el chiquillo respondió con la boca llena algo indescifrable «Te pareces al Gallito, mi nieto, que solo tiene 11 meses. ¿Y qué edad tienes tú?», dijo el mandatario.

“Tres”, respondió el niño. “Y qué me traes”?, preguntó el presidente. “Galleta”, replicó el diminuto interlocutor. “Bueno, dame galleta, pues”. Entonces el muchachito sacó parte del alimento de su boca y lo introdujo en la del adulto, que comió a placer ante la risa de los presentes.

“Están viendo lo que es un niño, la generosidad; luego viene la sociedad capitalista y nos enferma de egoísmo, pero él comparte lo que tiene en la boca. Benditos sean los niños”, terminó exclamando.

Así era Chávez. Irrepetible. Sobre todo desde su dimensión de persona excepcional, capaz de hacer eso por la TV, pero también de llorar sin pena ante la angustia, de reprender a sus ministros en cualquier parte, de cantar o de hablarle al pueblo los asuntos más delicados al país, como cuando se despidió el 8 de diciembre de 2012.

“Como ese ninguno”, suelen decir hoy millones de venezolanos; incluso algunos de sus enemigos en vida.

No en balde el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, su discípulo Nicolás Maduro Moros, ha subrayado incontables veces que el huracán humano que simbolizó Hugo Rafael Chávez Frías, se produce una vez cada 200 años.

Acaso lo que más magnetiza en la historia del Comandante Eterno es su originalidad, muy ligada a su manera de ser sin poses.

Fue singular cuando lanzó aquel “por ahora” después de la rendición en febrero de 1992; cuando, luego de su extraordinaria victoria electoral de 1998, juró sobre “esta moribunda constitución” que impulsaría una Carta Magna adecuada a los nuevos tiempos; o cuando, en septiembre de 2006, se persignó en el estrado de la Asamblea General de la ONU y llegó a decir para referirse a George W. Bush: “Ayer estuvo el diablo aquí en este mismo lugar. Huele a azufre todavía”.

También peculiar resultó su respuesta al rey de España, Juan Carlos, después del famoso ¿Por qué no te callas? en la Cumbre Iberoamericana de Chile en 2007. Si bien Chávez no le respondió en el plenario -porque no lo escuchó- replicó  más tarde con claridad conceptual: «… Se le olvidó al rey eso de que nosotros no somos sus súbditos (…) Hace 500 años se levantó un grito de rebeldía en esta tierra, no era en español, sino en nuestro idioma originario…y hace 500 años desde Madrid Imperial salió la orden, que se callen, y por qué no te callas, indio Guaicaipuro, cállate Tupac Amaru(…) Pero no los callaron sino cuando le cortaron la garganta, los descuartizaron, los picaron en pedazos y colocaron sus cabezas en estacas, ese fue el imperio español aquí (…) Ahora estamos en un renacer de la historia”.

Esa originalidad se concretó, más que en episodios puntuales, en proyectos tangibles: la implementación de las misiones sociales, el cambio radical a la cultura y el deporte, el Plan de la Patria… O en la interrelación que cultivó con el público en su Aló Presidente, el programa radio-televisivo (primero radial) de más alto alcance en la historia venezolana.

Según sitios digitales como el de la emisora Radio YVKE Mundial y el de Venezolana de Televisión (VTV), desde el 23 de mayo de 1999 hasta el 29 de enero de 2012 se transmitieron al aire, en 378 ediciones del programa, 1656 horas con 44 minutos y se atendieron en directo 996 llamadas de ciudadanos. Además, fueron recibidas más de 25 000 cartas, a muchas de las cuales el mandatario respondió en vivo.

No pocos venezolanos obtuvieron turnos operatorios, viviendas dignas, acceso a programas sociales; o concretaron viejos reclamos -obstaculizados antes por la burocracia- gracias a la gestión del peculiar moderador de Aló Presidente, el mismísimo Chávez.

Como si resultaran pocos los números, el programa se originó desde más de 255 locaciones del país; y también en el extranjero con ediciones en Guatemala, República Dominicana, Brasil, Argentina, Bolivia y Cuba (en Pinar del Río). El más largo sobrepasó las ocho horas (unos señalan que ocho horas y siete minutos, otros más).

Al lado del Presidente desfilaron en las transmisiones personalidades de talla universal como Fidel Castro (primer invitado internacional, el 29 de octubre de 2000), Evo Morales, Daniel Ortega, el reverendo Jesse Jackson, los actores -también estadounidenses- Danny Glober y Sean Penn, el futbolista argentino Diego Armando Maradona y el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal, entre otros.

Jamás enseñó titubeos. En un programa transmitido en marzo de 2006 tildó a Bush hijo de “burro” y “asesino”. “Eres un burro, un ‘donkey’ (asno, en inglés),  un cobarde, un alcohólico, eres de lo peor que ha habido en este planeta (…) Mister Danger’, cobarde, asesino, genocida, eres un genocida”, dijo desde el estado de Apure.
Fue él quien impulsó, mediante el conocido referéndum de 1999 –para cambiar la Constitución- el añadido de «Bolivariana» para el nombre de Venezuela.

Fue él, además, quien en marzo de 2006, después de la aprobación por la Asamblea Nacional, firmó la inclusión de una octava estrella en la bandera del país, en honor al decreto de Simón Bolívar (20 de noviembre de 1817), que representaba la antigua provincia de Guayana.

A Chávez se le debe también la exhumación, en julio de 2010, de los restos de Simón Bolívar en el Panteón Nacional para certificar científicamente que pertenecían al Libertador y ahondar en las causas de su muerte. “Que momentos tan impresionantes hemos vivido esta noche!! Hemos visto los restos del gran Bolívar. Confieso que hemos llorado, hemos jurado. Les digo: tiene que ser Bolívar ese esqueleto glorioso, pues puede sentirse su llamarada” escribió entonces en su cuenta en la red social Twitter.

¿Cuántas veces se refirió Chávez a Bolívar durante los 58 años, siete meses y cinco días que vivió? Son incontables; pero las menciones siempre nacieron del anhelo de colocar al Libertador como eje y brújula de una nación mejor, emancipada, próspera, ligada emocionalmente a la América nuestra y con una independencia plena.

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