Las vueltas de Camilo por el Cauto

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Por Osviel Castro Medel | 28 octubre, 2016 |
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Camilo Cienfuegos BayamoEran  aproximadamente las 9:30 p.m., cuando un jeep militar  se detuvo frente  a la casa de Euspicio Ramírez  Ramos, en El Caimito, en los llanos del  Cauto.

Uno de los dos tripulantes del vehículo, vestido con un traje verde, bajó y, tocando fuerte a la puerta, soltó un: “¡Vamos, levántense, llegaron los come-vacas!”.

Desde una cama explotó alguna voz femenina,  llena de alegría:  “¡Ah… ¡, ¿crees que no te vamos a conocer? ¡Tú eres Camilo!”.

Súbitamente la quietud se trastocó en inmenso alboroto.  Todos los miembros de la familia Ramírez se precipitaron hacia la puerta, disputándose el honor de abrirla.

“Yo fui la primera en llegar, tenía un gran salto en el corazón.  En un ambiente de euforia indescriptible nos abrazó fuertemente a todos.  Acto seguido pasó a la cocina y puso la nalga  en una esquina del fogón.  Mamá entendió la seña: “quería tomar café”, evocó varios años después Mirtha  Ramírez Gutiérrez.

No transcurrió mucho tiempo para que el resto de los vecinos de Euspicio volara como un enjambre hasta su casa.  Todos anhelaban abrazar y conversar con aquel visitante jaranero y de sempiterna sonrisa. Esa noche nadie durmió en El Caimito.

VISITA A DOS RÍOS         

El episodio, acaecido en los primeros meses de la Revolución, es uno de los tantos que el Comandante Camilo Cienfuegos vivió en la región del Cauto, en la actual provincia de Granma.  No podía caminar mucho el reloj  sin que el Señor de la Vanguardia dirigiera sus pasos  hacia esta zona deslumbrante.

Aquí  Camilo guerreó como un león, fue líder político, estrechó mil manos campesinas, recibió su estrella de Comandante y hasta tuvo aventuras amorosas.

Su intimidad con el territorio data de abril de 1958, fecha en que descendió de la Sierra Maestra al frente de un pelotón con el difícil cometido de hostigar  a los “casquitos”  de Bayamo y sus alrededores. También tenía la misión de lograr la unidad entre los diferentes grupos opuestos al régimen.

En ese entonces creó  nada menos que 19 campamentos.   Y su movilidad fue tal que anduvo desde Guamo Embarcadero hasta Dos Ríos, lugar donde, en junio de 1958,  depositó flores a José Martí.

Claro que por ese contacto guerrilla-pueblo familias enteras como las Ramírez  (en Caimito),  Maceo (Casibacoa),   Peláez  (Jardín),  Benítez  (La Vuelta)  y Fonseca (La Victoria) se convirtieron en parte de su sangre.

Estos lazos se hicieron más sólidos en agosto-septiembre de 1958, cuando al frente de la Columna Invasora número dos, “Antonio Maceo”, desanda de nuevo estos lares.  Muchos  le  sirvieron de ayudantes, prácticos, cocineros, informantes, etc.

NO SOY UN ARTISTA

“Camilo no se movió prácticamente de Oriente en el período que duró la acción revolucionaria en tierra dominicana”, recordó el periodista de Bohemia  Rubén Castillo Ramos (fallecido), quien lo visitó en el hotel Central, de Bayamo, en busca de una entrevista que versara sobre el combate de La Estrella.

“Estaba algo raro -contó Castillo-.   No tenía su permanente y contagiosa sonrisa y en forma inquieta se movía y pasaba las manos por la cabeza.  Con un dejo de amargura me dijo:  -Perdona que no pueda atenderte.  El horno no está para galleticas”.

Eran los tiempos de la invasión contra la tiranía de Trujillo en República Dominicana.  Resultaba lógico que estuviera preocupado por el destino de sus compañeros.

Pocos bayameses,  por motivos de seguridad militar, conocieron de esa visita.  En cambio, muchos recuerdan la ocasión en que una numerosa muchedumbre se agolpó en la calle General García para verlo y él la saludó desde el balcón.

Esos momentos los rememoró 40 años después Justo Benítez : “Llegaba mucha gente a pedirle el autógrafo y él la complacía, pero en un momento se viró para donde yo estaba y me dijo: -parezco un  artista pero no lo soy”.

Castillo Ramos los evocó de un modo más  simpático:  “A mi casa llegaron dos militares y me dijeron que tenían la orden de llevarme preso.  Me llevaron al hotel Central.  Al abrirse la puerta del Club 50 vi a Camilo, lo acompañaba buena gente de Cauto del Paso y  de El  Dorado.  Muerto de risa me dijo: -¿Qué, te apendejaste?  Toma algo para que se te pase el susto.  Vienes pálido como un muerto aunque tú estás medio muerto ya y no lo sabes”.                                                                                .

En el propio hotel,   el  Comandante recibió a sus queridos colaboradores de la guerrilla en el Cauto, entre ellos  a Euspicio Ramírez, Germán Barrero (El Abuelo),  Ñico Cervantes…, Pedro Fonseca.  Asimismo visitó hogares bayameses, como el de Flora Mirabal,  su íntima amiga.

En junio de 1959 realizó una labor proselitista para la recaudación de fondos destinados a la compra de armas y tractores.  En esa oportunidad la Asociación de Ganaderos de Bayamo, lidereada por Armando Caiña, se comprometió a entregar 50 mil novillas pero luego quiso convertir la propuesta en farsa politiquera.  Puso condicionamientos a su supuesta dádiva.

Es ahí cuando el héroe de Yaguajay pronunció su célebre: “¡Con novilla o sin novilla le romperemos la ciquitrilla!”.  Es también en ese instante en que se organiza un acto masivo en la plaza bayamesa Rabí , el 19 de junio.  Cientos de campesinos a escuchar al líder revolucionario, quien llegó a la tribuna después de haber desfilado por las calles al frente de una nutrida caballería.

Llevaba en sus manos la Bandera cubana y al hablar ante la multitud,se refirió a  tres aspectos: la Reforma Agraria, la preparación político-militar del país y la mecanización agrícola.

 DÍA MEMORABLE

 En agosto volvió.  En la finca El Coco se iban a exhumar, en acto solemne,  los cadáveres de 12 campesinos asesinados durante la lucha guerrillera     para su entierro en el cementerio de Cayama.  Primeramente llegó Fidel con Celia Sánchez en un helicóptero, quienes lo esperaron toda la mañana.  Como no llegaba se decidió celebrar de todos modos el acto.

Cuando ya Fidel partía se vio aterrizar un pequeño aparato volador en la pista de Cayama.    Pronto descendió el jefe rebelde.  El Líder de la Revolución bajó y dialogó brevemente con él.

“Tan pronto se corrió la noticia de que Camilo había llegado la gente volvió sus pasos al lugar y se formó un avispero.  Todo el mundo quería saludarlo.  Cuando me vio entre la multitud me hizo bajar del caballo y me dijo: -Nos vamos para Río Cauto”.

En el Club Cosmopolita de ese lugar, dirigido por Justo González Bow, (Nené), se le preparó un almuerzo.  Allí volvió a coincidir con el periodista Rubén Castillo, quien relata:

“Nos pusimos de pie y al pasar por mi lado para ocupar su puesto se detuvo un instante y me dijo alto y con gesto agrio:  ¿Qué cará le pasa a usted?  ¡A mí no me gusta que me anden saliendo en sombra!  Todo el mundo me miró.  Me senté, aparté el plato y me quedé estático.  La cara me ardía.  A los pocos momentos un recado:  Dice Camilo que vaya.¿Qué, te molestaste?, me dijo.  Apartaste el plato y to, ¿eh?.  Pues, chico, come que el que no come se chiva”.

 

VELAS

No hay cómo describir cuánta consternación vivieron los habitantes del Cauto al conocer la trágica noticia de la desaparición de Camilo.  El hecho golpeó tanto que, por ejemplo, el conocido Coronel del Jardín, amigo y colaborador del Señor de la Vanguardia, sufrió un infarto mortal.

Otro acontecimiento dice quién era Camilo en esta región: su búsqueda desesperada de 15 días llegó a comprender esta región.  El Comandante Cristino Naranjo, el capitán Euspicio Ramírez y hasta su hermano Osmani  realizaron vuelos en helicópteros sobre la zona y visitaron hogares por si  se había dado uno de sus acostumbrados “salticos” hasta acá.

Pero hay más.  El deseo de que apareciera con vida llevó a muchas personas a pedirle a la Providencia Divina que hiciera un milagro.  Algunos llegaron a efectuar misas, a ponerle velas o hacer promesas como las de ir  a pie, sin zapatos, desde El Caimito hasta el santuario de  El Cobre con una piernita de plata.

“Incluso –recordó Mirtha Ramírez- en la zona de Santa Rosa apareció un señor diciendo ser Camilo, que había resucitado.  Y confundió a dos o tres pues en verdad se le parecía.  Euspicio, mi papá, lo desenmascaró al instante.  La personalidad de Camilo era inconfundible.

En el Cauto el Señor de la Vanguardia  fue más que un jefe militar o político. Fue el hermano perdido que aún se llora, ese que algunos “ven” en  un jeep, a pie, o montado a caballo, para detenerse en un bohío y escuchar, después del toque cariñoso a una puerta:  “¡Tú eres Camilo!”.

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  1. Camilo, se levanta sobres las llamas de Bayamo, entona el himno nacional y navega por las aguas del cauto para juntar los pueblos del mundo a través de los mares que lo recuerdan con bellas flores.