Latinoamérica se viste de blanco

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Por María Valerino San Pedro | 3 diciembre, 2016 |
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"Una  de las cosas por las cuales nuestro Fidel  luchó fue por la unidad latinoamericana y el internacionalismo proletario", dice la Doctora Isabel Rosales Rodríguez.
“Una de las cosas por las cuales nuestro Fidel luchó fue por la unidad latinoamericana y el internacionalismo proletario”, dice la Doctora Isabel Rosales Rodríguez.

Latinoamérica se viste de blanco. Sus hijos sienten más de cerca las bondades de la vida. No se trata de un acertijo o de palabras vanas. Es sencillamente el más alto sentido del altruismo.

Las manos se extienden y reciben un apretón de otras, que además baten sus “alas” como palomas de la paz, para curar, operar, inyectar, alentar…pueden ser las de Osvaldo, Irasema, Isabel, o las de muchísimos granmenses más.

Así sucede desde el año 1960, cuando Cuba realiza la primera ayuda médica a Latinoamérica, al enviar  a Chile una brigada para atender los damnificados de un terremoto que afectó a ese país.

A fines de 1962, en el acto inaugural de la Facultad de Ciencias Básicas y Preclínicas  Victoria de Girón, el Comandante en Jefe Fidel Castro anunció al pueblo cubano la decisión del Gobierno Revolucionario de brindar ayuda  internacional en el campo de la Salud.

En octubre de 1963 parte la primera Brigada Médica, para materializar esa decisión,  hacia Argelia,  es  el inicio de la colaboración médica cubana.

Hoy 3 de diciembre, Día de la Medicina Latinoamericana en Cuba, como recordación al  natalicio del sabio camagüeyano Carlos Juan Finlay, es la mejor de las ocasiones para homenajear en este diario digital de la suroriental provincia cubana de Granma a los médicos y doctoras de esta tierra que esparcidos por América Latina llevan la luz de la vida a sus hermanos, gratuita y desinteresadamente.

Vía Internet se comunican con esta redactora, y aún con tanta distancia  por medio, dejan entrever en sus líneas, el orgullo por la profesión elegida y el privilegio por integrar el ejército de internacionalistas cubanos.

ISABEL

Quizás hasta la semana pasada la misión que cumplo no significaba tanto para mi como ahora,  porque unas de las cosas por las cuales nuestro Fidel  luchó fue por la unidad latinoamericana y el internacionalismo proletario”.

Así, visiblemente emocionada comienza la doctora Isabel Rosales Rodríguez, dermatóloga del policlínico Bayamo Oeste, de Bayamo, el intercambio vía internet desde Bolivia con La Demajagua digital.
“Estaré aqui durante tres años, y  de nuevo en su nombre puedo ayudar a un pueblo latinoamericano prestando mis modestos esfuerzos como médico que tanta falta les hace,   ya que aunque se han formado muchos en la Escuela Latinoamericana de Medicina y hoy están trabajando, el déficit es muy grande,  y todavia tienen índices muy altos de  mortalidad, desnutrición, y enfermedades  como la tuberculosis y el parasitismo.

“Es que uno es de latinoamerica y Martí dijo de América soy hijo y a ella
me debo y nuestro Comandante nos educó en esas ideas incluso en la outra misión tuve la desdicha de perder a mi madre querida.
“Cumplí misión anteriormente por mas de seis años en Venezuela.
Realmente estar lejos es muy difícil,  extraño a mi hijo y nieta,  pero entre todos me ayudan,  sobre todo con mi papi que tiene 90 años.
“Me ha marcado mucho ver a niños menores de 7 años pregonando por las calles o vendiendo en los negocios, prácticamente ellos son los que venden y la tristeza está en sus rostros.

“Considero que las misiones nos ayudan a profundizar y cosolidar nuestra formación,  tanto en lo profesional, humano y político, tenemos la oportunidad de ver y tratar enfermedades que solo habíamos visto en los libros, porque en nuestro país están erradicadas o son muy raras, vivimos momentos difíciles al ver acciones deshumana en el manejo y acompañamiento de los pacientes, que con nuestro actuar minimizamos, y muchas veces las erradicamos, en lo político conocemos de cerca lo que solo conocíamos por los libros o por los anécdotas de nuestros abuelos y padres”.

OSVALDO

Tiene la bondad reflejada en el rostro, es de esas personas que te hace sentir alegre y segura.

Lo conocí hace años, cuando su abdomen no estaba abultado por las libras demás y acunaba en sus brazos a sus hijos con infinita ternura.

Luego lo vi crecer profesionalmente, porque aunque es holguinero de nacimiento, el amor lo atrajo a Granma, y aquí lo hizo quedar.

Osvaldo Aguilera Aguilera tuvo desde siempre la idea fija en la cabeza de estudiar Medicina, porque, “el doctor Montalvo, quien me atendió cuando era muy pequeño despertó en mí el sentimiento de atracción y respeto por la Medicina. Cuenta mi mamá que siempre decía ‘cuando yo sea grande voy ha ser médico como Montalvo, para curar niños. Fíjate que pedí esa carrera en las tres primeras opciones al concluir el 12 grado’.

Especialista en Medicina General Integral y Máster en Fármaco Epidemiología, ha cumplido tres misiones internacionalistas, la primera en Belice de 1999 a 2001,  la segunda en la República Bolivariana de Venezuela en la misión Barrio adentro de 2003 a 2009, y la tercera en Brasil, por tres años, como parte del programa Más médicos. Regresa a la Patria el 10 de diciembre próximo.

“He vivido aquí una riquísima experiencia, en el estado de Piaui, al nordeste de Brasil,  como médico en un equipo de programa de atención a la familia, en los municipios de Pavussu y Sao Francisco de Assis, zonas muy carentes de supervisión de profesionales de la Medicina. Logramos desarrollar el programa materno infantil, y no tuvimos fallecidos menores de un año ni muerte materna, además del control a los diabéticos, hipertensos y adultos mayores. Realicé el curso de especialización en Medicina familiar con notas excelentes.

“Para mí es inolvidable queme vi precisado a hacer un parto en el puesto de salud, pues eran las 5 de la madrugada cuando  llegó  una paciente adolescente en período expulsivo,  por suerte todo salió bien, no obstante carecer allí de condiciones y  equipamiento.

“Mi familia es mi inspiración, especialmente mi esposa y mis hijos, que siempre me han dado el  apoyo espiritual y la confianza necesaria para vencer las distancias y el tiempo que implica una tarea como esta”, concluye.

IRASEMA

La mujer eleva su rostro al cielo, busca con una mirada al infinito la cara de sus hijos Carlet Camila y Carlos Alberto, de 3 y 16 años de edad, respectivamente, para darles el beso de hasta mañana.

La escena se repite cada noche y así la nostalgia por esos “pedacito del alma” se acrecienta. Pero ya falta muy poco,  Irasema Pérez Casanova,  especialista en Medicina General Integral,
de la comunidad de Vado del Yeso, municipio de Río Cauto, regresará a su terruño en solo días.

Está desde enero de 2014 en el Estado de Río Grande do Sul, Municipio Fontoura Xavier, Brasil, y ya anteriormente, desde 2014 hasta 2010 cumplió misión en Venezuela, país donde se encuentra como rehabilitador su esposo Leandro Pérez Domínguez.
“Para ningún padre es fácil dejar los hijos, pero la garantía de contar
con una gran familia como la mía,  y de saber que están protegidos
y bien cuidados por ellos nos ayuda a soportar y llevar adelante
nuestro trabajo en lugares donde definitivamente nos necesitan más.
“Al principio viví experiencias  inolvidables, por ejemplo, una madre
sale de su casa de madrugada con su bebé de meses en brazos,  tiene
que andar varios kilómetros desde el interior de la serranía con
temperaturas super bajas para llegar al lugar donde abordar un
ómnibus, para trasladarse hasta el puesto de salud más cercano (15
kilómetros) para mantener el esquema de vacunación de su hijo o por algún otro motivo que precise de asistencia médica urgente.

“Son cosas a las que no estamos acostumbrados en nuestra Cuba, pero pasados tres años puedo afirmar categóricamente que la situación es
otra, pues llevamos salud hasta los lugares más intricados.
“Desde el punto de vista personal y profesional me siento realizada,
por haber tenido la ocasión de brindar asistencia médica a lugares
donde la mayoría de los pacientes nunca habían tenido la oportunidad
de recibirla, y que  gracias a esta misión pudimos llegar hasta ellos y mejorar  en gran medida su estado de salud , pero más importante ha sido sentir su agradecimento infinito.
“Estoy orgullosa y feliz”.

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