Lauredo tiene la llave, en Bayamo

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Por Luis Carlos Frómeta Agüero | 19 enero, 2021 |
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Una sonrisa deviene siempre descanso restaurador para los fatigados, por eso, en medio del intenso ajetreo diario, alivié tensiones tras el inesperado encuentro con el periodista bayamés Manuel Lauredo Román (el Gallego), simpático personaje que hace de lo malo un chiste.

Cuenta que durante sus años mozos trabajó como office boy, pues se designaban así a los muchachos repartidores de mandados a domicilio. Por ese tiempo, la familia sufría de liquidez económica y sin saber cómo ni cuándo, apareció en la casa un refrigerador Westinghouse, el que, a pesar de los reiterados intentos, jamás encontraron la forma de llenarlo.

Lauredo meditó sobre el traumático asunto, compró una corneta para bicicleta, la colocó en el interior del aparato refrigerante y cada vez que sacaba la jarra para el agua, sonaba el claxon tres veces, advirtiendo la utilidad de aquel equipo generador de frío y de corriente.

Como contador, graduado en la Escuela de Comercio, critica a quienes invierten cinco veces más en medicamentos para la virilidad masculina y silicona para las mujeres, que en la cura del Alzheimer, porque, según él, dentro de algunos años, estaremos rodeados de viejas de senos grandes y viejos con “la mancuerna dura”, pero ninguno de ellos recordará entonces para qué rayos les sirven.

Su impronta por el periódico La Demajagua la recuerdan muchos, sobre todo cuando el linotipista esperaba por escasas líneas para darle el OK a la prueba de plana;
-Chico…pon en ese espacio: Fumar daña la salud y culminamos -precisaba.

Realmente, es un hombre florido para contar historias, tiene muy desarrollado el sentido del humor y la sutileza de sus bromas llevan implícito el privilegio particular de sacarle punta a cualquier suceso, por amargo que sea.

Cuenta que hace algunos años, cuando recorría el centro histórico de Bayamo, unos amigos españoles que lo acompañaban detuvieron el paso, y la mirada curiosa se deslizó por una excavación cercana a la iglesia en reparación, ubicada frente al parquecito Maceo Osorio, o de los coches, como también se le conoce.

-Miren qué coincidencia, ustedes llegan ahora de Mairena del Alcor, justamente cuando descubrieron, allá abajo, a tres paisanos con más de cien años de enterrados, ¡ah! y comentan las autoridades que uno de ellos murió asfixiado —dijo el anfitrión con marcada picardía.

-¡Por dios, hombre! ¿Y cómo supieron todo eso? -indagaron con asombro los invitados:

-¡Ah…!, porque llevaban puestas las alpargatas y el más chiquito tenía un garbanzo atorado en la garganta -precisó.

Para este quijotesco bayamés, el físico en los varones no es el único atrayente para las mujeres, pues de eso se encarga la billetera y precisa que los hombres son como las cuentas bancarias: si no tienes un montón de dinero, no generas ningún interés.

No hay nada más cierto, pensé, mirando detenidamente su desvencijado rostro, porque el que nace pobre y feo, tiene grandes posibilidades de que al crecer, se le desarrollen ambas condiciones.

Así, con la mochila cargada de cuentos y refranes cabalga Lauredo por su Bayamo, en busca de la última noticia, seguro de que en la vida, siempre habrá dos palabras que abrirán muchas puertas: tire y empuje

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