Liana de Lux: un misterio poético

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Por José Mario Viamonte Piña | 11 febrero, 2020 |
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FOTO/ Autor desconocido

El ruido nervioso del manojo de llaves despierta la sospecha. La puerta se traba y Ramón Fajardo Gamboa empuja con el hombro. El estruendo confirma el augurio. Se estremece la tranquilidad de la Calle Céspedes, que disfruta el reposo y el calor del mediodía.

En el interior de su habitación y recostada de su escritorio, su perenne confidente,  se encuentra lívida y llena de sangre María Luisa Milanés. Impávida e inexpresiva, mira, al que ya hace tiempo había disparado el golpe de gracia a su corazón. El cañón de un revólver calibre 38 husmea en el piso salpicado de sangre. Tiene el vientre rasgado, apuntó al pecho, para destruir todos sus sentimientos, pero el necesario retroceso desvió el tiro.  Es jueves, 9 de octubre de 1919.

Trasladan  a la herida en un tren con urgencia a Santiago de Cuba, la mejor ciudad con condiciones clínicas en la provincia de Oriente. La peritonitis avanza agresivamente. Ella tampoco desea vivir. Fallece a los tres días. Ha muerto María Luisa Milanés. Para Bayamo murió la hija del General Luis Ángel Milanés. Para su esposo murió la loca. Para los miembros de la Revista Orto ha muerto Liana de Lux. Y para la poesía cubana ha quedado trunca una voz prominente.

María Luisa Milanés solo vivió 26 años, pero bastaron los últimos ocho para convertirse en un halo de misterios y leyenda de su ciudad.  Comenzó a escribir desde joven pero su período de madurez creativa se considera de 1912 a 1919. Fue una mujer de vasta cultura, dominaba varios idiomas como el latín, el francés y el inglés. Era una ferviente devota de la religión católica.

Publicó unas decenas de poemas en la Revista Orto de Manzanillo con el seudónimo de Liana de Lux,  fue suficiente para despertar la admiración de algunos poetas y apreciar su intención larval. A su muerte la revista rindió dos homenajes póstumos uno en 1920 y otro en 1926.  Por sus circunstancias de vidas, se podrá comprender su anhelo y rechazo a la vez por publicar su obra, la cual destruyó varias veces con frecuencia antes de los 16 años o sea en sus inicios literarios previo a su madurez creativa y luego en los convulsos y martirizados días antes de su suicido,  donde mutiló parte de su obra en prosa y varios poemas por decepciones, incomprensiones y miedos que fueran considerados impropios para su persona. A pesar de estos avatares el investigador Alberto Rocasolano encontró más de 200 poemas en los archivos del escritor Max Henríquez Ureña.

Su vida angustiada e incomprendida fue su principal inspiración. Sus poemas es la biografía  de sus sentimientos verso a verso. Su prosa son los reclamos que nunca pudo expresar en voz alta. Atada por no tener una vida plena y liberal acorde a sus pensamientos se convirtió en rehén de los prejuicios morales de su época. Su poesía  es la redención de su sufrimiento y un torren de catarsis. Subvalorada por sus seres queridos por su amor a la literatura, padeció el patriarcado de la época y la discriminación femenina.El autoritarismo del padre va a imponer reglas típicas de la época como evitar salidas en solitario de la casa, participar en conversaciones libremente o elegir sus amistades.  Por estos motivos su hija lo apodó el Káiser por su temperamento despótico y orgulloso. También su padre se atribuía la potestad de elegir su destino y matrimonio, decisiones encontradas y tormentosas entre María Luisa y su padre.

Aunque logrará algunas discretas conquistas como casarse con quien ella decidió e inclinarse por la literatura y publicar algunos poemas en vida, terminó siendo su matrimonio un calvario y decepción. Cercenada su plenitud intelectual y femenina por los dogmas de la época. Abandonada por su familia y sentándose incomprendida en el Amor donde único va a encontrar refugio es en la poesía.

Su estilo poético es inconcluso, amorfo para algunos, pero adelantada a su época por otros. Su vida llena de dolores y martirios fragua empatías místicas con poetas y escritores que le han dedicados estudios, poemas, obras de teatro y novelas aunque sigue habitando en los claroscuros de las penumbras del olvido y los márgenes de la gloria literaria.

Su poesía, alguna vez patriótica se entrelaza con  proyección cívica de gran raigambre en su seno familiar. Por tanto la estirpe mambisa es otra cualidad que adquiere del padre, que la vincula genéticamente a la más elevada epopeya de la época. Luego sus inquietudes patrióticas, éticas y políticas tienen cierta expresión aunque sea menor en su poesía, y sobre todo en su obra en prosa como se desvela nítidamente en su Autobiografía un sentir nacional.

Ha sido una escritora difícil de encausar en una tradición o estilo literario que se escurre entre el modernismo y posmodernismo. Hay algo de novedoso y transgresor en su poética que no terminó de cuajar.  Por estas razones la mayoría de su obra permaneció gravitando entre el olvido y el desconocimiento. Siendo su propia vida y obra algo dispersa, fragmentada e inconclusa, aún estremece y despierta interés. Su condición de poeta suicida no deja de ser un leitmotiv. Para muchos los enigmas de su vida le gana el pulso a su poesía.

Es frecuente encontrar en su afamado poema epitafio del cementerio de Bayamo alguna que otra vela o monedas… ¿en premio a algún favor?  Pasado un siglo, Liana de Lux sigue siendo un misterio poético o  un solsticio errático.

FOTO/ Autor desconocido

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