Lino, un arriero de corazón

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Por Anaisis Hidalgo Rodríguez | 18 junio, 2016 |
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Lino, arriero CubaLino Eliades Rodríguez Roblejo, arriero durante 13 años de su sexagenaria vida, confiesa que no canta ni en el baño de su humilde casa erigida en el montañoso municipio de Buey Arriba, en Granma.

Lo que le gusta es trabajar con mulos, oficio que aprendió con los arrieros más viejos de la zona, que iban a su casa a cargar. Como resultado, él y sus cuatro hermanos se enrolaron en esa oficio.

“Esta es una tarea  dura”, confiesa mientras acomoda su sombrero de paño, que junto a su camisa a cuadros le otorgan elegancia.
“Usted sabe a qué hora sale de la casa, pero no a qué hora va a llegar, porque puede toparse que llovió, que hay un río hondo y no se puede tirar porque le lleva los mulos; o tiene que tirar mercancía para las tiendas o llevar de la Sierra hasta los puntos de acopio.

“Hay recorridos de hasta dos días. Antes íbamos a Las mesas, subíamos hoy, cargados de mercancía, y veníamos al otro día. Es un trayecto que te toma, cinco horas y media para allá; cargar para virar ese mismo día era muy duro, por eso nos quedábamos, y al siguiente, regresábamos al aclarar. Ya a las 3:00 o 4:00 p.m. estábamos en Buey Arriba”, comenta Lino.

En uno de esos viajes que hizo de Las mesas hasta Barrio nuevo, con el propósito de trasladar malangas, el río no les permitió cruzar: “No podíamos pasar los mulos, ni ir de  un lado a  otro porque fue cayendo agua todo el tiempo. Tuvimos que dejar los aparejos en una cueva, tumbar un palo y echárselo a los mulos para que comieran y trancar con soga y palos los caminos. Tuvimos que valernos de mañas para no amanecer allí junto con los animales”.

Sobre el mulo, ese compañero de alegrías y sinsabores, comenta: “Es complicado si tú no lo conoces, pero ya después que se familiariza contigo y se adapta a la voz del dueño, es muy dócil y útil. Le sirve a usted para cargar y para trasladarse de un lugar a otro. Es un animal manso.

A los ojos de Lino, el oficio de arriero es una necesidad y debe conservarse. “Muchos camiones no pueden llegar hasta la montaña a buscar las producciones que hay allí, por ejemplo el café, que tienes que ir por una guardarraya y cargar para poder sacarlo. Ahí no sube un carro ni un hombre puede llevarlo al hombro”.

Independientemente de las dificultades, este es un oficio que Lino no olvida aunque está jubilado, por eso, a veces ve a algún arriero y le trabaja un día, dos…ayudando en lo que  puede.

Durante su vida de arriero, Lino peló mulos, fue herrero, talabartero, domador. Lo mismo hacía una jáquima que un bozal.
Hoy, confiesa que si fuera joven , empezaría antes en este oficio para aprovechar más la oportunidad.

Sobre el evento de arrieros y fabulaciones serranas, que este 2016 arriba a su XIV edición, acotó: “Es importante, a él asisten arrieros de otros lugares, uno comparte experiencias, por lo menos te relacionas y te llevas algunos conocimientos que son útiles, principalmente del Dimitrov (Instituto de Investigaciones Agropecuarias Jorge Dimitrov, de Granma), que van y te explican sobre los animales, las enfermedades que existen, eso vale mucho también”.

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