Lo hermoso de Media Luna: su gente y su historia

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Por Yasel Toledo Garnache | 7 mayo, 2017 |
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Media Luna, en la provincia de Granma, es el municipio de la estatua de la Heroína en el parque, de historia, mar y montañas. Más de 36 mil pobladores se ubican en sus cerca de 375,5 kms de extensión.

Representa uno de los mayores orgullos de sus habitantes vivir donde nació el nueve de mayo de 1920, dio sus primeros pasos y soñó Celia Sánchez Manduley, ejemplo de mujer amorosa, revolucionaria y fiel a las esencias de la nación y a Fidel Castro, líder de la última etapa de lucha armada del pueblo cubano y eterno Comandante en Jefe.

La libertad llegó a ese lugar a finales de diciembre de 1958, vestida de verde olivo y junto a hombres barbudos. El territorio donde se efectuó el reencuentro glorioso de Fidel, su hermano y otros sobrevivientes en 1956, comenzó una etapa diferente, como toda Cuba, a partir del triunfo definitivo a nivel nacional, el primero de enero de 1959.

Hoy nacen sitios recreativos, se reparan inmuebles y la dibujada algarabía adorna el ambiente. Hay piscina, cremería, Casa de la Cultura, zona con conexión Wifi y planes para aumentar el disfrute del pueblo.

Cientos de personas impulsan los resultados en diversos sectores, incluida la agricultura, principal renglón económico del municipio, y elevan la producción de alimentos, la pesca, la confección de materiales de la construcción y otros elementos a favor del progreso.

La sombra de los parques constituye uno de los encantos del territorio, solo comparable con la belleza de las mujeres y la tradición. Esos edenes, con bancos y árboles, son escenarios ideales para improvisar piropos y arriesgarse en el amor, lugares públicamente privados que esconden besos adolescentes y juramentos de pasión.

También hay glorieta. Tal vez, no tan elegante como la de Manzanillo, ciudad cercana, pero muy bella. Se levanta, con aires de historia a su alrededor, allí están las imágenes de Celia Sánchez, Raúl Podio Saborit, Juan Vitalio Acuña…, próceres que subieron a las montañas, junto a otros de esa tierra, para conquistar un sueño: la independencia de toda una nación.

El museo Casa Natal de Sánchez Manduley resulta visitado cada año por miles de personas, quienes van para conocer más a la mujer sensible, hermosa y alegre, amante de las frutas como el mamoncillo, la ciruela criolla, el tamarindo y el mango.

Ahí están fotos de ella y varios de los objetos empleados en su vida como revolucionaria, guerrillera y joven soñadora, todo en la misma vivienda, hoy Monumento Nacional, donde sonrío y jugó con las hermanas.

La playa de la localidad no tiene arena muy fina, ni blanca, pero el paisaje es hermoso. Se ven botes viejos y navegantes arriesgados. Allí, muy cerca de la ensenada que le da nombre al territorio, quizás algún pescador se llame Santiago, como en la noveleta de Hemingway, aunque parece imposible que uno haya cogido un pez aguja gigante.

El aire de las lomas y las brisas del mar se abrazan para encanto de pobladores y visitantes. Casas antiguas se conjugan con otras modernas.

A veces, la música de órgano corre libre, y casi todos se contagian con el ritmo, disfrutan en compañía de amigos. Hay gente pintoresca: cantantes sin voz, lectores sin libros, un Juan Candela local.

Existen mujeres secas, sí, es cierto, y otras muy buenas. Poetas, sin brevedad, dicen frases “nerudianas” ante la belleza de ciertas flores humanas; y, en verdad, es difícil contenerse.

Lo más hermoso de Media Luna lo constituye su centro, que, como escribió el poeta Andrés Conde, “no está en jardines, ni en los barrios de Pueblo Nuevo, Maceo o El Carmen”. El centro está en su gente, en su historia, en el amor a la Patria y a la vida, que son lo mismo.

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  1. Yasel, me encanta lo que escribes, porque haces de los artículos no sólo lo que son, sino que los conviertes en poemas. Gracias por tu buena preparación y por llegar de forma sublime a los lectores.