Lo mejor en la vida de Aurora Elena (+audio)

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Por Orlando Fombellida Claro | 22 diciembre, 2017 |
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Aurora Elena Torres Sánchez FOTO/Rafael Martínez Arias

Desde pequeña, Aurora Elena quería ser maestra. “Con cualquier pedacito de tela hacia una bandera, la colocaba en un palo y mis hermanitos eran los alumnos”, dice y sonríe al recordar aquella tierna escena lejana en el tiempo.

Nacida en el barrio de Bueycito, en el actual municipio de Buey Arriba, en la provincia de Granma, sudeste de Cuba, al concluir la Educación Primaria no pudo, momentáneamente, continuar estudios, pues corrían los primeros años de la Revolución Cubana y aún “las becas (para escuelas secundarias básicas en el campo) eran poquitas”.

La convocatoria a formarse como docente de manera acelerada, le abrió la puerta a la senda que la llevó a convertir en realidad su más anhelado sueño.

“Soy –dice- una de las maestras que necesitó la Revolución. Terminé mi sexto grado, me ofrecieron que fuera maestra porque había una necesidad, pasé un curso emergente de seis meses y empecé a trabajar, lo que ha sido lo mejor de mi vida, porque me enamoré de la profesión”.

Sus primeros andares frente a alumnos fueron en escuelas de Vega Grande, Almendral, El Oro, y Tínima, lugares de la Sierra Maestra.

“En el lomerío es, asevera, distinto, se pasa más trabajo, se está más solo, son poquitos los alumnos,  eso sí, los niños son muy nobles y dulces, pero a mí me gustan las matrículas grandes, principalmente de primero, me enamoré de ese grado”.

Hace 37 años, Aurora Elena Torres Sánchez comenzó a laborar en la vieja escuelita de madera Adolsina Alsina,  de su barrio natal, y ahora lo hace, como jefa del primer ciclo (primero a cuarto grado), en la flamante institución, con el mismo nombre, estrenada el 4 de septiembre, fecha de inicio del curso escolar 2017-2018.

En el transcurso de ese tiempo “fui superándome mediante cursos, me dieron la oportunidad de hacer la licenciatura y  la maestría (en ciencias de la Educación)”.

Esa entrega a “preparar para la vida”, al decir de José Martí, a decenas de infantes le fue reconocida con la entrega de la Medalla José Tey, la Orden Frank País de Segundo Grado y la Distinción por la Educación Cubana,  otorgadas las dos primeras por el Consejo de Estado de la República de Cuba, y la tercera, por el Ministerio de Educación.

Sin negar, todo lo contrario, el significado de esos estímulos, confiesa que la mayor gratificación, como docente, “es ver a esos médicos, esos maestros, obreros, que pasaron por mis manos”.

Categórica, convincente, Aurora Elena, afirma: “Me encanta la educación”, y envía a los educadores noveles o en formación, el siguiente mensaje: sientan mucho amor por la profesión que han escogido”.

Este 22 de diciembre, Día del Educador, ella recibirá la felicitación de niñas y niños que estudian en la nueva Adolsina Alsina, y de hombres y mujeres de diferentes edades, que años atrás fueron sus alumnos.

Una de las 12 aulas de la nueva escuela Adolsina Alsina FOTO/Rafael Martínez Arias

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  1. “El mejor maestro no es el que más sabe, sino el que es capaz de reducir su conocimiento y experiencia a la simpleza de lo obvio y maravilloso.” FELICIDADES EDUCADORES