Lo que olvidaron los pronósticos

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Por Leonardo Leyva Paneque | 18 enero, 2018 |
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FOTO/ Rafael Martínez Arias

Cuando horas antes de iniciar la aventura semifinalista, el mentor de los Alazanes Carlos Martí Santos ratificó que sus alumnos saldrían a defender la corona, jamás pretendió subestimar a sus rivales.

De hecho, sabía que asumirían un cotejo difícil frente a Matanzas, el mejor conjunto de toda la etapa regular del campeonato, aunque el terreno se encargaría de dictar sentencia.

Locura por los alazanes

Martí Santos y su tropa tenían ante sí otra tamaña empresa. Y como si pareciera poco, casi ningún especialista, para no ser absoluto, vaticinó sus posibilidades de avanzar a la discusión de la corona.

Al parecer, quienes se arriesgaron a predecir una Gran final con presencia de los Cocodrilos, olvidaron lo sucedido en la campaña anterior, cuando Granma eliminó al mejor equipo de Matanzas de los últimos años, antes de coronarse con los cuatro éxitos al hilo sobre Ciego de Ávila, entonces, monarca defensor.

Con esas y otras credenciales, encararon los Alazanes el tope ante el plantel de Víctor Figueroa. Sin embargo, persistían las dudas sobre la última selección de refuerzos que realizó su timonel, aunque nadie mejor que él sabía lo que necesitaban, y salió a buscarlo.

Por cierto, el triunfo inicial de los yumurinos (7×1), con el zurdo Yoanni Yera en el box del parque Victoria de Girón, avivó los augurios. Pero, los orientales se impusieron luego (12×11) con ataque de 17 incogibles, a pesar de la pobre demostración de sus lanzadores.

Con el match igualado a una victoria por bando, las acciones se trasladaron al Mártires de Barbados, de Bayamo, donde los vigentes campeones no dieron oportunidad a sus contrarios, al propinarles una costosa barrida –con pizarras de 7×2, 3×1 y 4×2-, que senteció el duelo en solo cinco encuentros.

En predios bayameses, los granmenses funcionaron parecido a una maquinaria. Sus serpentineros apenas permitieron cinco carreras, cuatro impulsadas por dos cuadrangulares del noveno en la alineación y patrullero central, Eduardo Blanco, increíblemente, el mejor bateador de la nave yumurina.

Además, el refuerzo villaclareño Alaín Sánchez se anotó el segundo éxito de la fase; Lázaro Blanco tomó desquite del revés inaugural; mientras, una de las últimas adquisiciones, el pinareño Raidel Martínez, dio la estocada final con relevo perfecto, para completar la buena labor del zurdo santiaguero Ulfrido García.

Ese cuarteto asumió protagonismo, al punto de solo otorgar cinco de los seis boletos en los tres últimos juegos, panorama muy distinto al vivido en predios matanceros, donde el staff concedió 18 pasaportes gratis.

También resultó determinante la ofensiva oportuna y una defensa inmaculada. Destaque para Roel Santos, baluarte como hombre proa; para el inicialista Guillermo Avilés, quien parece llegar a su consagración, y para el productivo camarero Carlos Benítez, sin olvidar al holguinero Geydis Soler y a Alfredo Despaigne, inspiración para sus compañeros.

De igual manera, descollaron el enmascarado villaclareño Yulexis La Rosa, quien ha crecido con el torneo; junto al antesalista Raúl González y al torpedero holguinero Yordan Manduley, artífices en la custodia del ala izquierda, misión para la que fueron convocados.

Así, Carlos Martí Santos y sus Alazanes hicieron añicos los pronósticos y acabaron con las esperanzas de los Cocodrilos; mientras siguen soñando con otro cetro, al alcance de su trote, aunque inexplicable para muchos.

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