Lombriz de la tierra: ¿El animal perfecto?

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Por Agencia Cubana de Noticias (ACN) | 21 octubre, 2019 |
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Admiradas por unos por la fertilidad que imprime a la tierra, repulsivas ante la mirada de otros a causa de su desagradable aspecto y codiciadas por muchos en el mundo gracias a los valores  de su carne ideal para la alimentación humana, la lombriz de tierra resulta un animal controvertido, pero sin dudas muy útil al hombre.
Aunque tradicionalmente han sido célebres por  producir el humus, un excelente abono natural desprovisto de sustancias químicas y generador de vida al suelo, el cual es obtenido de la  digestión de la materia orgánica ingerida por ellas, ahora los expertos en lombricultura miran más allá, por los aportes de la carne de este invertebrado, comestible y de gran poder nutritivo.
Fuentes digitales especializadas coinciden  en que la carne de lombriz es un recurso económico importante, al tratarse de un alimento rico en proteínas y de fácil producción. A lo largo de miles de años, diferentes pueblos de África y China encontraron en ella un complemento nutricional que ayudó a sostener a su población.
Es considerado por algunos expertos el alimento perfecto, pues se trata de una carne roja, fuente de proteínas de bajo costo, de la que se obtiene harina con un 73 por ciento (%) de proteína y una gran cantidad de aminoácidos esenciales, eficaz también en la dieta animal.
De acuerdo con investigaciones científicas, del provechoso animalito se pueden obtener otros productos base para la industria farmacéutica, y  a partir del líquido celomático, se han producido antibióticos para uso humano.
Fue reconocido por los egipcios como un animal sagrado, al demostrarse hace cientos de años que la gran fertilidad del Valle del Nilo se debía a la lombriz de tierra, por lo cual se decidió  castigar severamente a quienes osaran exportarla.
En Cuba ese abono natural es muy empleado en la agricultura y en Pinar del Río específicamente cultivos priorizados en la provincia se benefician cada año con la adición de volúmenes de humus, rico en nitratos, magnesio, fósforo y potasio.

Su aplicación contribuye en Vueltabajo al incremento de los rendimientos en la agricultura urbana y el tabaco, especialmente la variedad tapado, aportadora de las capas imprescindibles para la elaboración de los afamados habanos.
Especialistas del CITMA reconocen que su utilización repercute en el equilibrio biológico de los terrenos, en tanto su actividad fitohormonal contribuye a mejorar el estado vegetativo de las plantas y a la obtención de altos indicadores productivos y de calidad.
A pesar de que existen aproximadamente ocho mil  tipos de lombrices de tierra diseminadas en todo el planeta, las más estudiadas por la ciencia, debido a su eficiencia y productividad, son la roja californiana y la africana.
Ambas pueden tener una longevidad de hasta 16 años y se adaptan a vivir perfectamente en altas densidades, hasta residir en un metro cuadrado 50 mil ejemplares de 120 milímetros de longitud.
Son seres en extremo curiosos, al  no tener pulmones y respirar a través de la piel, sobrevivir solo en tierra húmeda, ser hermafroditas al contar con los dos sexos, poseer hasta cinco corazones y poder  reemplazar o replicar segmentos perdidos de su cuerpo.

Agregan sitios digitales que una lombriz puede consumir un tercio de su propio peso en alimento cada día, en tiempos de sequía busca la humedad necesitada hasta casi dos metros de profundidad bajo tierra, carece de ojos, pero es sensitiva a la luz y algo llamativo, para  nativos  maoríes de Nueva Zelanda, las lombrices son consideradas delicadezas culinarias.
Estudios practicados en diferentes latitudes apuntan hacia su elevada capacidad reproductiva, pues la población puede duplicarse cada 45 a 60 días, a tal punto que un millón de lombrices al cabo de un año se convierten en 12 millones y en dos años en 144 millones, en tanto en esa etapa habrán transformado 240 mil toneladas (t) de residuos orgánicos en 150 mil t de humus.
Pero a pesar de los tantos beneficios que  reportan al hombre, aún muchos ignoran la gran importancia de la lombriz de tierra, a la que Aristóteles (384-322 a. C.) en su tiempo denominó “el intestino del suelo”.

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